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1.-
Saludo.-
El Señor Jesús, que hoy toca la puerta de nuestra celda para
perdonarnos, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hermanos:
Dicen que la suerte pasa una vez a nuestro lado y hay que
aprovecharla. El Evangelio que vamos a leer hoy recoge una escena
que se puede interpretar en este sentido. Un publicano, Zaqueo, no
quiere desaprovechar la ocasión de encontrarse con Jesús, que pasa
por la puerta de su casa. Y hasta se sube a un árbol para llamar más
la atención. Jesús se da cuenta de su interés y hace una parada en
su casa. Fue un encuentro salvador. Pensemos que quizás estas
celebraciones en la cárcel son para muchos de nosotros la
oportunidad y suerte de encontrarnos con Jesús.
3.-
Acto penitencial.-Como
Zaqueo acerquémonos a Jesús y pidámosle perdón por nuestras ofensas y
pecados.
- Tú, que
nos ayudas a superar nuestra pequeñez humana. Señor, ten piedad.
- Tú, que
cruzas las puertas de la cárcel y te presentas ante nosotros como
bueno y misericordioso. Cristo, ten piedad.
- Tú, que has venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.
Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios de misericordia que estás al lado de cada persona encarcelada;
concédenos la ayuda que necesitamos para cambiar el rumbo de nuestra
vida. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-Lc.
19, 1-10: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.
6.-
Reflexión.-
Muchas veces, el Señor llega
a nuestra vida por sorpresa. Eso le pasó a Zaqueo, el jefe de
publícanos que salió a la calle para ver pasar a Jesús y fue
sorprendido por su presencia. Su mirada y su palabra le llevaron a
entrar en el camino de la conversión, a la vez que cambiaron su
etiqueta de “pecador público sin remisión” por la de “hombre
salvado”.
Para comprender el evangelio
de hoy hay que tener en cuenta que todo Jericó odiaba a Zaqueo
porque se había enriquecido oprimiendo a los demás. Además, ¡no sólo
era publicano sino jefe de publícanos!. Pero la mirada de Jesús se
posó sobre él y vio lo que nadie veía: un corazón maduro para
aquella conversión que a Lucas le gusta tanto describir. Y entonces
todo se precipita: Jesús quiere alojarse en su casa y comer con él;
Zaqueo baja del árbol y lo recibe muy contento; y restituye y
comparte con gran generosidad. Jesús le dice: “Hoy ha llegado la
salvación a esta casa”.
Jesús era “amigo de
publícanos y pecadores” y comía con ellos. La gente lo criticaba
porque era una conducta contraria a las normas religiosas y sociales
de Israel. Comer con ellos significaba sacarlos de la marginación,
aceptarlos como hermanos, perdonarlos. La “comunión de mesa” que
Jesús tuvo con los pecadores significaba entrar en la “comunión de
vida”. Por eso la comunidad cristiana comparte la mesa de la vida y
la mesa de la eucaristía.
Tanto dentro como fuera de
la cárcel todos llevamos un Zaqueo en nuestro interior. Somos esa
persona que Dios busca sin descanso. Hoy, Jesús nos sale al
encuentro, nos llama por nuestro nombre y expresa su deseo de
alojarse en nuestra casa para llenarla de alegría y salvación. Es
importante subrayar como Zaqueo experimenta la bondad de Dios y, a
partir de ahí, surge la conversión. Preguntémonos: ¿Hasta qué punto
soy consciente de que la conversión es respuesta al don de Dios?.
¿Pido este don para mi fe?.
Finalmente reflexionemos en la respuesta de Jesús a Zaqueo: “Hoy ha
llegado la salvación a esta casa”. En medio de la dura y dolorosa
situación que vivimos en la cárcel ¿de que necesitas ser salvado?
¿Cómo puede esta salvación concreta que esperas ofrecer alegría a tu
vida y a tu entorno?.
7.-
Oración universal.-
Hoy desde la
cárcel oremos al Dios compasivo, al que sabemos que a todos ama.
Digámosle. ¡SEÑOR, VEN A SALVARNOS!
- Por la
Iglesia, para que viva la alegría de la salvación que nos trajo
Jesús y enseñe a todos que la misericordia está por encima del
juicio. Oremos.
- Por los
ricos y poderosos de este mundo. Para que no pongan sus ojos en
acumular bienes materiales, sino que los repartan con los pobres de
la tierra. Oremos.
- Por los que se sienten pecadores, débiles, necesitados…Para que
confíen en el amor de Dios que “cierra los ojos a los pecados de los
hombres para que se arrepientan”. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Porque es
Jesús quien realmente nos busca y se hace el encontradizo con
nosotros, debemos estarle profundamente agradecidos, pero también
pedirle que no se canse de buscarnos y que no pare hasta dar con
nosotros.
Para
ambientar la oración, podemos colocar este símbolo: trazamos con
papel continuo dos caminos. Dentro de uno colocamos carteles con
palabras como dinero, casas, poder…; en el otro, un icono de Jesús.
En el centro de ambos, esta frase bíblica: “Hoy tengo que alojarme
en tu casa”.
12.-
Oración final.-Señor,
quién iba a decirle a Zaqueo que su escasa estatura, de la que
seguramente se lamentaría, iba a ser la causa de su salvación…Que acepte
desde la cárcel mis limitaciones. Hoy, y todos los días, alójate en mi
casa, siéntate a mi mesa: que acoja tu salvación con la alegría y
generosidad de Zaqueo.
LOS PECADORES Y ALEJADOS ENTIENDEN MUY BIEN A DIOS
Señor
Jesús:
A través
de tu encuentro con Zaqueo
observamos
que los alejados y pecadores entienden a Dios
como el
generoso prestamista que no reclama la deuda
como el
pastor que busca la oveja descarriada,
como la
mujer que busca la moneda perdida,
como el
padre que sale corriendo al encuentro del hijo,
como el
Dios que escucha al publicano.
La vida se
convierte para ellos en gran banquete preparado para todos:
incluso
para los mendigos y lisiados de las calles
Estos
excluidos percibieron en Ti con gran alegría:
en vez de
condena, indulgencia;
en vez de
veredicto de culpabilidad, absolución misericordiosa;
en vez de
la malevolencia, amor y liberación gratuita.
Gracias,
Jesús, buen pastor de nuestras vidas.
Tú amor
inconcebible está llenando nuestro pobre corazón.
Gracias.
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