CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 28 de octubre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- Hermanos: Dios Padre nos invita a tratar de amistad con él de forma sincera. Que su amor que rompe las cadenas esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Los que hoy nos toca vivir esta dura pagina de la cárcel somos conscientes de que no somos mejores ni peores que los demás. Somos humanos y tenemos derecho a pasar rápido esta página. Queremos que la sociedad nos acepte con nuestras debilidades y fortalezas. Muchos de nosotros hemos descubierto aquí en la prisión el amor que Dios nos da. Y eso nos convierte en hombres necesitados de fe, perdón y afecto. Desde  la cárcel queremos ofrecer esta celebración por esos 498 mártires españoles que fueron martirizados en la guerra civil española por causa de su fe en Cristo.

3.- Acto penitencial.- Los golpes de la vida nos han llevado a colocar entre Dios y nosotros un muro hecho de mentiras, intereses y orgullo. Hoy acudimos a Dios confiando en Él y pidiendo perdón por nuestras ofensas y pecados.

- Tú, que eres fiel hasta dar tu vida por nosotros. Señor, ten piedad.

- Tú que no nos dejas solos  en la cárcel y buscas nuestro bien. Cristo, ten piedad.

- Confiados porque conoces nuestra debilidad, a ti acudimos. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Dios Padre bondadoso que amas y oras nuestra vida, mira a esta comunidad reunida hoy en la cárcel; deseosos de ser tus testigos, te pedimos que nos ayudes a vivir con fidelidad y a servirte con sincero corazón. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- Lc. 18, 9-14: “Ten compasión de mí”

 

6.- Reflexión.-

Jesús continúa su enseñanza en torno a la oración. Si en el evangelio que leíamos el domingo pasado insistía en la necesidad de orar siempre sin desanimarse, en el de hoy, mediante otra parábola, propone la actitud con la que el creyente debe dirigirse a Dios. Dicha parábola nos habla no sólo de los fariseos como personajes históricos de aquel tiempo, sino del fariseísmo como tentación permanente del cristiano. Todos llevamos un fariseo dentro. El fariseísmo consiste en sentirse justificado y puro, distinto a los demás, a partir del cumplimiento formal de prácticas y prescripciones religiosas. Lo evangelios presentan al fariseo como aquel que habla de una forma y actúa de otra; es un hipócrita

 

La actitud cristiana más genuina no es, por supuesto, de soberbia y desprecio sino de humildad y servicio, propia de quien experimenta el perdón y el amor de Dios como pura gracia. No es el camino del fariseo de la parábola que se aleja enseguida de Dios para centrarse en su enorme YO. Es la actitud del publicano que lúcidamente se centra en el TÚ de Dios inmenso y lleno de amor y misericordia.

 

La oración del publicano brota de su condición de pecador arrepentido; la del fariseo, del orgullo por las obras buenas que realiza. La oración del publicano es escuchada; la del fariseo, no. Los discípulos de Jesús, los cristianos de todos los tiempos, son invitados a orar como aquel publicano, reconociendo humildemente su propia condición de pecadores y abriéndose desde la fe a la acción misericordiosa de Dios.

 

La oración del publicano, su forma de entrar en la verdad de su vida reconociéndose pecador, su regreso a casa como una persona nueva…., son propuestos por el evangelista como modelo para los primeros cristianos en su personal relación con Dios. Acogemos esta palabra dirigida a nosotros y meditamos desde su enseñanza sobre nuestra oración y estilo de vida.

7.- Oración universal.- Oremos con confianza a Dios Padre, siempre dispuesto a acoger nuestros deseos y anhelos de libertad.

 

- Por todos cuantos formamos la Iglesia: que Dios nos ayude a vivir con coraje una fe profunda y plena. Oremos.

 

- Por los mártires españoles que en el día de hoy van a ser beatificados por causa de su fe en Cristo. Oremos.

 

- Por los hombres y mujeres pobres, por los que hoy sufrimos la prisión y por todos los excluidos de la sociedad. Para que recibamos de la comunidad cristiana un trato justo, lleno de respeto y amor. Oremos.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.- “Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador”.

 

Nos inspiramos en las palabras del publicano para hacer nuestra oración. Como él, le pedimos a Dios que mire nuestras debilidades y se compadezca de nosotros. En su misericordia somos reconciliados como hijos queridos suyos.

 

Podríamos intentar que cada miembro del grupo adoptase la postura exterior que exprese para él su actitud interior en este momento de oración.

 

12.- Oración final.- Señor, a ti no puedo engañarte. Tú bien me conoces y sabes de mis fortalezas y debilidades. Tú bien sabes lo que me ha traído a la cárcel. ¡Ten compasión de este pecador!

ORACIÓN POR LOS FRUTOS DE LA BEATIFICACIÓN DE LOS MÁRTIRES ESPAÑOLES

OH Dios, que enviaste a tu Hijos,

para que muriendo y resucitando

nos diese su Espíritu de amor.

Nuestros hermanos,

mártires del siglo XX en España,

mantuvieron su adhesión a Jesucristo

de manera tan radical y plena

que le permitiste derramar su sangre por Él.

Danos la gracia y la alegría de la conversión

para asumir las exigencias de la fe;

ayúdanos pro su intercesión,

y por la de María, Reina de los mártires,

a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y

a promover una viva comunión

entre los miembros de tu Iglesia en España;

enseñanos a comprometernos, con nuestros pastores,

en la nueva evangelización

haciendo de nuestras vidas

testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.

Te lo pedimos por Jesucristo,

el Testigo fiel y veraz,

que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

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