CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

VIGÉSIMO OCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 14 de octubre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- El Señor que una semana más cruza los barrotes de la prisión esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hoy desde la cárcel tenemos muchos motivos para dar gracias a Dios. Él nos conoce muy bien y sabe de nuestros errores y delitos. Dios está siempre a nuestro lado, él nos ha dado la fe y nos acompaña en nuestro camino. Tanto si tenemos una vida tranquila como si tenemos problemas, tanto si vemos claro lo que tenemos que hacer como si andamos confusos. Ni el dolor, ni el sufrimiento ni la misma cárcel nos va  apartar del amor de Dios que nunca nos abandona. Que la participación en esta celebración nos lleve a valorar los caminos por los que Dios nos comunica su ternura y su amor.

3.- Acto penitencial.-El perdón de Dios no conoce fronteras, ni obstáculos. Reconozcamos nuestros pecados.

- Porque no reconocemos nuestra vida como obra de tus manos. Señor, ten piedad.

 

- Porque encadenamos tu Palabra, acomodándola a nuestros intereses. Cristo, ten piedad.

 

- Porque nos cuesta ser agradecidos contigo. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios Padre bueno, que nos orientas con tu sabiduría y nos penetras con tu Palabra viva y eficaz; no dejes de acompañarnos aquí en la prisión para que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por Cristo nuestro Señor. Amen.

 

5.- Evangelio.- Lc. 17,11-19: “Uno de ellos, samaritano él, se volvió alabando a Dios”

 

6.- Reflexión.-

Hoy el evangelio nos invita a identificarnos con  un modelo de fe que ve a Dios en la misericordia de su Hijo, que agradece la compasión que Jesús tiene con quien le suplica y que salva a quien compromete su vida entera en el seguimiento.

 

Recordemos que los milagros son señales de la salvación de Dios, manifestaciones de que su Reino está presente influyendo en la historia humana. Todo milagro encierra algún mensaje, tiene alguna finalidad. Que Jesús es Vida, Verdad, Luz, Redención…, queda más evidente cuando se comprenden los milagros. Si en ellos no se capta la presencia de Dios que salva por completo, es que no ha habido verdadero encuentro religioso y de fe.

 

Esto es lo que refleja el texto evangélico. Los leprosos gritan: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”, porque buscan la salud física, pero también la integración en la sociedad judía de la que han sido apartados por tan terrible enfermedad. Jesús los envía a los sacerdotes, según las normas de la época, para que comprueben la curación y los incorporen a la vida del pueblo. Pero el texto resalta que sólo uno volvió a dar gracias y éste era un samaritano, uno marginal y despreciable para los judíos, inferior y medio pagano. Fue el único que abrió el corazón a Jesús, y agradecido, le manifestó que no sólo le había tocado la piel sino también el corazón. Jesús le dijo: “Tu fe te ha salvado”.

 

Finalmente recordemos hoy desde la prisión cuando andamos quejándonos de todo, aquel refrán que dice: “Es de bien nacidos ser agradecidos”. La gratitud no es sólo una virtud humana; es también un valor bíblico muy destacado. Por eso, conviene que nos preguntemos: ¿Dios es para nosotros una fuente de salud total o un recurso fácil del que echamos mano cuando nos interesa? En realidad, ¿para qué queremos a Dios?.

7.- Oración universal.- En Dios ponemos nuestra esperanza, a Él encomendamos nuestros proyectos y necesidades. Diremos: Ayúdanos a darte gracias, Señor.

- Por la Iglesia para que seamos agradecidos con ella y trabajemos por su crecimiento. Oremos.

 

- Para que no despreciemos a ninguna persona por su color, raza, creencia, cultura o religión y, hagamos de nuestro mundo, la casa común de todos. Oremos.

 

- Para que hoy valoremos en la prisión a todas las personas y pongamos nuestras capacidades y recursos al servicio de los hermanos. Oremos.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

“Volvió alabando a Dios en alta voz y se postró a los pies de Jesús dándole gracias”. La fe de aquel samaritano tiene su expresión en la alabanza y en la acción de gracias. Como él, sabedores de la gran misericordia que Dios tiene con nosotros, proclamamos su grandeza y elevamos nuestra oración agradecida.

 

Podemos anotar en un pedazo de papel el nombre de algunas personas a las que deberíamos darles las gracias, con el compromiso de hacerlo efectivo en los próximos días.

12.- Oración final.- Señor, tu corazón estaba dolido cuando sólo uno de los diez leprosos curados acudió a darte las gracias. El mejor modo de agradecerte los dones que me has regalado es ponerlos al servicio de los demás y ser fiel a la confianza que has depositado en mí.

EL CRISTO DE LOS MARGINADOS

 Señor Jesús:

Hoy asistimos, en el evangelio, a una salvación colectiva.

Diez leprosos, marginados sociales, encuentran tu compasión amorosa.

Les invitas a reintegrarse en la sociedad, y sólo uno, siente tu amor gratuito.

Sólo uno ha percibido el reino de Dios: “los leprosos quedan limpios”.

Tus milagros, siempre a favor de la vida plena, buscan la fe en el amor del Padre.

Quienes descubren ese amor gratuito, vuelven agradecidos,

se incorporan al grupo de creyentes,

les envías a ser testigos de ese amor: “Levántate, vete, tu fe te ha salvado”.

Tu fe es fiarnos del amor incondicional del Padre:

Amor que pone el bien del ser humano por encima de todo.

Esta fe cree que la voluntad y “gloria de Dios es que el hombre viva”…

Tu fe es contraria a esa falsa  religiosidad que prioriza el culto sobre el bien del hombre.

Para evitar que, con la excusa del amor a Dios, se olvide uno del amor al hombre,

Cuando te preguntan por cuál es el primer mandamiento, respondes:

“amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.

Esto explica, Cristo de los marginados, la prioridad de tu buena noticia:

“El Espíritu me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Noticia”.

Estar al lado de los pobres, tener hambre y sed de justicia,

será siempre un distintivo nuestro, aunque seamos perseguidos.

 

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