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En la
cárcel hay mucho dolor, mucha pena y tristeza…. Pero también hay mucha
alegría y sonrisas entre los encarcelados.
Hoy ha
sido uno de esos días que he visto sonreír a carcajada limpia a los
presos…
Conversando en el modulo con cinco de ellos, Alfredo, un hombre
trabajador que por primera vez ha ingresado a la cárcel, nos contaba:
- Yo les confieso que el primer día que ingrese a la prisión
estaba “cagao” de miedo. Recuerdo que esa noche ni dormí. Luego
se me pasó el miedo. Comencé a hacer amigos aquí e incluso logré
trabajar en los talleres.
- Y ¿por qué estás aquí Alfredo? –
le
pregunto.
Alfredo
con una mirada transparente y con una sonrisa inocente nos dice:
- Tuve una mala tarde. Todo fue por una pelea que me ha dejado
doblada la nariz…. Pero con todo, no es tan mala la cárcel…
Tenemos comida, televisión en el chavolo, nos lavan la ropa y
no nos controla la mujer… ¿qué más podemos pedir?
- ¡Ja,ja,ja!
Todos
reían ante las ocurrencias de Alfredo y las anécdotas que nos
contaba…Por unos minutos Alfredo devolvió la alegría a sus compañeros.
Pedro, compañero de chavolo de Alfredo comenta:
- Si todos tuviéramos este espíritu alegre de Alfredo, nos iría
mejor en el talego. Su actitud a mi me ha ayudado a levantar los
ánimos y a no pensar tanto en lo negativo de la cárcel. Como me
dice muchas veces Alfredo: “Hay que vivir felices y contentos
estos cuatro días que nos toca vivir. Si estamos alegres,
contentos y ocupados durante el día, pasara más rápido el tiempo
en el talego”.
Preguntas para la reflexión:
1.-
¿Crees que es posible sonreír y ser feliz en la cárcel?
2.-
¿Qué piensas de la actitud de Alfredo?
3.- ¿Qué podrías hacer tú para llevar un
poco de alegría al encarcelado?
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