La Santísima Trinidad

 

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En aquel amor inmenso

que de los dos procedía

palabra de gran regalo

el Padre al Hijo decía,

de tan profundo deleite

que nadie las entendía;

sólo el Hijo lo gozaba,

que es a quien pertenecía;

pero aquello que se entiende

de esta manera decía:

“nada me contenta, Hijo,

fuera de tu compañía;

y si algo me contenta,

en ti mismo lo quería.

El que a ti más se parece

a mí más me satisfacía

y el que en nada te semeja

en mí nada hallaría.

En ti solo me he agradado,

¡oh vida de vida mía!

Eres lumbre de mi lumbre,

Eres mi sabiduría,

Figura de mi sustancia

En quien bien me complacía.

Al que a ti te amare, Hijo,

a mí mismo le daría,

y el amor que yo en ti tengo

ese mismo en él pondría,

en razón de haber amado

a quien yo tanto quería.

 

(San Juan de la Cruz)

 

 

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