CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

VIGÉSIMO SÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 7 de octubre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- Que la fidelidad y clamor de Dios Padre, y la entrega generosa que hace Jesús de su propia vida esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: La cárcel nos muestra el barro del que estamos hechos. Aquí nos damos cuenta de nuestros errores y delitos que hemos cometido. Como cristianos no olvidamos a Dios en la prisión. Estamos aquí reunidos porque Él significa mucho para nosotros. Nos da la fe y las fuerzas que necesitamos para perseverar y no perder la esperanza. La fe que recibimos de nuestros padres y abuelos hemos de vivirla y compartirla con los demás. Que ni el dolor, ni el sufrimiento ni la misma cárcel nos aleje de Dios.

3.- Acto penitencial.- Animados porque el amor de Dios no tiene fin, le pedimos perdón por nuestros pecados.

- Tú, que das sentido a la vida del hombre. Señor, ten piedad.

- Por nuestras cobardías e infidelidades. Cristo, ten piedad.

- Tú, que nos animas a fiarnos totalmente de Dios Padre Nuestro. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Padre nuestro, tú que nos ama a pesar de nuestros errores y pecados, acércate a todos los que en la cárcel queremos cambiar de vida. Derrama sobre nosotros tu amor y misericordia para gozar esa anhelada libertad que hoy clamamos desde la prisión.

 

5.- Evangelio.-

 

6.- Reflexión.-

Lucas presenta hoy en su evangelio la fe en Dios y el servicio a los hermanos como las dos caras del discipulado. El amor y la atención generosa a los demás son posibles desde una fe profunda en el Dios que es amor.

 

Pareciera que los fariseos y los hombres religiosos de Israel tenían una mentalidad mercantil frente a Dios tomándolo como un súper-amo. “Sin te sirvo bien, ¿cuánto me pagarás?”. Esta idea de salario, de mérito, de cálculo la rechaza Jesús de plano. Parece quiere aceptar lo que le piden los discípulos: “Auméntanos la fe”. La fe es gratuita, es un don. Como un granito de mostaza. Y crece cultivándola. Aprendemos a creer creyendo. La fe no aumenta sin ponerla en práctica. Dicho de otra manera, no hay un camino de fe sino el camino del discipulado. La fe aumenta siguiendo a Jesús y su proyecto.

 

El verdadero discípulo de Jesús concibe su vida como un servicio generoso y gratuito aunque sabe que Dios es el mejor pagador. Se esfuerza por ser un buen trabajador en la viña del Señor pero poniendo su confianza en Dios como si todo dependiera de él y no de uno mismo. Sólo tiene fe quien acepta el evangelio y sigue el camino de Jesús.

 

Muchas veces vosotros habéis expresado que no es fácil mantener la fe en la cárcel en donde impera la ley del más fuerte y “uno ha de hacerse respetar”. Pero aunque no es  fácil,  no es imposible. Recordad que la fe es una postura de confianza de la totalidad de la persona ante Dios, ante uno mismo y los demás que produce seguridad y alegría. También en este camino aparecen las “dudas de fe” que no deben escandalizarnos, ni desanimarnos. Somos buscadores, caminantes, peregrinos. A Dios sólo le conocemos a la manera de búsqueda. Las dudas y las dificultades de fe pueden ser una oportunidad para vivir una fe más auténtica y más humilde; nos harán comprender mejor a los que no creen o les resulta muy difícil creer.

 

En resumen,  podríamos decir que el evangelio de hoy  nos invita a comprender la conversión en clave de calidad, no de cantidad: es una fe auténtica, una confianza absoluta en Dios, la que nos mueve a realizar obras grandes y llena de sentido nuestra misión como discípulos de Cristo.

7.- Oración universal.-Con nuestra confianza puesta en el Señor, queremos presentarle hoy desde la cárcel nuestras necesidades. Diremos: Señor, fortalece nuestra fe.

- Para que la Iglesia, puesta al servicio de los hombres, siga siendo mensajera de libertad para los presos. Oremos.

 

- Para que las dudas y dificultades de fe nos hagan más humildades y sean oportunidades para seguir buscando a Dios. Oremos.

 

- Pidamos al Señor que nos aumente nuestra fe para encontrarle no sólo en la iglesia y en la Biblia, sino en los pobres, en los encarcelados y en todos los que sufren.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

El pasaje del evangelio comienza con una petición de los discípulos a Jesús: “Auméntanos la fe”. Conscientes de que la fe es don de Dios, le pedimos que nos ayude a crecer hacia una fe verdadera que nos lleve a servir desinteresadamente a los hermanos.

Como signo, podemos escribir en un papel un servicio concreto que nos comprometamos a realizar durante la semana en la prisión fruto de nuestra fe en Dios.

12.- Oración final.-Señor, tú nos conoces y sabes  lo que cuesta hoy en la cárcel mantener la fe. Hay muchos presos a los que no les interesa saber nada de ti ni de tu Iglesia. En los momentos de peligro, aumenta Señor mi fe en ti, para que vea la vida con tus ojos y siga tus pasos. Amén

.LA FE

“Discutían los amigos del Señor sobre las ventajas e inconvenientes de tener fe. El Maestro sentenció: - tener fe es como llevar una linterna en una excursión nocturna. El paisaje no cambia al ser iluminado, ni disminuye el cansancio de la marcha. Pero el que tiene la linterna ve mejor cómo es la espesura y camina con un poco de más seguridad. El peso de la linterna le puede exasperar, a veces, o las sombras producidas hacerle imaginar feroces fantasmas, pero, gracias a la linterna será más difícil que tropiece y caiga, y se sentirá satisfecho de poder prestar una ayuda a los demás”.

 

Haz de nosotros, Señor Dios, personas que viven de la fe. Desarrolla lo que sembraste en nosotros el día de nuestro bautismo, para que pongamos todas nuestras fuerzas en servirte, sin esperar recompensa. ¿No está nuestra alegría en ser servidores de Jesucristo?...... (San Agustín)

 

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