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"UNA CONFESIÓN" De la Hoja Informativa de Secretariado Diocesano de Pastoral Penitenciaria Córdoba - Diciembre 2006 - Nº 0
- Yo me confieso en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Estoy muy arrepentido de haber hecho tanto daño. Señor cura, yo he pecado. - ¿Cómo hijo mío?. - Desde mi celda oscura, donde todo es hierro frío. Me fui a dormir con la luna, mi amiga de todas las noches, desde mi sueño velado salté y me metí en su cuna. - Y dime, hijo, ¿tienes más pecados?. - Quizás. Acaso sí lo serán los besitos del mal intencionados, con la firme ilusión de que un maldito rayo destroce la prisión y deje los muros derrumbados y marchar en paz con mis hijos y esposa. - Dime, chaval ¿porqué te tienen encerrado?. - Pues por jugar con las drogas, padre, por jugar con las vidas del prójimo y lucrarme con ella y alimentar mi vicio. - Y ¿cuál es tu vicio?. - Padre, yo lo odio, pero él me vuelve loco, es un demonio de color blanco y marrón. Por favor, dígale a Dios que me lo arranque del corazón y no cause más destrozos. - Bien, hijo mío, al buen Dios voy a hablar y él hará lo que proceda. El podrá desterrar ese alazán de la tierra. Mientras, ya te puedes preparar a superar la penitencia que mis manos te van a brindar. EN una tengo una flor, en la otra una jeringa. Piensa y medita, pecador, sobre la muerte y la vida. Germán
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