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Jaén, 27 de Octubre de 2007
Muy queridos fieles diocesanos:
Como
bien sabéis, el próximo domingo, 28 de Octubre, viviremos un gran
acontecimiento en la Iglesia y en particular para la Iglesia española y
para nuestra querida Diócesis de Jaén.
En la ciudad de Roma serán beatificados 498 mártires de la persecución
religiosa del siglo XX en España, hecho bien significativo por el número
de los mismos, por lo variado de sus biografías y lugares de procedencia
y también por la diversidad del estado o condición eclesial de cada uno:
2 obispos, 24 sacerdotes diocesanos, 461 miembros pertenecientes a 18
órdenes, congregaciones o institutos religiosos, 1 diácono, 1 sub-diácono,
1 seminarista y 7 seglares.
Todos ellos, hermanos nuestros en la fe, a los que “la Iglesia reconoce
ahora solemnemente que murieron como mártires, como testigos heroicos
del Evangelio” (Mensaje de los Obispos con motivo de la Beatificación)
nos están hablando de fidelidad y amor hasta la muerte: “nadie tiene
amor más grande que quien da la vida por sus amigos” (Juan 15,13). Estos
mártires nos están llamando al testimonio en medio del mundo y nos
indican el camino del cielo, donde ellos interceden por nosotros. Estos
mártires, tan cercanos en lugar y tiempo, nos invitan a la santidad:
conocimiento, amor y seguimiento del Señor Jesús.
Es motivo de inmensa alegría y gozo poder entonar un cántico de alabanza
a través de las voces de quienes siguieron al Cordero, purificadas ya
por su Sangre, y a la que han unido la suya propia.
I.- MÁRTIRES VINCULADOS A LA DIÓCESIS DE JAÉN
Pero, mirando a nuestra Iglesia Diocesana, todo lo dicho se hace
concreto y toma nombre propio: once de los nuevos mártires tienen una
relación expresa
con
nosotros, ya que se trata de:
-
María Francisca Encarnación Espejo Martos, trinitaria
contemplativa, (+ Casillas de Martos), nacida en Martos en el 2 de
febrero de 1873, fue religiosa del convento trinitario marteño y
martirizada la noche del 12 al 13 de enero 1937.
-
José
Vicente de Ormaechea, trinitario,
(+ Villanueva del Arzobispo), nació el 1 de septiembre de 1880 en
Navárniz (Vizcaya) y el 24 de septiembre de 1899 hizo procesión
solemne en Villanueva del Arzobispo. Fue martirizado en 4 de
septiembre de 1936.
- Santiago
Arriaga, trinitario,
(+ Cuenca), nació en Líbano de Arrieta (Vizcaya), tomó el hábito en
la Bien Aparecida de Cantabria el 3 de octubre de 1919. Estudió en
Villanueva del Arzobispo, fue llevado a la cárcel de Belmonte y
después a la Cuenca donde fue martirizado el 24 de septiembre de
1936.
-
Juan Otazua, trinitario,
(+ Mancha Real), nació el 8 de febrero de 1895 en Rigoitia
(Vizcaya), el 17 de mayo de 1918 hizo profesión solemne en Córdoba,
fue hecho prisionero en Andújar el 28 de julio de 1936 y trasladado
a la catedral de Jaén, convertida en cárcel, donde estaba prisionero
el Obispo D. Manuel Basulto. La noche del tres de abril de 1937 es
martirizado en Mancha Real.
-
Prudencio Guerézqui, trinitario,
(+ Andújar), nace el 28 de abril de 1883 en Rigoitia (Vizcaya), hizo
profesión solemne el 8 de diciembre de 1903 y murió martirizado en
Andújar el 31 de julio de 1936.
-
Santiago Altolaguirre, trinitario,
(+ Villanueva del Arzobispo), nació en Yurre (Vizcaya) el 30 de
diciembre de 1857, ingresa en la orden trinitaria en el convento De
las Cuatro Fuentes en Roma a los quince años de edad. En 1936, el 22
de julio, es apresado y durante los días siguientes duramente
torturado y vejado en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta
de Villanueva del Arzobispo a pesar de los 79 años que tenía. Moría
el 26 de julio de 1936.
-
Segundo
García, trinitario,
(+ Andújar), nació el 24 de marzo de 1891 en Los Barrios de Nistoso
(León) y en 1906 toma el hábito en Alcázar de San Juan. El 31 de
julio de 1936 es detenido en Andújar y asesinado junto al Padre
Prudencio.
Todos ellos, trinitarios, habían estudiado, vivido y trabajado en la
diócesis, y 6 dieron en ella la vida por Dios.
- José María López Carrillo, dominico, nacido en Alcalá la Real el
14 de febrero de 1892. Estando en misiones enferma y es trasladado a
Madrid para su recuperación donde es apresado y martirizado el 27 de
agosto de 1936.
- Bartolomé Blanco, cooperador salesiano, nacido el 25 de diciembre
de 1914 en Pozoblanco (Córdoba), fue arrestado en su pueblo y
trasladado el 24 de septiembre 1936 a la cárcel de Jaén donde fue
condenado a muerte el 29 de septiembre y ejecutado el 2 de octubre.
