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1.-
Saludo.-
Hermanos: Dios Padre nos invita a tratar de amistad con él de forma
sincera. Que su amor que rompe las cadenas esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Los que hoy nos toca vivir esta dura pagina de la cárcel somos
conscientes de que no somos mejores ni peores que los demás. Somos
humanos y tenemos derecho a pasar rápido esta página. Queremos que la
sociedad nos acepte con nuestras debilidades y fortalezas. Muchos de
nosotros hemos descubierto aquí en la prisión el amor que Dios nos da. Y
eso nos convierte en hombres necesitados de fe, perdón y afecto. Desde
la cárcel queremos ofrecer esta celebración por esos 498 mártires
españoles que fueron martirizados en la guerra civil española por causa
de su fe en Cristo.
3.-
Acto penitencial.-
Los golpes de la vida nos han llevado a colocar entre Dios y nosotros un
muro hecho de mentiras, intereses y orgullo. Hoy acudimos a Dios
confiando en Él y pidiendo perdón por nuestras ofensas y pecados.
-
Tú, que eres fiel hasta dar tu vida por nosotros. Señor, ten
piedad.
-
Tú que no nos dejas solos en la cárcel y buscas nuestro bien.
Cristo, ten piedad.
-
Confiados porque conoces nuestra debilidad, a ti acudimos.
Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Dios Padre bondadoso que amas y oras nuestra vida, mira a esta comunidad
reunida hoy en la cárcel; deseosos de ser tus testigos, te pedimos que
nos ayudes a vivir con fidelidad y a servirte con sincero corazón. Por
Cristo nuestro Señor. Amén.
5.-
Evangelio.-
Lc. 18, 9-14: “Ten compasión de mí”
6.-
Reflexión.-
Jesús continúa su enseñanza en torno a la oración. Si en el
evangelio que leíamos el domingo pasado insistía en la necesidad de
orar siempre sin desanimarse, en el de hoy, mediante otra parábola,
propone la actitud con la que el creyente debe dirigirse a Dios.
Dicha parábola nos habla no sólo de los fariseos como personajes
históricos de aquel tiempo, sino del fariseísmo como tentación
permanente del cristiano. Todos llevamos un fariseo dentro. El
fariseísmo consiste en sentirse justificado y puro, distinto a los
demás, a partir del cumplimiento formal de prácticas y
prescripciones religiosas. Lo evangelios presentan al fariseo como
aquel que habla de una forma y actúa de otra; es un hipócrita
La actitud cristiana más genuina no es, por supuesto, de soberbia y
desprecio sino de humildad y servicio, propia de quien experimenta
el perdón y el amor de Dios como pura gracia. No es el camino del
fariseo de la parábola que se aleja enseguida de Dios para centrarse
en su enorme YO. Es la actitud del publicano que lúcidamente se
centra en el TÚ de Dios inmenso y lleno de amor y misericordia.
La oración del publicano brota de su condición de pecador
arrepentido; la del fariseo, del orgullo por las obras buenas que
realiza. La oración del publicano es escuchada; la del fariseo, no.
Los discípulos de Jesús, los cristianos de todos los tiempos, son
invitados a orar como aquel publicano, reconociendo humildemente su
propia condición de pecadores y abriéndose desde la fe a la acción
misericordiosa de Dios.
La oración del publicano, su forma de entrar en la verdad de su vida
reconociéndose pecador, su regreso a casa como una persona nueva….,
son propuestos por el evangelista como modelo para los primeros
cristianos en su personal relación con Dios. Acogemos esta palabra
dirigida a nosotros y meditamos desde su enseñanza sobre nuestra
oración y estilo de vida.
7.-
Oración universal.-
Oremos con confianza a Dios Padre, siempre dispuesto a acoger nuestros
deseos y anhelos de libertad.
-
Por todos cuantos formamos la Iglesia: que Dios nos ayude a vivir
con coraje una fe profunda y plena. Oremos.
-
Por los mártires españoles que en el día de hoy van a ser
beatificados por causa de su fe en Cristo. Oremos.
-
Por los hombres y mujeres pobres, por los que hoy sufrimos la
prisión y por todos los excluidos de la sociedad. Para que recibamos
de la comunidad cristiana un trato justo, lleno de respeto y amor.
Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
“Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador”.
Nos inspiramos en las palabras del publicano para hacer nuestra oración.
Como
él, le pedimos a Dios que mire nuestras debilidades y se compadezca de
nosotros. En su misericordia somos reconciliados como hijos queridos
suyos.
Podríamos intentar
que
cada miembro del grupo adoptase la postura exterior que
exprese para él su actitud interior en este momento de oración.
12.-
Oración final.-
Señor, a ti no puedo engañarte. Tú bien me conoces y sabes de mis
fortalezas y debilidades. Tú bien sabes lo que me ha traído a la cárcel.
¡Ten compasión de este pecador!
ORACIÓN POR LOS FRUTOS DE LA BEATIFICACIÓN DE LOS MÁRTIRES ESPAÑOLES
OH Dios, que enviaste a tu Hijos,
para que muriendo y resucitando
nos diese su Espíritu de amor.
Nuestros hermanos,
mártires del siglo XX en España,
mantuvieron su adhesión a Jesucristo
de manera tan radical y plena
que le permitiste derramar su sangre por Él.
Danos la gracia y la alegría de la conversión
para asumir las exigencias de la fe;
ayúdanos pro su intercesión,
y por la de María, Reina de los mártires,
a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y
a promover una viva comunión
entre los miembros de tu Iglesia en España;
enseñanos
a comprometernos, con nuestros pastores,
en la nueva evangelización
haciendo de nuestras vidas
testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.
Te lo pedimos por Jesucristo,
el Testigo fiel y veraz,
que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
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