Pastoral Penitenciaria Trinitaria

LA SEMANA SANTA VIVIDA POR UN PRESO

 

Juan recuerda las distintas semanas santas vividas dentro y fuera de la cárcel

 

            Por desgracia para mi, solo pude pasar una SEMANA SANTA en prisión, ya que entré algo después de la del 2005 y salí algo antes de la del 2007; por desgracia, sí, ni me he confundido, ni me he vuelto loco; me iré explicando y espero, al final de mi testimonio, dar la sensación de cuerdo que ahora parece que me falta.

 

            Creo que he sido un joven normal, del montón, y durante las diferentes etapas de mi vida he ido percibiendo la Semana Santa de una forma diferente; hasta los diez y tantos la veía como algo bonito, muy colorido,  caballos, bandas de música, desfiles militares por las calles y además esa semana no había colegio, genial; en mi época de preuniversitario fui portador de tronos, llegué a sacar algunos años hasta 5 tronos en una semana, 1 por día; iba intercalando en días alternos el hombro para que pudiera descansar y no me doliera mucho; ¡vaya machada!, como fardaba delante de las niñas; después en mi época propiamente adulta apenas salía a ver las procesiones, recuerdo que fuimos mi esposa y yo en muy contadas ocasiones para llevar a nuestros hijos para que vieran en que consistía el espectáculo; pero nunca, nunca pasó del plano meramente festivo, y nunca ahondé más allá de lo meramente folklórico; mi esposa y yo teníamos dos puntos de vista muy diferentes: mientras ella año tras año asistía a los Santos Oficios, yo estaba demasiado endiosado en mi mundanismo para perder el tiempo en esas cosas de marías.

 

“En  la cárcel empezó la semana santa más larga de mi vida”

 

            Lo que por aquellas fechas yo no sabía era lo que el Señor me tenía reservado; todo empezó cuando entré en prisión, ya que ahí empezó mi desierto, ahí empezó mi única pero más larga Semana Santa de mi vida; fue cuando, (ayudado por los voluntarios que semanalmente venían a prisión, con mucho mimo y mucho cuidado,  me fueron introduciendo en la vida espiritual y sin saber ni como ni por qué), empecé a hacerme preguntas que hasta entonces no me había planteado, empecé a indagar en mi yo interior y terminé por exponer todo lo que había hecho en mi vida pasada a la luz del Evangelio y a darme cuenta de todos los errores, faltas y ANIMALADAS  que había sido capaz de hacer, y no paraba de preguntarme: ¿cómo he podido estar tan ciego, Señor?, ¿cómo no me he dado cuenta del error continuo en el que he estado viviendo tanto tiempo?; mi vida pasada había sido una continua farsa de buena vida, fiestas, comilonas, viajes, buenos hoteles, mujeres, (excepto drogas); ¿para que me han servido, Señor?, ¿para que sirve ese placer tan efímero que no dura ni un segundo más del que tarda en consumirse?; recuerdo que me planteaba que ni siquiera el tiempo que estuviera en prisión sería suficiente para limpiar la suciedad que sentía por fuera y por dentro en aquellos momentos; ¡me sentía tan sucio…!

 

Hice mi propia confesión por escrito al Señor, a Él, cara a cara, solos, sin más mentiras, sin más tapujos, llamando a cada cosa por su nombre.

 

“En mi celda lloré amargamente de rabia, impotencia y arrepentimiento”

 

            Gracias al voluntariado (yo que hasta entonces que me había considerado el más guapo, el más listo, el más afortunado) pude ir asimilando mi papel de imperfecto y pecador, y fui comprendiendo el amor, la misericordia y el perdón de Dios; recuerdo en la oscuridad de la celda ya todos acostados cuantas noches lloré amargamente de rabia, impotencia y arrepentimiento; aún hoy, con menos frecuencia sigo llorando desconsoladamente en la oscuridad de la noche por lo mal que he administrado y aprovechado el precioso tiempo que Dios nos concede todos los días de nuestras vidas.

 

            Pasé mi primer Adviento y Navidad de una forma diferente, no por estar en prisión, sino porque lo sentía y lo vivía de otra forma más bonita e intensa, saboreando lo que cada Tiempo Litúrgico es, representa y significa para cada cristiano, experimentando las diferentes etapas que vivimos de Cristo y con Cristo.

 

“En la cárcel comencé a rezar y a leer la Palabra de Dios todos los días”

 

            Por aquel tiempo, ya asistía a todas las Misas y me iba empapando de todas las lecturas del Evangelio y de las Homilías y además nos reuníamos un grupo de cinco presos en el módulo todos los lunes por la tarde con una voluntaria y rezábamos las Vísperas y como era Ministra de la Comunión, nos traía en el Viático la Comunión a los cinco y terminábamos nuestras oraciones recibiendo el Santo Sacramento.

 

           Cuando empezó la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza nos fue preparando para vivir el “centro vital del cristianismo”, la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y recuerdo que el lunes anterior al Domingo de Ramos, me trajo el libro LAS SIETE PALABRAS del padre Ramón Cué y me dijo que leyera una cada día de la Semana Santa y reflexionara sobre ella; conseguimos meternos todos los días a las cinco de la tarde en la celda de uno de nosotros, todo el grupo, y leíamos cada día una PALABRA del libro y la comentábamos y hablábamos y rezábamos durante dos horas; que experiencia más bonita y enriquecedora.

 

            También por aquel tiempo ya estaba enganchado a RADIO MARÍA y apenas veía la televisión, me quedaba hasta bien tarde escuchando la radio y escribiendo sobre todo lo que caía en mi mano que me enriquecer y saciar de la sed que tenía de Cristo Jesús.

 

“Nunca me he sentido tan libre como ahora”

 

            Fue una semana inolvidable; fue mi primera Semana Santa vivida exterior e interiormente como se debe de vivir lo que representa  “la persona de Cristo muerto y resucitado”,  entender el amor de Cristo que le hizo entregarse y morir por nuestros pecados, y  meter al Señor en nuestras tareas de cada día.

 

            Cuando al lunes siguiente nos volvimos a ver con la voluntaria mi cara expresaba otra expresión diferente, estuvimos comentando nuestras experiencias de esta semana tan especial e intensa  y me quiso regalar el libro; yo se lo agradecí pero le dije que prefería que me lo prestase y yo manuscribirlo y así lo hice; todos los lunes al terminar nuestras oraciones cada uno decía algo que sintiera en aquel momento y ese día dije de forma espontánea: “nunca me he sentido tan libre como ahora, que es cuando más rodeado de barrotes y de rejas me encuentro”.

 

Juan Lara Ruiz

Ex -encarcelado

       

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