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1.-
Saludo.-
Que Jesús, el Señor, que un día más nos reúne aquí en la prisión en
torno a su palabra, esté con todos vosotros.
2.-
Monición de entrada.-
Hermanos: Una
vez más compartimos la celebración de la fe en comunión y dispuestos a
mantener el ritmo de seguir a Jesús. Hoy en el Evangelio veremos a Dios
al lado de los pobres. Pensemos que si quitamos a Dios del horizonte de
nuestra vida y de los marginados, tendremos como única vida y
preocupación: las comodidades, las cosas, el bienestar personal; tarde o
temprano viviremos centrados en nosotros mismos sin tener en cuenta a
nuestro prójimo.
Hoy de forma
especial traemos a nuestra celebración a todas aquellas personas que por
diversas razones se ven obligadas a emigrar a otros países.
3.-
Acto penitencial.-
Animados
porque el amor de Dios no tiene fin, le pedimos perdón por nuestros
pecados.
- Porque
decimos que amamos a Dios, y nos desentendemos de nuestro prójimo.
Señor, ten piedad.
- Porque
nos cuesta reconocer a Cristo en los que sufren. Cristo, ten
piedad.
- Porque nos olvidamos de Dios aquí en la prisión. Señor, ten
piedad.
4.-
Oración.-
Oh Dios que penetras los muros de la cárcel, entras en nuestros
corazones y nos empujas a amar y a perdonar; derrama incesantemente
sobre nosotros la fuerza que hoy necesitamos en la prisión para ser
fieles a ti.
5.-
Evangelio.-
Lc. 16, 19-31: “Había un pobre llamado Lázaro”.
6.-
Reflexión.-
Siguiendo
el hilo del gran viaje de Jesús a Jerusalén, Lucas ha ido recordando
los peligros de las riquezas y el uso inteligentemente evangélico de
los bienes materiales. El evangelio de hoy nos ilustra sobre el
desenlace fatal de quien viviendo en el lujo se desentiende de la
precariedad de la vida de los demás.
Este
pasaje nos recuerda que cuando no hay sensibilidad, acontece el
egoísmo y la corrupción. La tentación de tener y disfrutar
egoístamente nos ronda a todos. Cada día hay más propaganda
seductora creando nuevas necesidades; parece que la felicidad no es
posible sin tener y consumir muchas cosas, cuando en realidad se
fundamenta en otros valores. De ahí que Jesús nos advierte a todos:
No esperéis a la muerte para abrir un poco más los ojos a la vida.
La parábola del pobre Lázaro no dice que el rico fuera malo o poco
religioso y el pobre bueno y piadoso. La única acusación al rico es
que no supo compartir sus bienes y puso un muro de incomunicación
con los demás. Tanto que ya “no veía” a Lázaro. Terrible ceguera.
Es el
peligro de la gente feliz y acomodada: seguramente tienen un buen
corazón, pero el problema está en que no ven. Si vieran, tal vez
serían más fraternales y solidarios con los que sufren a su
alrededor, les entrarían ganas de compartir, se salvarían. Todo esto
nos indica que también en nuestros días, la preocupación por el
propio bienestar camina unido a la despreocupación por la vida de
los demás. Es cierto que la sociedad nos empuja a conseguir
riquezas, a vivir como amigos del dinero prescindiendo de las
necesidades de los demás. El evangelio de Jesús va una vez más a
contracorriente. ¿A qué nos compromete el evangelio que hemos
leído?.
Desde la
cárcel, carentes de muchos bienes materiales pensemos que tendidos
en el portal de la sociedad rica malviven hundidos en la miseria
millones de seres humanos. La sangrante desigualdad social clama al
cielo, y el grito de los pobres debería sonar con fuerza en nuestros
oídos: ¿Cuáles creéis que son las causas de esa desigualdad?.
Pensemos que hoy sigue conviviendo Epulón y Lázaro con la misma
distancia y desigualdad que nos muestra la parábola del Evangelio.
Los creyentes cristianos estamos invitados a reflejar en nosotros y
nuestra vida la misma sensibilidad de Dios. El Dios que se
identificó con Lázaro y con todas las víctimas del mundo. El Dios
crucificado que preside siempre nuestras celebraciones recuerda a
unos dónde está la tarea y a otros dónde tienen su esperanza.
7.-
Oración universal.-
Oremos con fe a Dios nuestro Padre que nos ama y perdona.
- Por la
Iglesia, para que mantenga siempre viva su confianza en que Dios
Padre la sostiene y conduce. Oremos.
- Para que
desaparezcan las injusticias y desigualdades que hay entre los
hombre. Oremos.
- Para que rompamos con los ídolos del placer, del prestigio, del
dinero fácil y nos convirtamos al Dios de la justicia, de la
compasión, de la solidaridad y de la fraternidad. Oremos.
-
(Peticiones libres de
los encarcelados).
8.-
Padrenuestro
9.-
Saludo de paz
10.-
Oración de acción de gracias.-
Oración espontánea de los encarcelados.
11.-
Oramos y celebramos.-
Llamados a la conversión, le
pedimos al Señor que nos ayude a cambiar de actitudes, a transformar
nuestro corazón, a veces endurecido, en un corazón sensible ante las
necesidades de los demás. Que la búsqueda del bienestar no nos
ciegue, haciéndonos incapaces de compasión ante el sufrimiento de
los hermanos.
Como símbolo, podemos recortar de algunas revistas reclamos
publicitarios que nos aseguran una vida mejor. Al lado de esos
recortes, colocamos diversos carteles de las necesidades de los
hombres y mujeres de hoy.
12.-
Oración final.-
Señor, gracias por hacerme comprender a través de la parábola del rico
Epulón y el pobre Lázaro que mi vida no la puedo despilfarrar como lo
hizo el rico Epulón. Ayúdame Señor para ser apóstol de la justicia y de
la igualdad entre todos los hombres.
DIOS NECESITA QUE ESTA VIDA SEA MAS DIGNA
Cristo
nuestro, tú nos llamas a trabajar por el reino ya, ahora mismo y
para todos.
Dios
también”necesita que esta vida que ama sea más digna de ser vivida…”
Dios,
además de saber nuestro lloro, quiere que los pobres sean dichosos
ya,
tengan
consuelo ya.
Cristo
Jesús, tú no buscaste a Dios al margen de la vida.
Tu
existencia estuvo centrada en el amor de Dios.
Ese amor
te acercó a todos, especialmente a los más débiles.
Tú
Espíritu de amor nos mueve a cambiar las cosas.
Nuestra
tarea de justicia y de paz, de libertad y de amor, de vida para
todos,
nace y se
hace en esta tierra y en esta historia concreta,
acogiendo
a las personas, escuchando sus aspiraciones,
compartiendo los gozos y pesares, sobre todo, con los más débiles,
aportando
soluciones a los problemas reales de la vida.
Cristo
Jesús: que tu Espíritu nos ayude
a romper
el abismo que nos separa de los más débiles.
¡Ya, ahora
mismo!
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