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1.-
Saludo.-
La paz y la bondad de Dios, nuestro Padre, estén con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hermanos: Las
rejas no nos quitan nuestra libertad ni la fe en Dios. Por eso nos
reunimos aquí en la prisión para celebrar lo que es el fundamento de
nuestra fe: que Jesús está en medio de nosotros, que él acompaña
nuestras vidas, que vale la pena seguirle, porque su camino nos conduce
a la vida más plena. Este encuentro vivido con intensidad nos ha de
alimentar espiritualmente para continuar con entusiasmo en el
seguimiento de Jesús.
Unidos a todos
nuestros hermanos encarcelados ofrezcamos esta celebración hoy víspera
de la Virgen de la Merced por esa anhelada libertad que todos deseamos
desde la cárcel.
3.-
Acto penitencial.-
En silencio,
pidamos perdón por nuestras infidelidades al camino de Jesús.
-
Porque hemos hecho daño. Señor, ten piedad.
-
Porque los errores y delitos de la vida nos han llevado a
olvidar al Señor. Cristo, te piedad.
- Porque tú Señor eres una fuente inagotable de perdón.
Señor, ten piedad.
4.-
Oración.-
Oh Dios que no nos condenas por nuestros errores y delitos sino que te
acercas a nosotros, tus hijos encarcelados, y nos regalas tu amor y
perdón; concédenos la gracia de permanecer fieles a ti.
5.-
Evangelio.-
Lc. 16, 1-13: “No podéis servir a Dios y al dinero”
6.-
Reflexión.-
El mensaje
del evangelio es radical: nadie puede servir a dos amos, no se puede
servir a Dios y al dinero. Quizás más de uno ha llegado a la cárcel
por creer que el dinero daba toda la felicidad y por él hemos
robado, delinquido o estafado. Pero ahora aqui en la prisión sin
dinero, sin familia y sin amigos nos damos cuenta que solo hay una
riqueza que merece la pena buscar: Dios. Cuando se idolatran los
bienes materiales, se pierde el horizonte del Reino y Dios es
desplazado de la vida del ser humano. Poco importan entonces los
pobres, los explotados, los miserables. Y sin embargo ellos están en
el corazón de Dios.
En el
evangelio vemos a Jesús camino a Jerusalén. El Maestro continúa su
enseñanza. El seguimiento de Jesús exige exclusividad: nadie puede
servir a dos señores. Los bienes materiales son un instrumento más
para la construcción del Reino, no un fin en sí mismos. En el fondo,
el mensaje evangélico nos recuerda el mandamiento de “amar a Dios
sobre todas las cosas”. Si Dios no es Señor de nuestro corazón, si
nos domina excesivamente el afán de tener dinero, no es de extrañar
que aparezca fácilmente cualquier tentación de robo, engaño y
corrupción. Pensemos si este interés excesivo por el dinero ¿no es
la causa de que hoy estemos aquí en la prisión? El ideal es ser
personas como Dios quiere, no ser ricos obsesivamente.
Esta
parábola del administrador injusto puede desconcertar; no es fácil
entenderla a primera vista. ¿Qué quiere decir Jesús? Relacionándola
con las sentencias finales, podemos sacar estas conclusiones:
·
Hemos de emplear la inteligencia y el ingenio
para lo bueno, no para lo malo. Los hijos de la luz hemos de ser
sagaces, pero jugando limpio.
·
No se ensalza el fraude ni la corrupción,
sino la imaginación y la astucia creativa para salir de los
aprietos.
·
El Reino de Dios se construye a base de
honradez, desprendimiento y fidelidad.
·
El que no es de fiar en el dinero no es de
fiar en nada.
Un resumen de todo podría ser: “Corazón honrado y manos limpias”.
7.-
Oración universal.-
Nosotros no buscamos nuestro propio interés por encima de todo sino que
buscamos el bien de toda persona. Por eso en nuestra oración nos abrimos
a toda la humanidad, diciendo: Padre, escúchanos.
- Por la
Iglesia, por todos los cristianos: que seamos en el mundo un
testimonio de servicio a los pobres; que nos alejemos siempre del
afán de acumular riquezas. Oremos.
-
Por los
que hoy nos encontramos en la cárcel para que al salir encontremos
esa ayuda para iniciar una nueva vida.
- Para que la Virgen de la Merced acompañe e ilumine a todos los que
sufrimos la pena y el dolor de estar en la cárcel. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Llamados a
la conversión, le pedimos al Señor que nos ayude a cambiar de
actitudes, a transformar nuestro corazón, a veces endurecido, en un
corazón sensible ante las necesidades de los demás. Que la búsqueda
de bienestar no nos ciegue, haciéndonos incapaces de compasión ante
el sufrimiento de los hermanos.
Cómo símbolo, podemos recortar de algunas revistas reclamos
publicitarios que nos aseguran una vida mejor. Al lado de esos
recortes, colocamos diversos carteles de las necesidades de los
hombres y mujeres de hoy.
12.-
Oración final.-
Señor Jesús, sé muy bien de esas astucias y engaños de las que hablas
hoy en tu evangelio. El afán por el dinero, la droga y la vida fácil me
ha traído a esta oscuridad de la cárcel. Tú eres mi luz y mi salvación,
y contigo pondré en juego todas mis luces, para no dejarme vencer por la
astucia de los hijos de este mundo, e iluminar a los demás.
NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO
No podéis servir al amor y
al egoísmo.
No podéis servir a la
fraternidad y al individualismo.
No podéis servir a la
justicia y a la acumulación de bienes.
No podéis servir a la paz y
al mantenimiento del hambre.
No podéis servir a la
libertad y a la dictadura de cualquier tipo.
No podéis servir a la gracia
y a la deuda que no os hace falta.
No podéis servir a la verdad
y no estar al lado de los pobres.
No podéis servir a la vida y
vivir al margen de los necesitados.
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