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III. Adoración y alabanza a la Trinidad “San Juan de Mata, guiado por el Espíritu Santo, se retira al desierto de Cerfroid, en el que habitaba, San Félix de Valois. En la asidua oración y adoración, iniciaron los fundamentos de la Orden de la Santísima Trinidad y de la Redención de Cautivos” Es el Espíritu quien ahora ha de actuar. Él está dispuesto,sólo necesita que tú también los estés... Deja preocupaciones, y haz un sitio a Dios en ti... Bueno será que, desde este momento, hagamos fuerte el deseo de orar, de querer estar... Reaviva tu fe en la presencia de Dios... aquí..., déjate envolver por su Presencia... fuera y dentro... Deja que el Espíritu te muestre el Rostro de Jesús, adora su Presencia..., deja que tu interior, lo más hondo que hay en ti..., allí donde sólo llegas tú, sea lugar de estancia de Dios Padre... Aviva tu fe... La adoración es el sentimiento más importante, homenaje de la criatura hacia su Creador. Deja que el Espíritu mueva tu interior, para que tu mismo cuerpo se disponga también para la adoración... Adora... y confía... (silencio...) CANTO: (Que actualice la presencia del Espíritu) El Espíritu siempre está en ti... eres tú, soy yo, quien tiene que ser sensible y estar abierto a esa Presencia, despertar... acoger... llámate a ti mismo con tu propio nombre... invítate a estar aquí y ahora... el Espíritu quiere ayudar tu flaqueza “El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8, 26-27) (silencio...) “Todos los que son enviados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios” (Rm 8, 14) (silencio...) ¡Dios mío, Trinidad a quien adoro! Déjate llevar por el Espíritu que quiere guiar tu adoración. Deja que penetre en ti, que clame en ti, que se una a tu espíritu, que te haga sentir el “ser hijo de Dios”. Mira, contempla, adora... Admira... ¡Dios mío, Trinidad a quien adoro! Reconócete criatura de Dios, cada vez más sediento del conocimiento de tu Señor, “Hazte conocer por mí, tal como eres,” Dios mío “y no como yo te empequeñezco” “Dijo Moisés: Déjame ver, por favor, tu gloria” Él contestó: ‘Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh; pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia’ Y añadió:’ Pero mi rostro no podrás verlo’; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo’
Luego
dijo Yahveh: “Mira, hay un lugar junto a mí; tú te colocarás sobre la peña. Y al pasar mi gloria,te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado’ Luego apartaré mi mano, para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede ver” (Ex. 33,18) (silencio...) CANTO: (de adoración) “Toda nuestra oración parte de este principio: el hombre que vive a fondo la autenticidad de la propia experiencia siente inmediata, instintivamente, la exigencia de expresarse por medio de una oración de alabanza, de acción de gracias, de ofrenda o de entrega“ (Carlo María Martini) Admiración y afecto, amor confiado y filial... El orante vive en tensión de:búsqueda – encuentro- deseo. Diálogo con el Dios Amor, cercano y a la vez siempre mayor. En esta actitud el que ora, siente el desgarrón del “ya sí” pero “todavía no”. Queda desarmado, y, “adora y confía”. Se sumerge, perdido y anonadado, en la contemplación del Rostro de Dios revelado en Cristo Redentor. El Espíritu “derramado en nuestros corazones” empuja a descubrir el Plan del Padre, pone constantemente al seguidor de Jesús en la “frontera” de la entrega, para buscar siempre lo que “al Padre le agrada” “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’ tú le habrías pedido a Él, y Él te habría dado agua viva” (Jn 4,10-11) (silencio...) “Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4, 23-24) (silencio...) CANTO: (De abandono confiado)
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