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José Antonio
es un hombre canoso, con la piel arrugada y pasados los sesenta años. Es
uno de esos hombre en los que la vida le ha golpeado por sus errores y
delitos. Me confiesa que ha pasado la mayor parte de los años de su vida
en las cárceles. Hoy José Antonio tiene deseos de ser escuchado. Nos
sentamos, saca de su bolsillo la copia de una carta que escribió hace
treinta años desde la cárcel a un niño agradeciéndole el regalo que le
había hecho en el día de Reyes. La desenvuelve y con mucha emoción me la
lee:
A mí querido
amigo Luís Miguel:
Hola amigo, no
sé que edad, ni en que curso podrás estar, lo que si estoy convencido es
que tienes que ser un niño maravilloso, tus padres deben sentirse
orgullosos de ti. Quiero que sepas que tal vez pueda ser tu padre, ya
que tengo 33 años. Pero pese a todo, solo puedo asegurarte que estos
Reyes han sido los que jamás olvidaré en mi vida, tú y todos los miles
de niños como tú habéis hecho posible que en unas fiestas como la de
Reyes miles de hombres hayamos sido tan felices con vuestros regalos,
con vuestros detalles. Gracias, gracias….
Le pido a los Reyes que me
traigan el cariño de los que estáis fuera de la cárcel
Aunque eres
pequeño y aún no comprendes muchas cosas, hoy quiero decirte desde la
cárcel que la sociedad es injusta con nosotros. Nos trata como fieras
enjauladas, olvidándose de que también, a pesar de que nos lo
merezcamos, necesitamos el cariño que nadie nos lo podía dar mejor que
ustedes, los niños, los que no tenéis maldad, los que no sentís rencor
por nada. Y este es el regalo que hoy le pido a los Reyes Magos: el
cariño y cercanía de los que estáis fuera de la cárcel.
Te digo que
conservaré siempre tu regalo. ¿Cuántos os habréis quedado con las huchas
vacías por aportar vuestros regalos a hombres que para la sociedad solo
somos el desperdicio, el deshecho? Pero a ustedes eso no os ha
importado.
Qué
impotencia, amigo, siento de no poder corresponder con un regalo del que
tú bien si que te mereces.
En la cárcel se pierde hasta la
propia familia
Te confieso
que yo siempre he estado falto de cariño. En este lugar se pierde todo,
hasta tu propia familia. Amigo, no consientas jamás que nadie te pueda
arrebatar tu libertad, lucha dignamente por ella. Nada mejor que seguir
siempre los consejos de tus padres, cuando tengas mi edad tú vas a
llegar muy lejos. No te salgas jamás de ese camino que has emprendido
tan digno y humano. La única verdad está en ser servidor del Señor.
Hoy más que
nunca sé el valor que tenéis los niños, los que en silencio os dais
cuenta de todo. No dudes que siempre tendrás un amigo fiel si tú deseas
serlo.
Ya no voy a
incordiarte más. Sólo me resta volver a darte las gracias. Gracias
amigo, que Dios te bendiga.
Tu amigo de
siempre
José Antonio
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