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Entro al modulo de mujeres en
donde conviven diariamente alrededor de cien mujeres…Sentada en un
rincón del patio veo a una joven que está llorando.
-
¿Cómo te llamas y por que
lloras mujer? – le pregunto.
Las lágrimas siguen brotando de
sus ojos. Después de un rato levanta la cabeza, me mira y me dice:
-
Mi nombre es Ruth y estoy llorando por mi hijo. Hace más de un
año que no lo veo. Mi compañero con el que convivo me enredó en el
trapicheo de la droga y por culpa de él estoy ahora aquí en la
cárcel. Y lloro y lo siento mucho por mi hijo. Tiene solo cuatro
años. Me avergüenzo ante de él de haber cometido estos errores.
Quisiera salir de la cárcel, abrazarlo y comerme a besos a mi hijo.
Con toda mi alma le diría: ¡perdóname hijo por el mal que te estoy
haciendo!.
Tras contemplar el rostro de
dolor y pena de Ruth sólo me quedó decirle:
-
¡Animo
Ruth! No llores más que tus lágrimas van a ahogar el corazón de tu
querido hijo. Anímate mujer que esta pagina de la cárcel pasara
rápido y de nuevo estarás en tu casa abrazando a tu hijo.
Al final de esta pequeña
conversación, Ruth me regala una sonrisa y tan solo dice
-
¡Gracias!
Preguntas
para la reflexión:
1.- ¿Qué sentimientos tiene
Ruth en la cárcel hacia su hijo?
2.- ¿Qué es lo que más le
preocupa a Ruth?
3.- ¿Qué le aconsejarías tú?
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