Querido y estimado padre
Ángel:
Me gustaría aprovechar estas
fechas tan señaladas para agradecerle todo lo que ha hecho usted por
mí y mis compañeros desde el último año. Gracias por su apoyo
incondicional, por su ayuda, bondad, respeto, caridad y fe.
Recuerdos de mi segunda
semana santa entre rejas
Le cuento que ésta ha sido
mi segunda semana santa entre rejas. He vivido tres días muy
intensos y profundos. Podría decirle que los he pasado de una manera
muy distinta a las semanas santas anteriores. Le confieso que algo
ha cambiado en mí y ciertamente ha sido para mejor sin ningún tipo
de dudas.
Ahora recuerdo como hace 11
años falleció mi hermana con 17 años. Mi madre la recuerdo como una
mujer fuerte y buena persona donde las haya, pese al profundo dolor
de su muerte. Ella me ha llevado a pensar y a reflexionar en algo
que quizás nunca iba a comprender a lo largo de mi vida. Y es que
quizás “Dios se la llevó con Él porque le esperaba algo peor”.
Ahora aquí en la prisión he
tenido muchas horas para pensar y recapacitar. Me pregunto que
quizás mi destino me tenía marcado este duro camino porque a mi
también me esperaba algo peor. Pero después de 18 meses privados de
libertad y bajo tan desfavorables circunstancias he logrado tener
una serenidad de ánimo y paz interior tan poderosas e internas como
nunca había experimentado en mi vida.
Aquí en la cárcel ayudaré en
lo que pueda a los demás
Creo que ya he pagado con
creces el daño que hizo una persona con un trastorno mental. Ahora
sólo me queda derramar hasta la última gota de sangre como hizo
Jesucristo en la cruz por una buena causa. Creo que ese es mi caso y
por eso le digo que mientras esté encarcelado ayudaré en lo que
pueda a los demás. Y cuando quede libre pienso disfrutar de una
nueva vida con todos mis seres queridos, llena de amor, paz,
tranquilidad y fe. Intentaré vivir lejos de esta sociedad
consumista, egoísta y sin valores.
¡Ojala! pueda transmitir de
alguna manera al prójimo todo lo aprendido en esta etapa tan
complicada, gracias a personas tan especiales y entrañables como
usted, con su total entrega e incansable lucha en pos de que los
presos soñemos y creamos en un mundo mejor.
Mil gracias por haber
cambiado un aparte de mi ser y principios. Gracias por aportarme ese
rayo de luz que tanto necesitaba e indudablemente llevaré conmigo el
resto de mis días.
Siempre y para todo “un
amigo”.