CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

VIGÉSIMO NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 21 de octubre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: Hoy se celebra en la Iglesia el Domund, el domingo en el que toda la Iglesia recuerda de forma especial a los misioneros, esos hombres y mujeres que han entregado su vida para la evangelización, y también para la promoción humana, de los pueblos lejanos, de los países de misión. Desde la cárcel sintámonos cada uno de nosotros “misioneros”, anunciadores del Evangelio. Tengamos presente en esta celebración a todos los misioneros que están dando su vida por Cristo y por los pobres.

3.- Acto penitencial.-Reconozcamos que a menudo olvidamos que todos hemos sido enviados a proclamar el evangelio. Reconozcamos hoy desde la prisión que  somos muy cómodos y nos da miedo mostrar nuestra fe. Pidamos perdón  en un momento de silencio.

- Tú, que has venido a buscar al que estaba perdido. Señor, ten piedad.

 

- Porque hemos hecho daño. Cristo, ten piedad.

 

- Porque eres una fuente inagotable de perdón. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios Padre bondadoso que  nos amas, mira a esta comunidad de hombres y mujeres encarceladas; deseosos de lograr un día la libertad, te pedimos la fuerza para ser hoy testigos tuyos aquí en la prisión. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- Lc. 18, 1-18:  “Clamar a Dios día y noche”.

 

6.- Reflexión.-

Jesús continúa instruyendo a sus discípulos. Lo hace en esta ocasión mediante la parábola del juez injusto. A través de esta parábola el evangelista San Lucas invita a la comunidad cristiana a sostener su fe mediante la oración constante y la esperanza en la realización de la justicia: Dios no olvida a sus elegidos.

 

Con la parábola de la viuda y el juez Jesús vuelve a insistir en la necesidad de orar sin desanimarse y, también, en la bondad y justicia de Dios, que escucha el grito de los oprimidos.

 

La viuda, personificación y figura del estamento más desamparado de la sociedad, simboliza la situación límite del pueblo que exige justicia a sus dirigentes, a pesar de que éstos se la hayan negado sistemáticamente. El juez injusto que se ríe de la justicia, representa a los dirigentes. La insistencia de la viuda vence la resistencia del juez “funcionario” injusto y perezoso. Jesús se sirve de esta parábola para invitar a los discípulos a afrontar la situación presente y a perseverar en la fe.

 

La breve parábola de este domingo escoge un caso llamativo para mostrar la eficacia de la oración e “inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer”. Dios está atento a nuestra necesidad y escucha nuestro grito. La oración debe unir siempre la fe y la justicia. Él hace justicia “sin tardar”, pero no en forma mágica, pues así como la injusticia es causada por nosotros, también el bien y la justicia necesitan de nuestra actividad y compromiso, de nuestra oración.

 

En la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) este pasaje cobra mayor actualidad. El juez injusto representa a una sociedad instalada en la injusticia, con un orden mundial que margina y empobrece a las mayorías. La viuda representa a esas víctimas cada vez más numerosas de la injusticia. Anunciar al Dios justo y liberador supone la solidaridad con los pobres y explotados del mundo. Pero hay que actuar también con la oración, pues sólo Dios es justo y la justicia es también un don. Debemos pedir que hoy venga el reino de Dios.

7.- Oración universal.- Presentemos ahora nuestras oraciones, hoy especialmente por la acción misionera de la Iglesia. Oremos diciendo: Escúchanos, Padre.

- Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que todos sintamos el anhelo de anunciar la buena noticia del evangelio a todo el mundo. Oremos.

- Por los misioneros y misioneras. Que continúen realizando su labor evangelizadora con alegría y esperanza. Oremos.

- Por los países que viven sumergidos en la pobreza, la violencia, la injusticia. Que el evangelio sea buena noticia transformadora de esas realidades. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

El evangelio de Lucas es una pequeña escuela de oración en la que con frecuencia nos encontramos a Jesús orando y enseñando a orar. Hoy, el Maestro nos habla, como a discípulos suyos, de la necesidad de orar siempre, sin desanimarnos. Aunque a veces sintamos que no somos escuchados, su promesa sostiene nuestra oración: Dios hará justicia a sus elegidos que claman a Él constantemente.

 

Podemos colocar en el centro una cruz. A sus pies dejaremos unos papeles en los que cada miembro  ha anotado la situación por la que se compromete a rezar; de manera insistente, a lo largo de toda la semana.

12.- Oración final.- Señor, en los duros momentos que atravesamos en la cárcel, tú nos animas a orar siempre, sin desanimarnos. Sabemos que la oración es compatible con toda actividad. Ayúdanos para ser fuertes en la fe.

¡TU, JESÚS, JUSTO!

Señor Jesús:

Para nosotros justicia es dar a cada cual lo que se merece.

Para Ti justicia es bondad gratuita, misericordia, fidelidad al amor.

Tu justicia brota del amor gratuito, manifestado en tu vida, Jesús justo.

Tú, Jesús justo, has sido el primero, y por Ti todos tenemos acceso a esta gracia.

Ayúdanos a creer en el Dios que te resucitó de entre los muertos.

Esta es la fe que mueve montañas.

Esta fe nos justifica, nos hace justos, santos, como el Padre del cielo.

Esta fe nos lleva a curar el egoísmo en sus múltiples formas,

no con la condenación ni con el juicio,

sino con el perdón, con el amor, con la acogida,

restituyendo la dignidad y al esperanza,

ayudando a existir, a tener vida, a ser persona.

Esta e la fe que expresamos en la oración:

Ven, Espíritu Santo,

llena nuestro corazón,

enciende en él el fuego de tu amor.

 

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