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CARTA DE UNA PROSTITUTA A DIOS ¡Dios mío, sigue a mi lado hasta el final! Dios mío: Aunque ya tengo 75 años y estoy a punto de juntarme contigo, sé que tú me conoces desde antes de nacer y sabes los problemas que pasó mi madre, que era una niña de quince años que, de pronto, se dio cuenta de su embarazo, y cuando se lo contó a sus padres la echaron de casa, y el novio, que era bastante mayor que ella, no quiso saber tampoco nada de mí, así que la pobrecita nada más dar a luz me tuvo que dejar en la beneficencia. Ahí fue lo más difícil de todo, cuando yo, que era una niña, tuve que trabajar en la prostitución para poder pagarme la pensión, y tenía que hacer todas las cosas que los hombres me pedían, y me pegaban y me echaban y pedían que fuera otra… Así que la dueña de la pensión me enseño que había que sonreír siempre a los clientes, que me comiera mis lágrimas, que ellos pagaban para divertirse y…. aprendí a no enseñar a nadie lo que tenía por dentro y a hacer cosas que nunca me atrevería a contar a nadie, pero que solo tú, Dios, las sabes perfectamente, porque estabas siempre a mi lado. Siempre Señor, te he pedido ayuda y siempre me la has dado. Estoy segura de que, cuando estaba en aquel infierno y empecé a beber para soportarlo, tú estabas a mi lado ayudándome para que no me quitara la vida, que era lo que me venía una y otra vez a la cabeza. También me gusta ir a una iglesia y hablar contigo… Hoy quiero darte gracias por todo lo que me has ayudado siempre, y te pido que sigas a mi lado hasta que sea el final. No me dejes sola ni un momento, por favor, te lo pido, Dios. (JOSEFINA, prostituta)
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