Pastoral Penitenciaria Trinitaria

DIOS ME HA TENDIDO  UNA MANO

        Manolo tiene solo veintisiete años. Es la tercera vez que ingresa a la cárcel. En esta ocasión ha sido por un asalto a una gasolinera. Conversando con él me dice:

- Padre, yo no soy drogadicto pero he cometido varios robos y asaltos. Ahora aquí en la cárcel, lejos de la familia, sin libertad y sin amigos,  uno piensa mucho. Y ahí  me doy cuenta que Dios me ha traído aquí para que no cometiera errores mayores en la vida. Por eso yo creo padre, que Dios me ha tendido una mano trayéndome a la cárcel. Yo me conozco y si no hubiera venido al talego quizás estaría peor. Por eso no me quejo e incluso doy gracias a Dios que me ha salvado de algo peor. Aquí ha estado la mano de Dios. Ahora me doy cuenta que tengo que cambiar, que ya no puedo ir por la vida robando y haciendo tonterías. Le prometo padre que voy a ir todos los sábado a misa, confesaré a Dios mis pecados y cuando comulgue la hostia le pediré al Señor las fuerzas que necesito para cambiar de vida.

       Y con una palmada en la espalda, animo a Manolo a hacer realidad esos proyectos  y sueños de un hombre nuevo que tiene en mente:

- Animo, Manolo, confía en ti y confía en Dios que no te ha dejado solo en la cárcel. Como tú acabas de decirme: “El te ha tendido no una sino sus dos manos”.

 

Preguntas para la reflexión:

1.- ¿Cuáles son los pensamientos y sentimientos de Manolo en la cárcel?

 

2.- ¿Qué imagen de Dios tiene Manolo?

 

3.- ¿Qué le aconsejarías?

       

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