CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

VIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 16 de septiembre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor y hermano nuestro, estén con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos en medio de nuestro cansancio y aburrimiento por los días largos en   la cárcel, hoy estamos aquí reunidos porque valoramos a Jesús. Dios Padre tanto nos ama, que envío a su hijo único para salvar, no sólo a los hombres y mujeres de hace dos mil años, sino a la humanidad de todos los tiempos. Hoy Jesús viene a decirnos que el perdón de Dios es más grande que los pecados de los hombres. Recordemos que Jesús, el Señor, nos acoge, a nosotros y a todos los que se acercan a escucharle; nos acoge y nos sienta a su mesa.

3.- Acto penitencial.- Somos la familia de los hijos de Dios, pero también somos pobres pecadores. Nuestra vida es débil. Nuestro corazón se cierra a la Palabra de Dios. No hemos vivido amando como Jesucristo nos ama. Por eso, al empezar esta celebración, pedimos perdón por nuestros pecados.

- Tú, que has venido a buscar al que estaba perdido. Señor, ten piedad.

- Porque no siempre te valoramos como lo principal en nuestra vida. Cristo, ten piedad.

- Porque en ocasiones nos avergüenza ser tus testigos. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Oh Dios, creador y dueño de todas las cosas, no te fijes en nuestros delitos y errores del pasado. Míranos y para que sintamos el efecto de tu amor, concédenos servirte de todo corazón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amen.

 

5.- Evangelio.- Lc. 5, 1,-32: ¡Alegraos conmigo!

 

6.- Reflexión.-

Ante la incomprensión y rechazo de los fariseos y maestros de la ley, Jesús justifica su forma de actuar desde el Dios de la misericordia. Es por ello que el evangelista San Lucas nos presenta hoy en su evangelio tres parábolas inolvidables que nos conducen hasta el corazón de Dios: la oveja perdida, la dracma perdida y el hijo pródigo. El evangelista subraya dos ideas centrales: la iniciativa de Dios y su alegría por el encuentro con el que está lejos. Hace referencia, sin duda, al impulso misionero propio de la Iglesia y de cada cristiano. No hay que limitarse a cuidar al que está dentro, es necesario salir en busca del perdido, del que está fuera. Lo decisivo para la Iglesia no es sobrevivir sino servir, encontrar caminos nuevos para anunciar el evangelio.

 

Por eso Jesús se dirige a los “buenos” para decirles que no se equivoquen, que Dios no es justiciero, celoso, aburrido y lejano. Que Dios es alegre y comparte su alegría con todos. Que Dios es el Dios de la misericordia que lleva a quienes creen en él a ser misericordiosos,  a coger y a amar a todos sin distinción. Y, más aún, a preocuparse precisamente de los más alejados y de los que sufren cualquier clase de necesidad o marginación.

 

Aunque ciertamente no son estos buenos tiempos para el perdón, ni personal ni social, Jesús nos sigue invitando al perdón generoso y sin condiciones. El seguidor de Cristo  debe saber que su certeza en la fe ha de llevarle a perdonar como lo hizo Jesús. Deberíamos de crecer en el perdón y la generosidad.

 

Finalmente pensemos que Dios no nos abandona a nuestra suerte. No quiere que ni uno solo se pierda. Preguntémonos ahora: ¿Qué sentimos al comprender esta “responsabilidad cariñosa” de Dios por cada uno de nosotros?.

 

7.- Oración universal.- Oremos confiados a Dios Padre, sabiendo que escuchará lo que le pidamos.

- Por toda la Iglesia: que sea una presencia viva del Señor en el mundo. Oremos.

- Por quienes, como el hijo menor, dirigen sus pasos por los caminos de la evasión, el consumo insaciable, el despilfarro y la búsqueda de sensaciones, para que encuentren su interior la semilla de vida sembrada por Dios. Oremos.

- Para que aquí en la cárcel descubramos al Dios que nos perdona y sale a nuestro encuentro. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Muchas veces, desorientados como la parábola, le pedimos al Señor que salga en nuestra búsqueda, que nos restaure y nos devuelva a su rebaño. Traemos también a nuestra oración a nuestros hermanos que andan perdidos. Desde la alegría, damos gracias a Dios, que cuida amorosamente de cada uno de nosotros.

 

Podemos utilizar como signo una campañilla que simbolice nuestro deseo de ser pronto encontrados por Jesús.

12.- Oración final.- Señor, para dejarnos muy claro que lo tuyo es perdonar y tener misericordia hasta extremos insospechados, inventaste la parábola más maravillosa que jamás pensó nadie en el marco de los cálculos humanos. Tú eres mi padre misericordioso, lento a la ira, rico en perdón. ¡Gracias, Señor! ¿Qué sería de mí si tú no fueras tan bueno conmigo?

 

LOS QUE NO QUIEREN VIDA PARA TODOS

La oveja, la moneda y el hijo menor son símbolos de los pecadores:

No quieren vida para todos, buscan sólo “su vida”,

Sienten vergüenza por las miserias de los otros, no por las propias….

Quieren ser los primeros, incluso los únicos….

Son felices con sus distinciones y honores….

Promueven la apariencia, el encubrimiento de la miseria…

Callan y hacen callar las voces libres….

Subordinan la persona a las leyes, a la institución….

Condenan y marginan a quienes no piensan como ellos….

Quieren ser ricos, poderosos y bien vistos por todos….

 

El hijo mayor del Padre simboliza al que está perdido y no lo sabe:

Porque no participa de las entrañas del Padre,

Está orgulloso de cumplir las normas establecidas,

Vive cerrado y tan a gusto con los amigos de siempre,

Celebra fiestas de egoísmo y vanidad

 

Hoy, Cristo Jesús, lleno de las entrañas del Padre, me atrevo a pedirte:

Por los que se saben lejos de su casa y por quienes se creen dentro.

 

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