V. “Nuestros destinatarios...”

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 “San Juan de Mata

se retira al desierto de Cerfroid,

para descubrir el nuevo camino:

‘liberar a Cristo en el hermano que

sufre y gime’ “.

Centra tu pensamiento en el interior de tu persona...

Acoge tu cuerpo en el silencio...tal como es.

Es vehículo de oración...

portador del Misterio de comunión que es Dios.

Observa las tensiones que te afloran,

los pensamientos inquietos e intégralos en el silencio.

Preséntalos confiadamente al Dios de la Paz.

Quédate sólo tú y sólo Él...

(silencio...)

La adoración nos lanza a la vida..

Lleva a la intercesión, al descubrimiento

de los gritos de los pobres y cautivos

La oración nos lleva a un camino de sencillez,

de confianza en Dios y de humildad.

Ésta es la opción que hizo Jesús,

y que desconcertó tanto a los de su tiempo,

 y que también nos descoloca a nosotros...

Este desconcierto  nos exige:

“Dejarnos llevar por el Espíritu al desierto”,

al lugar de la prueba y del discernimiento.

No podemos acercarnos al hermano si no somos enviados por el Espíritu.

Y no podemos ser enviados por el Espíritu

si  antes no hemos experimentado su Presencia,

si no somos hombres y mujeres de Espíritu,

podemos hacer muchas cosas, y todas muy buenas,

podemos dedicar mucho tiempo a “hacer”

pero mientras no “seamos” “testigos” experimentados,

mientras no hayamos “saboreado” la vida misma

que se vive en la comunión de la Trinidad,

      no seremos evangelizadores.

Ahí, en esa vivencia, nos dejará claro

quiénes son los destinatarios, preferidos de nuestra misión.

(silencio...)

CANTO: (Invocación al Espíritu)

“El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque me ha ungido

para anunciar a los pobres la Buena Nueva,

a proclamar la liberación a los cautivos

y la vista a los ciegos,

para dar la libertad a los oprimidos

y proclamar  un año de gracia del Señor”

(Lc 4,16-1)

(silencio...)

Ya nos queda claro,

nuestra misión está en la frontera,

está en dejarnos guiar por el Espíritu

“que sopla donde quiere,

oyes su ruido, pero no sabes

de dónde viene ni adónde va”

 (Jn 3,8)

(silencio...)

CANTO: (súplica confiada)

(silencio...)

Ahí, es donde oímos los gritos de los pobres y cautivos.

Es el Espíritu quien  abre nuestros oídos,

nuestro corazón para escuchar.

Esos gritos que llegan al corazón del Padre

han de tener eco en nuestra vida, en nuestro compromiso,

 en nuestra respuesta...

“Dijo Dios:

‘Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto,

y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores;

pues ya conozco sus sufrimientos.

He bajado para librarle de la mano de los egipcios

y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa...

Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta a mí

y he visto la opresión con que los oprimen.

Ahora, pues, ve; yo te envío”

(Ex 3,7-10)

(silencio...)

Como los verdaderos testigos hemos de ser

buscadores constantes de la voluntad divina.

Y nuestra actitud ha de  ser como la suya:

súplica incesante:

“He aquí que yo vengo...

para hacer, oh Dios, tu voluntad”

(Hb, 10-5)

(silencio...)

 

“No busco mi voluntad, sino

la voluntad del que me envió”

(Jn 5, 30)

(silencio...)

“Hoy el mundo necesita más que nunca de una vuelta a la contemplación... El verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel que venga del “desierto” como Moisés, Elías, el bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen las personas acostumbradas a hablar con Dios cara a cara

(A. Hortelano)

Los que nos sentimos seguidores de Jesús de Nazaret,

 no podemos hacer oídos sordos a los gritos de los cautivos

 y al clamor de los pobres...

La experiencia orante de la escucha de los gemidos

lleva a vivir en la fraternidad,

la experiencia del amor misericordioso del Padre,

a descubrir el Rostro de Cristo en los pobres y cautivos,

a romper nuestras ataduras y egoísmos

por la fuerza del Espíritu Santo que nos empuja

a descubrir, en el aquí y ahora,

la raíz más profunda de la vocación cristiana.

“En el hermano cautivo está sufriendo Cristo” y el orante

tiene que clamar a Dios Padre  por la liberación

del esclavo, del cautivo, del que sufre...

y ponerse en actitud de humildad...

de servicio... donación....”

(silencio...)

“En esto consiste el amor:

no en que nosotros hayamos amado a Dios,

sino en que Él nos amó y nos envió a su Hijo”

(1Jn 4,10)

(silencio...)

“Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios,

no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría,

pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna,

sino a Jesucristo, y éste crucificado”

(1Cor 2,1-2)

(silencio...)

“Muy a gusto presumo de mis debilidades,

porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”

(1Cor 12,9-10)

(silencio...)

Deja que el Espíritu vaya introduciendo en tu corazón

los sentimientos que brotan de la Palabra de Dios.

Un amor redentor, liberador.

Que penetre tu vida, tus actitudes, tu misión...

Que te capacite para escuchar

el grito de los cautivos y el clamor de los pobres.

CANTO:

(Que exprese la misión redentora)

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