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1.-
Saludo.-
El Señor que una semana más cruza los barrotes de la prisión esté con
todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hoy desde la cárcel tenemos muchos motivos para dar gracias a Dios. Él
nos conoce muy bien y sabe de nuestros errores y delitos. Dios está
siempre a nuestro lado, él nos ha dado la fe y nos acompaña en nuestro
camino. Tanto si tenemos una vida tranquila como si tenemos problemas,
tanto si vemos claro lo que tenemos que hacer como si andamos confusos.
Ni el dolor, ni el sufrimiento ni la misma cárcel nos va apartar del
amor de Dios que nunca nos abandona. Que la participación en esta
celebración nos lleve a valorar los caminos por los que Dios nos
comunica su ternura y su amor.
3.-
Acto penitencial.-El
perdón de Dios no conoce fronteras, ni obstáculos. Reconozcamos nuestros
pecados.
-
Porque no reconocemos nuestra vida como obra de tus manos.
Señor, ten piedad.
-
Porque encadenamos tu Palabra, acomodándola a nuestros
intereses. Cristo, ten piedad.
- Porque nos cuesta ser agradecidos contigo. Señor, ten
piedad.
4.-
Oración.-
Dios Padre bueno, que nos orientas con tu sabiduría y nos penetras con
tu Palabra viva y eficaz; no dejes de acompañarnos aquí en la prisión
para que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por Cristo nuestro
Señor. Amen.
5.-
Evangelio.-
Lc. 17,11-19:
“Uno de
ellos, samaritano él, se volvió alabando a Dios”
6.-
Reflexión.-
Hoy el evangelio nos invita
a identificarnos con un modelo de fe que ve a Dios en la
misericordia de su Hijo, que agradece la compasión que Jesús tiene
con quien le suplica y que salva a quien compromete su vida entera
en el seguimiento.
Recordemos que los milagros
son señales de la salvación de Dios, manifestaciones de que su Reino
está presente influyendo en la historia humana. Todo milagro
encierra algún mensaje, tiene alguna finalidad. Que Jesús es Vida,
Verdad, Luz, Redención…, queda más evidente cuando se comprenden los
milagros. Si en ellos no se capta la presencia de Dios que salva por
completo, es que no ha habido verdadero encuentro religioso y de fe.
Esto es lo que refleja el
texto evangélico. Los leprosos gritan: “Jesús, maestro, ten
compasión de nosotros”, porque buscan la salud física, pero también
la integración en la sociedad judía de la que han sido apartados por
tan terrible enfermedad. Jesús los envía a los sacerdotes, según las
normas de la época, para que comprueben la curación y los incorporen
a la vida del pueblo. Pero el texto resalta que sólo uno volvió a
dar gracias y éste era un samaritano, uno marginal y despreciable
para los judíos, inferior y medio pagano. Fue el único que abrió el
corazón a Jesús, y agradecido, le manifestó que no sólo le había
tocado la piel sino también el corazón. Jesús le dijo: “Tu fe te ha
salvado”.
Finalmente recordemos hoy desde la prisión cuando andamos
quejándonos de todo, aquel refrán que dice: “Es de bien nacidos ser
agradecidos”. La gratitud no es sólo una virtud humana; es también
un valor bíblico muy destacado. Por eso, conviene que nos
preguntemos: ¿Dios es para nosotros una fuente de salud total o un
recurso fácil del que echamos mano cuando nos interesa? En realidad,
¿para qué queremos a Dios?.
7.-
Oración universal.-
En Dios ponemos nuestra esperanza, a Él encomendamos nuestros proyectos
y necesidades. Diremos: Ayúdanos a darte gracias, Señor.
- Por la
Iglesia para que seamos agradecidos con ella y trabajemos por su
crecimiento. Oremos.
- Para que
no despreciemos a ninguna persona por su color, raza, creencia,
cultura o religión y, hagamos de nuestro mundo, la casa común de
todos. Oremos.
- Para que hoy valoremos en la prisión a todas las personas y
pongamos nuestras capacidades y recursos al servicio de los
hermanos. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
“Volvió alabando a Dios en
alta voz y se postró a los pies de Jesús dándole gracias”. La fe de
aquel samaritano tiene su expresión en la alabanza y en la acción de
gracias. Como él, sabedores de la gran misericordia que Dios tiene
con nosotros, proclamamos su grandeza y elevamos nuestra oración
agradecida.
Podemos anotar en un pedazo
de papel el nombre de algunas personas a las que deberíamos darles
las gracias, con el compromiso de hacerlo efectivo en los próximos
días.
12.-
Oración final.-
Señor, tu corazón estaba dolido cuando sólo uno de los diez leprosos
curados acudió a darte las gracias. El mejor modo de agradecerte los
dones que me has regalado es ponerlos al servicio de los demás y ser
fiel a la confianza que has depositado en mí.
EL CRISTO DE LOS MARGINADOS
Señor
Jesús:
Hoy asistimos, en el
evangelio, a una salvación colectiva.
Diez leprosos, marginados
sociales, encuentran tu compasión amorosa.
Les invitas a reintegrarse
en la sociedad, y sólo uno, siente tu amor gratuito.
Sólo uno ha percibido el
reino de Dios: “los leprosos quedan limpios”.
Tus milagros, siempre a
favor de la vida plena, buscan la fe en el amor del Padre.
Quienes descubren ese amor
gratuito, vuelven agradecidos,
se incorporan al grupo de
creyentes,
les envías a ser testigos de
ese amor: “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
Tu fe es fiarnos del amor
incondicional del Padre:
Amor que pone el bien del
ser humano por encima de todo.
Esta fe cree que la voluntad
y “gloria de Dios es que el hombre viva”…
Tu fe es contraria a esa
falsa religiosidad que prioriza el culto sobre el bien del hombre.
Para evitar que, con la
excusa del amor a Dios, se olvide uno del amor al hombre,
Cuando te preguntan por cuál
es el primer mandamiento, respondes:
“amarás a Dios sobre todas
las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
Esto explica, Cristo de los
marginados, la prioridad de tu buena noticia:
“El Espíritu me ha enviado a
anunciar a los pobres la Buena Noticia”.
Estar al lado de los pobres,
tener hambre y sed de justicia,
será siempre un distintivo
nuestro, aunque seamos perseguidos.
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