|
En un rincón del patio contemplo
a un joven triste y con la mirada perdida. Me acerco a él y le pregunto:
- ¿Cómo
te llamas? ¿Qué te ocurre? ¿Por qué estas triste?
- Mi
nombre es Alberto. Y estoy con las pilas bajas porque ya estoy harto
de la cárcel. Aquí estoy perdiendo el tiempo. Pienso en mi mujer y
en mis tres hijos. Ella no tiene trabajo fijo y además tiene que
cuidar a los niños. Actualmente vive de las ayudas que le dan unos y
otros.
Tras escucharle le respondo y le
animo:
- No
digas que estás perdiendo el tiempo pues en la vida no hay tiempo
perdido y todo tiempo es una oportunidad para madurar…Ahora
tranquilízate, aprovecha para realizar todos los cursos que hay aquí
en la prisión… intenta estar en paz contigo mismo y sé feliz. Creo
que es el mejor regalo que puedes hacerle a tu mujer y a tus hijos.
Alberto piensa en lo que acaba
de decirle. Al final sonríe y me dice:
- Lo
intentaré Padre. ¡Gracias!.
Preguntas para la reflexión:
1.- ¿Crees que en la
cárcel se pierde el tiempo?
2.- ¿Qué podría hacer
Alberto desde la cárcel por su familia?
3.- ¿Qué le aconsejarías?
|