CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

VIGÉSIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 23 de septiembre del 2007

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Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- La paz y la bondad de Dios, nuestro Padre, estén con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: Las rejas no nos quitan nuestra libertad ni la fe en Dios. Por eso nos reunimos aquí en la prisión para celebrar lo que es el fundamento de nuestra fe: que Jesús está en medio de nosotros, que él acompaña nuestras vidas, que vale la pena seguirle, porque su camino nos conduce a la vida más plena. Este encuentro vivido con intensidad nos ha de alimentar espiritualmente para continuar con entusiasmo en el seguimiento de Jesús.

Unidos a todos nuestros hermanos encarcelados ofrezcamos esta celebración hoy víspera de la Virgen de la Merced por esa anhelada libertad que todos deseamos desde la cárcel.

3.- Acto penitencial.- En silencio, pidamos perdón por nuestras infidelidades al camino de Jesús.

- Porque hemos hecho daño. Señor, ten piedad.

- Porque los errores y delitos de la vida nos han llevado a olvidar al Señor. Cristo, te piedad.

- Porque tú Señor eres una fuente inagotable de perdón. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Oh Dios que  no nos condenas por nuestros errores y delitos sino que te acercas a nosotros, tus hijos encarcelados, y nos regalas tu amor y perdón; concédenos la gracia de permanecer fieles a ti.

 

5.- Evangelio.- Lc. 16, 1-13: “No podéis servir a Dios y al dinero”

 

6.- Reflexión.-

El mensaje del evangelio es radical: nadie puede servir a dos amos, no se puede servir a Dios y al dinero. Quizás más de uno ha llegado a la cárcel por creer que el dinero daba toda la felicidad y por él hemos robado, delinquido o estafado. Pero ahora aqui en la prisión sin dinero, sin familia y sin amigos nos damos cuenta que solo hay una riqueza que merece la pena buscar: Dios. Cuando se idolatran los bienes materiales, se pierde el horizonte del Reino y Dios es desplazado de la vida del ser humano. Poco importan entonces los pobres, los explotados, los miserables. Y sin embargo ellos están en el corazón de Dios.

 

En el evangelio vemos a Jesús camino a Jerusalén. El Maestro continúa su enseñanza. El seguimiento de Jesús exige exclusividad: nadie puede servir a dos señores. Los bienes materiales son un instrumento más para la construcción del Reino, no un fin en sí mismos. En el fondo, el mensaje evangélico nos recuerda el mandamiento de “amar a Dios sobre todas las cosas”. Si Dios no es Señor de nuestro corazón, si nos domina excesivamente el afán de tener dinero, no es de extrañar que aparezca fácilmente cualquier tentación de robo, engaño y corrupción. Pensemos si este interés excesivo por el dinero ¿no es la causa de que hoy estemos aquí en la prisión? El ideal es ser personas como Dios quiere, no ser ricos obsesivamente.

 

Esta parábola del administrador injusto puede desconcertar; no es fácil entenderla a primera vista. ¿Qué quiere decir Jesús? Relacionándola con las sentencias finales, podemos sacar estas conclusiones:

· Hemos de emplear la inteligencia y el ingenio para lo bueno, no para lo malo. Los hijos de la luz hemos de ser sagaces, pero jugando limpio.

 

· No se ensalza el fraude ni la corrupción, sino la imaginación y la astucia creativa para salir de los aprietos.

 

· El Reino de Dios se construye a base de honradez, desprendimiento y fidelidad.

 

· El que no es de fiar en el dinero no es de fiar en nada.

Un resumen de todo podría ser: “Corazón honrado y manos limpias”.

  

7.- Oración universal.- Nosotros no buscamos nuestro propio interés por encima de todo sino que buscamos el bien de toda persona. Por eso en nuestra oración nos abrimos a toda la humanidad, diciendo: Padre, escúchanos.

- Por la Iglesia, por todos los cristianos: que seamos en el mundo un testimonio de servicio a los pobres; que nos alejemos siempre del afán de acumular riquezas. Oremos.

 

- Por los que hoy nos encontramos en la cárcel para que al salir encontremos esa ayuda para iniciar una nueva vida.

 

- Para que la Virgen de la Merced acompañe e ilumine a todos los que sufrimos la pena y el dolor de estar en la cárcel. Oremos.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Llamados a la conversión, le pedimos al Señor que nos ayude a cambiar de actitudes, a transformar nuestro corazón, a veces endurecido, en un corazón sensible ante las necesidades de los demás. Que la búsqueda de bienestar no nos ciegue, haciéndonos incapaces de compasión ante el sufrimiento de los hermanos.

 

Cómo símbolo, podemos recortar  de algunas revistas reclamos publicitarios que nos aseguran una vida mejor. Al lado de esos recortes, colocamos diversos carteles de las necesidades de los hombres y mujeres de hoy.

12.- Oración final.- Señor Jesús, sé muy bien de esas astucias y engaños de las que hablas hoy en tu evangelio. El afán por el dinero, la droga y la vida fácil me ha traído a esta oscuridad de la cárcel. Tú eres mi luz y mi salvación, y contigo pondré en juego todas mis luces, para no dejarme vencer por la astucia de los hijos de este mundo, e iluminar a los demás.

NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO

No podéis servir al amor y al egoísmo.

No podéis servir a la fraternidad y al individualismo.

No podéis servir a la justicia y a la acumulación de bienes.

No podéis servir a la paz y al mantenimiento del hambre.

No podéis servir a la libertad y a la dictadura de cualquier tipo.

No podéis servir a la gracia y a la deuda que no os hace falta.

No podéis servir a la verdad y no estar al lado de los pobres.

No podéis servir a la vida y vivir al margen de los necesitados.

 

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