CELEBRACIÓN DE LA PALABRA EN LA CÁRCEL

VIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO/C

Domingo 9 de septiembre del 2007

Por Ángel García Rodríguez (o.ss.t)

Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre (Málaga)

 

1.- Saludo.- La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

 

2.- Monición de entrada.-

Hermanos: En medio de nuestras alegrías y penas que experimentamos en la prisión, Jesús nos convoca una semana más, y nosotros acudimos como discípulos que queremos seguirle. Estamos ante una tarea que no la podemos cumplir solo con nuestro propio esfuerzo, sino que necesitamos la ayuda de Cristo. El nos va a recordar en esta celebración que ser cristiano es irse pareciendo cada vez más a él en obras y palabras. Hoy se nos recuerda que debemos dejar todo aquello que nos impida seguir a Jesús. Dispongámonos a celebrar con intensidad esta celebración de la Palabra.

3.- Acto penitencial.- Jesucristo el Señor nos llama a la conversión  y nos reconcilia con el Padre; por tanto, abramos nuestro corazón al arrepentimiento.

- Tú, que conoces nuestra debilidad. Señor, ten piedad.

- Tú, que te compadeces de los que se arrepienten. Cristo, ten piedad.

- Tú, que has venido para anunciar la libertad. Señor, ten piedad.

4.- Oración.- Padre bueno, hoy desde la cárcel te pedimos que nos mires con bondad, aunque no lo merezcamos; y por la fe que nos has concedido, ayúdanos a hacer el bien. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

5.- Evangelio.- Lc. 14,25-33: “Si alguno quiere venir conmigo”.

 

6.- Reflexión.-

 

En el trasfondo del relato evangélico de este domingo hemos de contemplar a mucha gente que va acompañando a Jesús en su camino hacia Jerusalén. Para evitar los entusiasmos fáciles y superficiales, no duda en ponerles bien claras las condiciones del seguimiento: hay que “preferirle” a él, “tomar la cruz” y “renunciar a los bienes”. El cristiano no se define como una persona que ha optado por una doctrina, una ideología o unos principios, ni siquiera por un compartimiento ético.

 

Cristiano es el que sigue a Jesús prefiriéndole a todo lo demás. Aceptando y llevando su cruz que es la cruz del amor. Para seguirle se necesita una decisión personal. Claro que la decisión puede ser tímida y vacilante al comienzo, pero se irá fortaleciendo en la medida en que se deje invadir y seducir por el amor de Jesús. Hay que aceptar con alegría los riesgos y las exigencias que se derivan de este seguimiento. Dicho seguimiento es una experiencia de cercanía honda con Jesús, un “estar” copiando continuamente los valores de Jesús en la propia vida. Por eso ser discípulo de Jesús es una decisión muy seria en la que hay que sopesar los pros y contras, medir las fuerzas. Antes de disponerse a ser discípulo de Jesús hay que sentarse a reflexionar, pues adecuar la propia vida a la de Jesús es un compromiso muy grande que no puede tomarse a la ligera. Hoy es un buen momento para pararnos a pensar con seriedad el costo de nuestro seguimiento.

 

En resumidas cuentas pensemos que discípulo es aquella persona que se ha encontrado con Jesús y vive en consecuencia. Preguntémonos:

- ¿Estamos convencidos de que ésta es la clave sobre la que se construye la vida de un cristiano?

 

- ¿Cómo nos estimula esta certeza a dejar todo lo que no está en consonancia con Jesús y con el Reino para vivir con mayor esperanza y alegría?

7.- Oración universal.- Presentemos ahora con confianza nuestras oraciones al Padre, diciendo: Escúchanos, Padre.

- Por la Iglesia, por todos los que la formamos. Que vivamos con humildad nuestra fe y pongamos nuestra confianza en el Señor. Oremos.

- Por los enfermos, los presos, los pobres, los emigrantes y todos los que sufren. Oremos.

- Por todos los que queremos seguir a Jesús en nuestra vida. Que seamos capaces de renunciar a todo aquello que nos aleja del camino de la fe. Oremos.

- (Peticiones libres de los encarcelados).

8.- Padrenuestro

 

9.- Saludo de paz

 

10.- Oración de acción de gracias.- Oración espontánea de los encarcelados.

 

11.- Oramos y celebramos.-

El relato evangélico y la reflexión que hemos hecho sobre él han puesto en evidencia nuestra incapacidad para seguir a Jesús, nuestras dificultades para afrontar la dureza del camino que implica el discipulado. Por eso le pedimos ahora que nos dé coraje y que su Espíritu remodele nuestra vida.

 

Como símbolo que puede ayudarnos en nuestra oración, colocamos en medio del grupo unas pequeñas cruces de madera o de cartulina con la inicial de cada uno de los participantes.

12.- Oración final.- Señor, hoy desde la cárcel te digo que yo quiero ser digno de ti, aunque para eso haya de cargar cada día con la cruz detrás de ti; y ayudar a los demás a llevar la suya. Quiero que seas lo primero en mi vida, por encima de todo, sin que nada ni nadie impida tu primacía absoluta.

 

JESÚS, AYÚDANOS A SER DISCÍPULOS TUYOS

Señor Jesús:

Nosotros nos contamos entre tus admiradores,

devotos tuyos que recordamos tus palabras y tu vida,

nos reunimos para leer tus dichos y hechos,

incluso nos alimentamos con símbolos de tu vida,

bautizamos y confirmamos en tu nombre,

bendecimos nuestro amor con tus palabras.

 

Hoy, Cristo nuestro, nos pides que te sigamos, que te imitemos.

Que no nos quedemos sólo en admiradores, en soñadores de tu proyecto.

Que optemos por una vida similar a la tuya.

Que vivamos de tu mismo corazón, de tu mismo espíritu, de tu amor gratuito.

Que asumamos los sacrificios que conlleva amar a todos.

 

Ayúdanos, Jesús resucitado, a ser discípulos tuyos:

Tú eres más que modelo,

eres fuente y principio de vida nueva,

vives con nosotros,

nos das tu Espíritu por el que

“nuestras mentes se han hecho como en fragua en tus entrañas,

y el universo por tus ojos vemos”.