|
Hemos
venido a Roma para visitar la tumba de los mártires y para escuchar las
maravillas que Dios Padre hace con el testimonio de sus hijos, pues los
mártires, con la fuerza del Espíritu Santo, proclaman, con el precio de
su vida, que nada se puede anteponer al amor de Cristo.
1.-
Los mártires son patrimonio ejemplar de la Iglesia. Su testimonio conmueve y
arrastra al conocimiento de Cristo, el testigo fiel, por el que
ofrecieron su vida. Dieron testimonio del Hijo de Dios y Dios Padre
da ahora testimonio de ellos glorificando su memoria y poniéndolos
como ejemplo para el pueblo cristiano.
2.- Razones que avalan su muerte santa.
Murieron por su fe en el Dios que se había revelado en Jesucristo y
por la libertad de conciencia de llevar la fidelidad a Jesucristo
hasta las últimas consecuencias.
Estuvieron firmes en la confesión del nombre de
Cristo y pagaron con su vida el precio de la paz para su conciencia.
Eran testigos de la verdad y la verdad les hace hombres y mujeres
libres, con la mejor libertad: la del Espíritu que vive en nosotros.
3.- La ejemplaridad de su testimonio.
Desvelan la belleza de la fe cristiana y demuestran, con la
evidencia del amor, que es posible vencer el mal con la fuerza del
bien. Eran sufridos en la tribulación, porque se alegraban en la
esperanza.
4.- ¿Qué esperamos d estas beatificaciones?
La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos. Con ellos
compartimos la misma esperanza que obliga a la Iglesia a ir
peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de
Dios.
En los mártires se ilumina el misterio de la cruz. Ellos y su testimonio
es causa de nuestra alegría. El Señor ha estado grande con nosotros al
ofrecernos la vida y el ejemplo de estos mártires.
Después de atroces torturas, confirmaron su fe.
Murieron pero vencieron; ahora los recordamos en la gloria de Cristo
resucitado (Benedicto XVI).
En ellos nos habla el Espíritu de Dios.
Jesucristo ayer con estos 498 mártires. Jesucristo hoy, que nos llama a
ser testigos suyos en el mundo. Jesucristo, siempre. Él es el más santo
entre nuestros mártires. El Testigo fiel. |