Pastoral Penitenciaria Trinitaria

JUAN Y PEDRO, DOS HIJOS PRÓDIGOS QUE SE HAN ALEJADO DE SUS FAMILIAS

Con doce años de cárcel, ya no hay Dios que confíe en uno

 

Llego a la oficina de capellanía… Entre los papeles y libros encuentro sobre la mesa un libro titulado “Comentario al Islam”. Releo un punto en donde dice que para la religión del Islam no hay pecado original dado que Dios nos ama desde que nacemos.

 

 Mientras  voy hoy al modulo 13, pienso lo que decía el Islam, que Dios es bueno, que siempre confía en nosotros y que no nacemos con pecado original.... Pienso si quizás nosotros no teníamos que insistir más en la presencia de Dios en nuestra vidas que no tanto en el pecado…Tras abrir las puertas del modulo me acerco a, Juan y  Pedro… Están jugando al dominó y me uno a ellos para echar una partida… Mientras jugamos Pedro me dice: “otra vez en el talego”... Llegué hace una semana por lo mismo de siempre, la droga… Le animo, pero mis palabras le resbalan… Pedro sigue hablando y quejándose de la vida… Me dice  “Hoy tengo treinta y dos años y llevo desde los 16 en reformatorios y cárceles… ¿Quién va a confiar ya en mi.. Ya no hay Dios que confíe en uno… ¿Quién me dará trabajo con este currículo de doce años en la cárcel?.... Hago silencio, y Pedro sigue hablando… Ahora con su mirada y su voz temblorosa recuerda a su familia y dice: “La culpa la tuvo mi padre que se separó de mi madre, yo me fui a vivir con mi padre pero me dejó solo en la calle… Y la calle es muy dura a esas edades, las malas compañías, el enganche a la droga… Y cuando uno tiene el mono de la droga, hace todo lo imposible por conseguirla… Imagine que yo gastaba hasta seiscientos euros diarios en esa mierda de droga que me ha traído de nuevo al talego….

 

        Las fichas del dominó se van colocando en el centro… Ahora habla Juan… ”estoy aquí por un error, me pillaron en un coche robado y por tener antecedentes… y  al talego de nuevo… Me dice que ya es la tercera vez… Y conversando pues reconoce que también tiene problemas con la droga… Me da el numero de teléfono para que llame a su madre que aún no sabe que está en la cárcel… Me pide que le diga que venga a visitarle y que le traiga ropa… Anoto el numero de teléfono… Y mientras escribo, Pedro dice: “Mi padre es un desgraciado que ya no quiere saber nada de mi… Pero por si acaso, anote Padre el numero de él y llámele por teléfono por si quiere venir a verme”.

 

 ¿Por qué Dios en mi vejez me ha enviado esta cruz de un hijo preso?

 

            Llamo a la madre de Juan… Es una mujer anciana que tras darle la noticia de su hijo, se echa a llorar y me pregunta: ¿Por qué Dios ahora en mi vejez me ha mandado esta cruz?.... Entre lagrimas la pobre mujer me repite: “Padre, ya no puedo más con este hijo… Ayúdele usted para que se reponga”.

 

Llamo al Padre de Pedro… Le digo que he estado conversando con su hijo y que desea verle…. Su respuesta fue clara y concisa: ”De ese hijo ya no quiero saber nada… ha robado, ha asaltado, está en el trapicheo de la droga… La verdad que usted Padre es una persona buena y valiente pero mi hijo es un desgraciado que nos ha estropeado la vida”. Tenga presente que yo iré a visitarle a usted antes que al desgraciado de mi hijo… Adiós Padre.

 

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