CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

VIGÉSIMO SEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 30 de septiembre del 2007

Imprimir

Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- Que Jesús, el Señor, que un día más nos reúne aquí en la prisión en torno a su palabra, esté con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: Una vez más compartimos la celebración de la fe en comunión y dispuestos a mantener el ritmo de seguir a Jesús. Hoy en el Evangelio veremos a Dios al lado de los pobres. Pensemos que si quitamos a Dios del horizonte de nuestra vida y de los marginados, tendremos como única vida y preocupación: las comodidades, las cosas, el bienestar personal; tarde o temprano viviremos centrados en nosotros mismos sin tener en cuenta a nuestro prójimo.

Hoy de forma especial traemos a nuestra celebración a todas aquellas personas que por diversas razones se ven obligadas a emigrar a otros países.

3.- Acto penitencial.- Animados porque el amor de Dios no tiene fin, le pedimos perdón  por nuestros pecados.

- Porque decimos que amamos a Dios, y nos desentendemos de nuestro prójimo. Señor, ten piedad.

 

- Porque nos cuesta reconocer a Cristo en los que sufren. Cristo, ten piedad.

 

- Porque nos olvidamos de Dios aquí en la prisión. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Oh Dios que penetras los muros de la cárcel, entras en nuestros corazones y nos empujas a amar y a perdonar; derrama incesantemente sobre nosotros la fuerza que hoy necesitamos en la prisión para ser fieles a ti.

 

5.- Evangelio.- Lc. 16, 19-31: “Había un pobre llamado Lázaro”.

 

6.- Reflexión.-

Siguiendo el hilo del gran viaje de Jesús a Jerusalén, Lucas ha ido recordando los peligros de las riquezas y el uso inteligentemente evangélico de los bienes materiales. El evangelio de hoy nos ilustra sobre el desenlace fatal de quien viviendo en el lujo se desentiende de la precariedad de la vida de los demás.

 

Este pasaje nos recuerda que cuando no hay sensibilidad, acontece el egoísmo y la corrupción. La tentación de tener y disfrutar egoístamente nos ronda a todos. Cada día hay más propaganda seductora creando nuevas necesidades; parece que la felicidad no es posible sin tener y consumir muchas cosas, cuando en realidad se fundamenta en otros valores. De ahí que Jesús nos advierte a todos: No esperéis a la muerte para abrir un poco más los ojos a la vida. La parábola del pobre Lázaro no dice que el rico fuera malo o poco religioso y el pobre bueno y piadoso. La única acusación al rico es que no supo compartir sus bienes y puso un muro de incomunicación con los demás. Tanto que ya “no veía” a Lázaro. Terrible ceguera.

 

Es el peligro de la gente feliz y acomodada: seguramente tienen un buen corazón, pero el problema está en que no ven. Si vieran, tal vez serían más fraternales y solidarios con los que sufren a su alrededor, les entrarían ganas de compartir, se salvarían. Todo esto nos indica que también en nuestros días, la preocupación por el propio bienestar camina unido a la despreocupación por la vida de los demás. Es cierto que la sociedad nos empuja a conseguir riquezas, a vivir como amigos del dinero prescindiendo de las necesidades de los demás. El evangelio de Jesús va una vez más a contracorriente. ¿A qué nos compromete el evangelio que hemos leído?.

 

Desde la cárcel, carentes de muchos bienes materiales pensemos que tendidos en el portal de la sociedad rica malviven hundidos en la miseria  millones de seres humanos. La sangrante desigualdad social clama al cielo, y el grito de los pobres debería sonar con fuerza en nuestros oídos: ¿Cuáles creéis que son las causas de esa desigualdad?. Pensemos que hoy sigue conviviendo Epulón y Lázaro con la misma distancia y desigualdad que nos muestra la parábola del Evangelio.

 

Los creyentes cristianos estamos invitados a reflejar en nosotros y nuestra vida la misma sensibilidad de Dios. El Dios que se identificó con Lázaro y con todas las víctimas del mundo. El Dios crucificado que preside siempre nuestras celebraciones  recuerda a unos dónde está la tarea y a otros dónde tienen su esperanza.

7.- Oración universal.- Oremos con fe a Dios nuestro Padre que nos ama y perdona.

- Por la Iglesia, para que mantenga siempre viva su confianza en que Dios Padre la sostiene y conduce. Oremos.

- Para que desaparezcan las injusticias y desigualdades que hay entre los hombre. Oremos.

- Para que rompamos con los ídolos del placer, del prestigio, del dinero fácil y nos convirtamos al Dios de la justicia, de la compasión, de la solidaridad y de la fraternidad. Oremos.

 

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

Llamados a la conversión, le pedimos al Señor que nos ayude a cambiar de actitudes, a transformar nuestro corazón, a veces endurecido, en un corazón sensible ante las necesidades de los demás. Que la búsqueda del bienestar no nos ciegue, haciéndonos incapaces de compasión ante el sufrimiento de los hermanos.

 

Como símbolo, podemos recortar de algunas revistas reclamos publicitarios que nos aseguran una vida mejor. Al lado de esos recortes, colocamos diversos carteles de las necesidades de los hombres y mujeres de hoy.

12.- Oración final.- Señor, gracias por hacerme comprender a través de la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro que mi vida no la puedo despilfarrar como lo hizo el rico Epulón. Ayúdame Señor para ser apóstol de la justicia y de la igualdad entre todos los hombres.

DIOS NECESITA QUE ESTA VIDA SEA MAS DIGNA

Cristo nuestro, tú nos llamas a trabajar por el reino ya, ahora mismo y para todos.

Dios también”necesita que esta vida que ama sea más digna de ser vivida…”

Dios, además de saber nuestro lloro, quiere que los pobres sean dichosos ya,

tengan consuelo ya.

Cristo Jesús, tú no buscaste a Dios al margen de la vida.

Tu existencia estuvo centrada en el amor de Dios.

Ese amor te acercó a todos, especialmente a los más débiles.

Tú Espíritu de amor nos mueve a cambiar las cosas.

Nuestra tarea de justicia y de paz, de libertad y de amor, de vida para todos,

nace y se hace en esta tierra y en esta historia concreta,

acogiendo a las personas, escuchando sus aspiraciones,

compartiendo los gozos y pesares, sobre todo, con los más débiles,

aportando soluciones a los problemas reales de la vida.

Cristo Jesús: que tu Espíritu nos ayude

a romper el abismo que nos separa de los más débiles.

¡Ya, ahora mismo!

 

Imprimir