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Santiago y Luisa, un matrimonio al que la cárcel les ha separado, ahora
lloran su error y delito. Sentados en la mesa del modulo, me comenta
Santiago:
-Mire,
Padre, necesitábamos urgentemente dos millones de pesetas para
pagar la hipoteca del piso. Mi mujer no tenía trabajo fijo y con
mi sueldo no llegábamos a fin de mes. Así es que nos arriesgamos
a hacer de camellos y pasar un paquete de droga. Los narcos, nos
dijeron que todo estaba seguro y que no habría ningún problema.
Pero al fin, las cosas se complicaron y la policía nos detuvo
con el paquete. Y ahora estamos los dos en la cárcel, solos,
aislados, sin trabajo sin apoyo de la familia y sin el dinero
para pagar la hipoteca.
La
verdad que tras escuchar a Santiago no sabía que responderle, pues
pensaba en esas millonarias hipotecas que tienen enganchados de por vida
a tantos jóvenes que quieren salir adelante. Y pensaba que la tentación
de Santiago y Maite seguro que se le pasara a más de uno. Solo me quedo
decirle:
-Animo, Santiago y a aprender de los errores de la vida, que el
fin por muy bueno que sea nunca justifica los medios.
Preguntas para la reflexión:
1.- ¿Dónde
está el error de este matrimonio?
2.- ¿Crees
que una hipoteca justifica meterse en el negocio de las drogas?
3.-
¿Qué les aconsejarías?
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