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En el patio
del modulo de mujeres me encuentro con Alba. Es una mujer joven, tiene
veintiocho años, separada y con un hijo de seis. Delgada y con la
mirada un poco triste, se acerca y me dice:
- Padre, soy anoréxica y esta enfermedad ha
sido la que me ha traído a la cárcel. Si yo le contara Padre…
Llegué a pesar hasta 35 kilos, la masa muscular desapareció de
los brazos y piernas… Todo comenzó como un juego. No quería
comer para mantenerme delgada y bonita. Pero con el tiempo me
acostumbré a no comer… Sólo el hecho de ver comida ya me daba
nauseas. E incluso con un chuchillo amenacé a mis padres si me
daban comida.
Alba ha
quedado callada mirando al suelo. Tras unos momentos de silencio con
pena comienza ahora a hablarme de su hijo.
- Álvaro, mi hijo de tres años no tiene la
culpa de esto… Ahora aquí me acuerdo mucho de él y me arrepiento
de las tonterías que he hecho, de lo violenta que he sido con
los míos, de la persona a la que pegué y maltraté. Yo mismo me
he buscado este duro alejamiento que me ha mandado el juez.
Ahora comprendo que por culpa de la anorexia era un peligro para
mi propia familia.
Preguntas para la reflexión:
1.-
¿Conoces algún caso de anorexia semejante al de Alba?.
2.-
¿Cuáles
son los sentimientos de Alba en la cárcel como mujer y madre?.
3.- ¿Qué le aconsejarías a Alba?.
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