Pastoral Penitenciaria Trinitaria

DESDE EL PENAL DE SARITA COLONIA EN EL CALLAO (PERÚ)

         Con motivo de las celebraciones de los 50 años de los Trinitarios en Perú, visitamos el penal de Sarita Colonia en el Callao. Ingresamos al penal en el que están hacinados alrededor de mil ochocientos presos. Desde las rejas de los pabellones nos tienden la mano pidiéndonos cosas:

- “Padrecito, no tengo para la lavar la ropa…déme un sol……Tengo hambre, padrecito, consígame algo para comer…”

          Según informaciones, el gobierno peruano destina alrededor de un euro diario por preso para alimentación. Me pregunto viendo aquellos rostros con hambre de pan y de justicia:

- ¿Es justa esta situación en la cárcel?. Los presos tienen derecho a salud, alimentación y educación en la cárcel.

          Llegamos a la capilla para celebrar la misa…Hay más de cien internos que andan ensayando los cantos y preparando la celebración. Preside la capilla una imagen del Señor de los Milagros, la gran devoción del pueblo peruano. Leemos el evangelio de los diez leprosos que curó Jesús y el único que fue a  agradecerle la sanación. Contemplando aquellos rostros de hombres golpeados por la dureza de la pobreza y marginación comentamos las palabras de Jesús al leproso agradecido: “Levántate, tu fe  te ha salvado”.

“Amigos  y hermanos, os traigo los saludos de muchos hermanos vuestros que hoy en España están como vosotros en la cárcel anhelando esa ansiada libertad. No es éste el tiempo de llorar por los errores cometidos sino como nos señala Jesús en su evangelio, hay que levantar esos ánimos, pensar que tras estas rejas están vuestros familiares que os aman y ya os han perdonado… Pensad que aunque la sociedad os siga condenando, Cristo y su Iglesia os perdona… Aquí están vuestros amigos y hermanos voluntarios que vienen a  acompañaros y a tenderos esa mano que necesitáis… Ánimo y uniros a los sentimientos del apóstol Pablo que estuvo en la cárcel  prisionero por Cristo. Su fe en él le llevo a decir que “ni el hambre, ni el dolor, ni la muerte le separara del amor de Dios”.

         Las guitarras tocadas por los mismos internos, la oración de petición por su libertad y la reflexión y silencio acompañaron esta emotiva celebración eucarística en la cárcel. Al final veo una larga cola que se acercan diciendo:

- Padrecito, dénos la bendición

          Y al hacer la señal de la cruz sobre sus frentes recibí el regalo de una sonrisa y de un emotivo agradecimiento diciendo:

- ¡Gracias padrecito!

 

Preguntas para la reflexión:

1.- ¿Qué piensas de este testimonio?.

 

2.- ¿Cómo hacer  más digna la vida en la cárcel?

 

3.- ¿Qué les aconsejarías a estos hermanos tuyos encarcelados?

       

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