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Fernando tiene
28 años y tres hijos. Mientras está jugando al dominó repite y repite:
¡Las mujeres son malas...! Ya solo me fío de mi madre y de mis
hermanas.
-
¿Por qué dices eso Fernando? –
le pregunto:
Fernando deja
de mirar a las fichas de dominó y ahora levanta la mirada y me dice de
frente:
- Padre, el juez me trajo aquí por alejamiento
de mi mujer…Pero yo le digo que fue ella la primera que me maltrató
psicológicamente. Yo venía cansado del trabajo y todos los días me
echaba en cara que era un inútil, que buscase otro trabajo, que con
el dinero que traía a la casa no llegaba para alimentar a los hijos.
Y así fue como el amor de mi esposa se convirtió en odio y amenazas
de dejarme e irse con otro hombre. Ya un día reventé y le levanté la
mano. Ella aprovechó para denunciarme, el juez dictó sentencia de
alejamiento. Por el bien de mis hijos me acerqué a ella para hablar
y solucionar las cosas entre nosotros. Pero ella no quiso y de nuevo
me denunció por maltrato y aquí estoy pagando esa injusta sentencia.
Tras escuchar
a Fernando me pregunto:
- ¿Será cierto todo lo que me está diciendo
Fernando? ¿No tendrá él también culpa por no cumplir la orden del
alejamiento?
Preguntas para el dialogo y la
reflexión:
1.- Hoy en
las cárceles se dan muchos casos como el del Fernando. ¿Crees que la
nueva ley de defensa de la mujer en los maltratos, es suficiente?
2.- ¿Qué
alternativas podrían darse al caso de los maltratos que no sea la
cárcel?
3.- ¿Qué le aconsejarías a Fernando?
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