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1.-
Saludo.-
La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el
Señor y hermano nuestro, estén con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hermanos en medio de nuestro cansancio y aburrimiento por los días
largos en la cárcel, hoy estamos aquí reunidos porque valoramos a
Jesús. Dios Padre tanto nos ama, que envío a su hijo único para salvar,
no sólo a los hombres y mujeres de hace dos mil años, sino a la
humanidad de todos los tiempos. Hoy Jesús viene a decirnos que el perdón
de Dios es más grande que los pecados de los hombres. Recordemos que
Jesús, el Señor, nos acoge, a nosotros y a todos los que se acercan a
escucharle; nos acoge y nos sienta a su mesa.
3.-
Acto penitencial.-
Somos la
familia de los hijos de Dios, pero también somos pobres pecadores.
Nuestra vida es débil. Nuestro corazón se cierra a la Palabra de Dios.
No hemos vivido amando como Jesucristo nos ama. Por eso, al empezar esta
celebración, pedimos perdón por nuestros pecados.
- Tú,
que has venido a buscar al que estaba perdido. Señor, ten
piedad.
-
Porque no siempre te valoramos como lo principal en nuestra
vida. Cristo, ten piedad.
- Porque en ocasiones nos avergüenza ser tus testigos. Señor,
ten piedad.
4.-
Oración.-
Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, no te fijes en nuestros
delitos y errores del pasado. Míranos y para que sintamos el efecto de
tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo que contigo vive y reina por los siglos de los
siglos. Amen.
5.-
Evangelio.-
Lc. 5, 1,-32: ¡Alegraos conmigo!
6.-
Reflexión.-
Ante la incomprensión y
rechazo de los fariseos y maestros de la ley, Jesús justifica su
forma de actuar desde el Dios de la misericordia. Es por ello que el
evangelista San Lucas nos presenta hoy en su evangelio tres
parábolas inolvidables que nos conducen hasta el corazón de Dios: la
oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo. El evangelista
subraya dos ideas centrales: la iniciativa de Dios y su alegría por
el encuentro con el que está lejos. Hace referencia, sin duda, al
impulso misionero propio de la Iglesia y de cada cristiano. No hay
que limitarse a cuidar al que está dentro, es necesario salir en
busca del perdido, del que está fuera. Lo decisivo para la Iglesia
no es sobrevivir sino servir, encontrar caminos nuevos para anunciar
el evangelio.
Por eso Jesús se dirige a
los “buenos” para decirles que no se equivoquen, que Dios no es
justiciero, celoso, aburrido y lejano. Que Dios es alegre y comparte
su alegría con todos. Que Dios es el Dios de la misericordia que
lleva a quienes creen en él a ser misericordiosos, a coger y a amar
a todos sin distinción. Y, más aún, a preocuparse precisamente de
los más alejados y de los que sufren cualquier clase de necesidad o
marginación.
Aunque ciertamente no son
estos buenos tiempos para el perdón, ni personal ni social, Jesús
nos sigue invitando al perdón generoso y sin condiciones. El
seguidor de Cristo debe saber que su certeza en la fe ha de
llevarle a perdonar como lo hizo Jesús. Deberíamos de crecer en el
perdón y la generosidad.
Finalmente pensemos que Dios no nos abandona a nuestra suerte. No
quiere que ni uno solo se pierda. Preguntémonos ahora: ¿Qué sentimos
al comprender esta “responsabilidad cariñosa” de Dios por cada uno
de nosotros?.
7.-
Oración universal.-
Oremos
confiados a Dios Padre, sabiendo que escuchará lo que le pidamos.
- Por
toda la Iglesia: que sea una presencia viva del Señor en el
mundo. Oremos.
- Por
quienes, como el hijo menor, dirigen sus pasos por los caminos
de la evasión, el consumo insaciable, el despilfarro y la
búsqueda de sensaciones, para que encuentren su interior la
semilla de vida sembrada por Dios. Oremos.
- Para que aquí en la cárcel descubramos al Dios que nos perdona
y sale a nuestro encuentro. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Muchas veces, desorientados
como la parábola, le pedimos al Señor que salga en nuestra búsqueda,
que nos restaure y nos devuelva a su rebaño. Traemos también a
nuestra oración a nuestros hermanos que andan perdidos. Desde la
alegría, damos gracias a Dios, que cuida amorosamente de cada uno de
nosotros.
Podemos utilizar como signo
una campañilla que simbolice nuestro deseo de ser
pronto encontrados por Jesús.
12.-
Oración final.-
Señor, para dejarnos muy claro que lo tuyo es perdonar y tener
misericordia hasta extremos insospechados, inventaste la parábola más
maravillosa que jamás pensó nadie en el marco de los cálculos humanos.
Tú eres mi padre misericordioso, lento a la ira, rico en perdón.
¡Gracias, Señor! ¿Qué sería de mí si tú no fueras tan bueno conmigo?
LOS QUE NO QUIEREN VIDA PARA TODOS
La oveja,
la moneda y el hijo menor son símbolos de los pecadores:
No quieren
vida para todos, buscan sólo “su vida”,
Sienten
vergüenza por las miserias de los otros, no por las propias….
Quieren
ser los primeros, incluso los únicos….
Son
felices con sus distinciones y honores….
Promueven
la apariencia, el encubrimiento de la miseria…
Callan y
hacen callar las voces libres….
Subordinan
la persona a las leyes, a la institución….
Condenan y
marginan a quienes no piensan como ellos….
Quieren
ser ricos, poderosos y bien vistos por todos….
El hijo
mayor del Padre simboliza al que está perdido y no lo sabe:
Porque no
participa de las entrañas del Padre,
Está
orgulloso de cumplir las normas establecidas,
Vive
cerrado y tan a gusto con los amigos de siempre,
Celebra
fiestas de egoísmo y vanidad
Hoy,
Cristo Jesús, lleno de las entrañas del Padre, me atrevo a pedirte:
Por los que se saben lejos de su casa y por quienes se creen dentro.
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