CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

TRIGÉSIMO PRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 4 de noviembre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- El Señor Jesús, que hoy toca la puerta de nuestra celda para perdonarnos, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: Dicen que la suerte pasa una vez a nuestro lado y hay que aprovecharla. El Evangelio que vamos a leer hoy recoge una escena que se puede interpretar en este sentido. Un publicano, Zaqueo, no quiere desaprovechar la ocasión de encontrarse con Jesús, que pasa por la puerta de su casa. Y hasta se sube a un árbol para llamar más la atención. Jesús se da cuenta de su interés y hace una parada en su casa. Fue un encuentro salvador. Pensemos que quizás estas celebraciones en la cárcel son para muchos de nosotros la oportunidad y suerte de encontrarnos con Jesús.

3.- Acto penitencial.-Como Zaqueo acerquémonos a Jesús y pidámosle perdón por nuestras ofensas y pecados.

- Tú, que nos ayudas a superar nuestra pequeñez humana. Señor, ten piedad.

 

- Tú, que cruzas las puertas de la cárcel y te presentas ante nosotros como bueno y misericordioso. Cristo, ten piedad.

 

- Tú, que has venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios de misericordia que estás al lado de cada persona encarcelada; concédenos la ayuda que necesitamos para cambiar el rumbo de nuestra vida. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.-Lc. 19, 1-10: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.

 

6.- Reflexión.-

Muchas veces, el Señor llega a nuestra vida por sorpresa. Eso le pasó a Zaqueo, el jefe de publícanos que salió a la calle para ver pasar a Jesús y fue sorprendido por su presencia. Su mirada y su palabra le llevaron a entrar en el camino de la conversión, a la vez que cambiaron su etiqueta de “pecador público sin remisión” por la de “hombre salvado”.

 

Para comprender el evangelio de hoy hay que tener en cuenta que todo Jericó odiaba a Zaqueo porque se había enriquecido oprimiendo a los demás. Además, ¡no sólo era publicano sino jefe de publícanos!. Pero la mirada de Jesús se posó sobre él y vio lo que nadie veía: un corazón maduro para aquella conversión que a Lucas le gusta tanto describir. Y entonces todo se precipita: Jesús quiere alojarse en su casa y comer con él; Zaqueo baja del árbol y lo recibe muy contento; y restituye y comparte con gran generosidad. Jesús le dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.

 

Jesús era “amigo de publícanos y pecadores” y comía con ellos. La gente lo criticaba porque era una conducta contraria a las normas religiosas y sociales de Israel. Comer con ellos significaba sacarlos de la marginación, aceptarlos como hermanos, perdonarlos. La “comunión de mesa” que Jesús tuvo con los pecadores significaba entrar en la “comunión de vida”. Por eso la comunidad cristiana comparte  la mesa de la vida y la mesa de la eucaristía.

 

Tanto dentro como fuera de la cárcel todos llevamos un Zaqueo en nuestro interior. Somos esa persona que Dios busca sin descanso. Hoy, Jesús nos sale al encuentro, nos llama por nuestro nombre y expresa su deseo de alojarse en nuestra casa para llenarla de alegría y salvación. Es importante subrayar como Zaqueo experimenta la bondad de Dios y, a partir de ahí, surge la conversión. Preguntémonos: ¿Hasta qué punto soy consciente de que la conversión es respuesta al don de Dios?. ¿Pido este don para mi fe?.

 

Finalmente reflexionemos en la respuesta de Jesús a Zaqueo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”. En medio de la dura y dolorosa situación que vivimos en la cárcel ¿de que necesitas ser salvado? ¿Cómo puede esta salvación concreta que esperas ofrecer alegría a tu vida y a tu entorno?.

7.- Oración universal.- Hoy desde la cárcel oremos al Dios compasivo, al que sabemos que a todos ama. Digámosle. ¡SEÑOR, VEN A SALVARNOS!

- Por la Iglesia, para que viva la alegría de la salvación que nos trajo Jesús y enseñe a todos que la misericordia está por encima del juicio. Oremos.

- Por los ricos y poderosos de este mundo. Para que no pongan sus ojos en acumular bienes materiales, sino que los repartan con los pobres de la tierra. Oremos.

- Por los que se sienten pecadores, débiles, necesitados…Para que confíen en el amor de Dios que “cierra los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan”. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Porque es Jesús quien realmente nos busca y se hace el encontradizo con nosotros, debemos estarle profundamente agradecidos, pero también pedirle que no se canse de buscarnos y que no pare hasta dar con nosotros.

 

Para ambientar la oración, podemos colocar este símbolo: trazamos con papel continuo dos caminos. Dentro de uno colocamos carteles con palabras como dinero, casas, poder…; en el otro, un icono de Jesús. En el centro de ambos, esta frase bíblica: “Hoy tengo que alojarme en tu casa”.

12.- Oración final.-Señor, quién iba a decirle a Zaqueo que su escasa estatura, de la que seguramente se lamentaría, iba a ser la causa de su salvación…Que acepte desde la cárcel  mis limitaciones. Hoy, y todos los días, alójate en mi casa, siéntate a mi mesa: que acoja tu salvación con la alegría y generosidad de Zaqueo.

 

LOS PECADORES Y ALEJADOS ENTIENDEN MUY BIEN A DIOS

Señor Jesús:

A través de tu encuentro con Zaqueo

observamos que los alejados y pecadores entienden a Dios

           como el generoso prestamista que no reclama la deuda

           como el pastor que busca la oveja descarriada,

           como la mujer que busca la moneda perdida,

           como el padre que sale corriendo al encuentro del hijo,

           como el Dios que escucha al publicano.

La vida se convierte para ellos en gran banquete preparado para todos:

           incluso para los mendigos y lisiados de las calles

Estos excluidos percibieron en Ti con gran alegría:

           en vez de condena, indulgencia;

           en vez de veredicto de culpabilidad, absolución misericordiosa;

           en vez de la malevolencia, amor y liberación gratuita.

Gracias, Jesús, buen pastor de nuestras vidas.

Tú amor inconcebible está llenando nuestro pobre corazón.

Gracias.

 

 

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