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1.-
Saludo.-
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el
Señor, estén con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hermanos: Hoy se celebra en la
Iglesia el Domund, el domingo en el que toda la Iglesia recuerda de
forma especial a los misioneros, esos hombres y mujeres que han
entregado su vida para la evangelización, y también para la promoción
humana, de los pueblos lejanos, de los países de misión. Desde la cárcel
sintámonos cada uno de nosotros “misioneros”, anunciadores del
Evangelio. Tengamos presente en esta celebración a todos los misioneros
que están dando su vida por Cristo y por los pobres.
3.-
Acto penitencial.-Reconozcamos
que a menudo olvidamos que todos hemos sido enviados a proclamar el
evangelio. Reconozcamos hoy desde la prisión que somos muy cómodos y
nos da miedo mostrar nuestra fe. Pidamos perdón en un momento de
silencio.
- Tú, que has venido a
buscar al que estaba perdido. Señor, ten piedad.
- Porque hemos hecho daño.
Cristo, ten piedad.
- Porque eres una fuente inagotable de perdón. Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios Padre bondadoso que nos amas, mira a esta comunidad de hombres y
mujeres encarceladas; deseosos de lograr un día la libertad, te pedimos
la fuerza para ser hoy testigos tuyos aquí en la prisión. Por Cristo,
nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
Lc. 18, 1-18: “Clamar a Dios día y noche”.
6.-
Reflexión.-
Jesús continúa instruyendo a
sus discípulos. Lo hace en esta ocasión mediante la parábola del
juez injusto. A través de esta parábola el evangelista San Lucas
invita a la comunidad cristiana a sostener su fe mediante la oración
constante y la esperanza en la realización de la justicia: Dios no
olvida a sus elegidos.
Con la parábola de la viuda
y el juez Jesús vuelve a insistir en la necesidad de orar sin
desanimarse y, también, en la bondad y justicia de Dios, que escucha
el grito de los oprimidos.
La viuda, personificación y
figura del estamento más desamparado de la sociedad, simboliza la
situación límite del pueblo que exige justicia a sus dirigentes, a
pesar de que éstos se la hayan negado sistemáticamente. El juez
injusto que se ríe de la justicia, representa a los dirigentes. La
insistencia de la viuda vence la resistencia del juez “funcionario”
injusto y perezoso. Jesús se sirve de esta parábola para invitar a
los discípulos a afrontar la situación presente y a perseverar en la
fe.
La breve parábola de este
domingo escoge un caso llamativo para mostrar la eficacia de la
oración e “inculcarles que era preciso orar siempre sin
desfallecer”. Dios está atento a nuestra necesidad y escucha nuestro
grito. La oración debe unir siempre la fe y la justicia. Él hace
justicia “sin tardar”, pero no en forma mágica, pues así como la
injusticia es causada por nosotros, también el bien y la justicia
necesitan de nuestra actividad y compromiso, de nuestra oración.
En la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) este pasaje cobra
mayor actualidad. El juez injusto representa a una sociedad
instalada en la injusticia, con un orden mundial que margina y
empobrece a las mayorías. La viuda representa a esas víctimas cada
vez más numerosas de la injusticia. Anunciar al Dios justo y
liberador supone la solidaridad con los pobres y explotados del
mundo. Pero hay que actuar también con la oración, pues sólo Dios es
justo y la justicia es también un don. Debemos pedir que hoy venga
el reino de Dios.
7.-
Oración universal.-
Presentemos
ahora nuestras oraciones, hoy especialmente por la acción misionera de
la Iglesia. Oremos diciendo: Escúchanos, Padre.
- Por la
Iglesia, por todos los cristianos. Que todos sintamos el anhelo de
anunciar la buena noticia del evangelio a todo el mundo. Oremos.
- Por los
misioneros y misioneras. Que continúen realizando su labor
evangelizadora con alegría y esperanza. Oremos.
- Por los países que viven sumergidos en la pobreza, la violencia,
la injusticia. Que el evangelio sea buena noticia transformadora de
esas realidades. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
El
evangelio de Lucas es una pequeña escuela de oración en la que con
frecuencia nos encontramos a Jesús orando y enseñando a orar. Hoy,
el Maestro nos habla, como a discípulos suyos, de la necesidad de
orar siempre, sin desanimarnos. Aunque a veces sintamos que no somos
escuchados, su promesa sostiene nuestra oración: Dios hará justicia
a sus elegidos que claman a Él constantemente.
Podemos
colocar en el centro una cruz. A sus pies dejaremos unos papeles en
los que cada miembro ha anotado la situación por la que se
compromete a rezar; de manera insistente, a lo largo de toda la
semana.
12.-
Oración final.-
Señor, en los duros momentos que atravesamos en la cárcel, tú nos animas
a orar siempre, sin desanimarnos. Sabemos que la oración es compatible
con toda actividad. Ayúdanos para ser fuertes en la fe.
¡TU,
JESÚS, JUSTO!
Señor
Jesús:
Para
nosotros justicia es dar a cada cual lo que se merece.
Para Ti
justicia es bondad gratuita, misericordia, fidelidad al amor.
Tu
justicia brota del amor gratuito, manifestado en tu vida, Jesús
justo.
Tú, Jesús
justo, has sido el primero, y por Ti todos tenemos acceso a esta
gracia.
Ayúdanos a
creer en el Dios que te resucitó de entre los muertos.
Esta es la
fe que mueve montañas.
Esta fe
nos justifica, nos hace justos, santos, como el Padre del cielo.
Esta fe
nos lleva a curar el egoísmo en sus múltiples formas,
no con la
condenación ni con el juicio,
sino con
el perdón, con el amor, con la acogida,
restituyendo la dignidad y al esperanza,
ayudando a
existir, a tener vida, a ser persona.
Esta e la
fe que expresamos en la oración:
Ven,
Espíritu Santo,
llena
nuestro corazón,
enciende en él el fuego de tu amor.
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