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INHABITACIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD Reflexión
Ahora bien, esa verdad de fe, ese gran misterio, tan importante pues se refiere a la esencia misma de Dios ¿qué influencia tiene para nuestra vida? Porque, comprenderlo no podemos. ¿Recuerdan que eso también se nos enseñaba? Entonces ¿cómo aplicar a nuestra vida diaria de cristianos eso de que Dios es Uno en Tres Personas? Este gran misterio al cual no nos es posible acceder porque nuestra limitada capacidad intelectual no es suficiente para comprender verdades infinitas como son las verdades de Dios, es -sin embargo- de gran significación para nuestra vida espiritual.
Pero
¿cómo podemos, entonces, vivir este misterio? Mientras a Quiere decir que aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario de una manera velada, no plena, pero en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es. En efecto, nuestro fin último es la unión para siempre con Dios en el Cielo. Pero desde aquí en la tierra podemos comenzar a estar unidos a la Santísima Trinidad y a ser habitados por ésta, pues Jesucristo nos lo ha prometido. Por la Sagrada Escritura podemos deducir cómo puede darse la maravilla que es la inhabitación de la Santísima Trinidad en nosotros: el Espíritu Santo va realizando su obra de santificación, la cual consiste en irnos haciendo semejantes al Hijo. Para eso hay que dejar al Espíritu Santo obrar en nosotros, por lo que debemos ser perceptivos y también dóciles a sus inspiraciones, que siempre nos llevan a buscar y cumplir la Voluntad de Dios.
El Hijo, entonces, si El quiere, nos lleva al Padre.
“Nadie conoce al
Sólo así podremos vivir desde la tierra este misterio de la unión de nosotros con Dios y de nosotros entre sí, tal como el Hijo rogó al Padre antes de su Pasión y Muerte: “Que sean uno como Tú y Yo somos uno. Así seré Yo en ellos y Tú en Mí, y alcanzarán la perfección de esta unidad” (Jn. 17, 21-23). Que al meditar la profundidad del Misterio Trinitario, podamos vivir lo que repetimos al comienzo de la Misa: La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el Amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo esté con todos nosotros, y podamos también comenzar a vivir la unión de nosotros con la Santísima Trinidad y de nosotros entre sí.
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