|
Elizabet es una simpática mujer
dominicana de unos treinta y ocho años de edad. Mientras que cumple su
pena en la cárcel, intenta sonreír y animar a sus compañeros y
compañeras a vivir estos largos días de prisión. Todas las mañanas la
escuchamos en la radio interna del Centro Penitenciario.
-
“Animo, colegas, que de aquí vamos a salir…Que aquí nadie se va
a quedar…Que la vida sigue más allá de estos muros de la cárcel…Ahí
fuera nos esperan nuestros hijos, amigos y familiares….”
Elizabet quiere compartir su
alegría y ganas de vivir y me entrega su testimonio diciéndome: “Tome
padrecito, aquí están los sentimientos de una mujer dominicana que tras
la ventana de sus celda ve todos los días la luz de la libertad”.
¡Estoy arrepentida!
Aquí en la prisión cuando me
levanto por las mañanas, miro por la ventana de mi celda y pienso en
esa primera rayita de sol y en el inicio de un día nuevo. Un día
más me hace recordar muchas cosas de las cuales estoy arrepentida,
Y les confieso que a la vez me doy cuenta que así como necesito el
aire para respirar, necesito mis hijos, mi familia y todos mis seres
queridos. Necesito de todos ellos para iniciar mi nueva etapa de la
vida fuera de la cárcel.
Y es que aquí en la prisión
los días se me hacen eternos cuando una no puede ver a sus seres
queridos. Pero aún así no pierdo el sentido del humor y pongo mi
alegría reflejada en todas mis compañeras. En esos momentos me lleno
de emoción e ilusiones y pienso: “¿Será esto un sueño que logra que
la tristeza sea pasajera?”. Y esto lo noto porque esa tristeza
desaparece cuando estoy con mis compañeras.
Les cuento que mi mayor
consuelo es pensar en mis hijos y todos los días miro las fotos de
ellos. Me pregunto:
-
“¿Cuándo volveré a verlos? ¿Cuándo llegara mi libertad? ¿Cuándo
podré vivir un nuevo amanecer distinto junto a mis seres
queridos?”.
“Aquí no hemos nacido y de aquí
salimos”
El recuerdo de mis seres
queridos es lo que me da fuerza y esperanza en mi misma para seguir
aguantando esa espera desesperada. Por eso volver a estar con ellos
es mi mayor consuelo aquí en la prisión. . Y es que pensar en ellos
me llena la vida de ilusión, de emoción. Y es ahí cuando pienso y me
digo:
-
“Aquí no hemos nacido y de aquí se sale”.
Fe y ánimos. Y sobre todo
alegría. Que de la muerte no te libras pero de la cárcel si.
Un saludo de
Elizabet.
Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre
Ángel García Rodríguez
Capellán del Centro Penitenciario de Alahurin de la Torre
|