- Felipe Ruiz Peña, marista, nació el 23 de marzo de 1907 en
Cilleruelo de Bezana (Burgos), fue destinado en 1931 a Jaén y
asesinado el 8 de octubre de 1936 cuando tenía 29 años.
- Nicolás Ran Goñi, marista, nació en Cirauqui (Navarra) el 16 de
diciembre de 1909 y destinado a Jaén en 1931. Fue martirizado el 8
de octubre de 1936 a los 26 años.
II.
PATRIMONIO ESPIRITUAL DE NUESTRA IGLESIA DIOCESANA.
Son las ciudades de Alcalá la Real, Andújar, Martos, Villanueva del
Arzobispo y Jaén, las que verán con mayor cercanía esta beatificación, y
es la orden Trinitaria la que ha promovido la peregrinación a Roma y a
la que se ha adherido nuestra Diócesis.
Estos once nuevos beatos aportan una rica savia al patrimonio espiritual
de esta Iglesia particular de Jaén, como frutos de santidad atesorados
por estos cristianos que supieron acoger el amor de Dios y permanecer
fieles al Señor hasta su muerte.
Se suman a la lista de mártires de esta Iglesia: San Eufrasio, San
Amador, San Bonoso y Maximiano, Santa Catalina de Alejandría, San Pedro
Pascual, San Pedro Poveda, la virgen Santa Potenciana y, próximo ya su
reconocimiento, de Josefa Segovia, Manuel Lozano “Lolo” y Manuel Basulto,
Obispo de Jaén, y otros compañeros. Como rezamos en uno de los prefacios
de la liturgia eucarística, “mediante el testimonio admirable de tus
santos fecundas sin cesar a tu Iglesia con vitalidad siempre nueva,
dándonos así pruebas evidentes de tu amor. Ellos nos estimulan con su
ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesión.” (cf.
Prefacio II de los Santos).
En la muerte de estos mártires brilla el poder de Dios y su
misericordia. Es el triunfo de la gracia sobre la fragilidad humana. Es
signo evidente que el amor supera siempre al odio. Triunfaron “en virtud
de la sangre del Cordero... y no amaron tanto su vida que temieran la
muerte” (Ap 12, 11).
A estos hermanos nuestros podemos tributarles culto público después de
su beatificación y así continúan en aumento las celebraciones litúrgicas
propias de esta Iglesia diocesana. También podemos encomendarnos a estos
nuevos intercesores ante el Señor.
III. NOS INVITAN A SU SEGUIMIENTO
La
santidad de los discípulos de Jesucristo es la primera y más urgente
necesidad en esta hora. Siempre los santos han abierto caminos de
verdadera renovación en la Iglesia. Ellos son “los verdaderos
reformadores”, como expresó su Santidad Benedicto XVI en la explanada de
Marienfeld (Colonia), con motivo de las últimas jornadas mundiales de la
juventud. Y añadió: “No son las ideologías las que salvan al mundo, sino
sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el
garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y
auténtico”. En la homilía con la que abrió aquellas jornadas dijo
también: “¿Qué podrá salvarnos si no es el amor?”.
Estos once mártires, hasta los 498, están manifestando de forma muy
autorizada que el amor de Dios exige respetar los mandamientos, seguir
el camino del Evangelio con plena coherencia y con todas sus
consecuencias, incluso cuando está en riesgo la propia vida. Nuestra fe
y fidelidad al Señor exigen rectitud moral. Y el testimonio de estos
hermanos mártires no se aviene con relativismos ni sufrimientos morales.
Podemos leer en la Constitución Dogmática “Lumen Gentium” del Vaticano
II que el martirio “por el que el discípulo llega a hacerse semejante al
Maestro, que aceptó libremente la muerte por la salvación del mundo,
asemejándose a Él en el derramamiento de su sangre, es considerado por
la Iglesia como un supremo don y la prueba mayor de la caridad” (n. 42).
Ante esta ola de secularización creciente, de agnosticismo y laicismo,
ante la pérdida de valores morales en nuestras mismas comunidades de
cristianos y en la sociedad en que nos ha tocado vivir, el camino más
eficaz para afrontar estos designios es la santidad, a la que nos
invitan los nuevos mártires. Sólo el amor puede removernos y salvarnos.
Este es el desafío y la tarea que ellos ponen en nuestras manos.
IV. SON MUCHOS MÁS LOS MÁRTIRES Y SANTOS DE ESTA TIERRA.
En
la carta Apostólica “Novo millennio inneunte” el Papa Juan Pablo II
expresaba que los santos estaban llamados a jugar un papel de primer
orden, y que era preciso dar a conocer sus vidas, sus escritos y su
experiencia de Dios (cf. n. 31).
Las vidas de los mártires y santos son siempre espacios en los que se
miran los cristianos de todas las épocas. Quienes, sin embargo, han
vivido su fe y encarnado el Evangelio de forma heroica y radical, por su
martirio o virtudes, muy cerca nuestro tiempo son, si cabe, modelos y
referencias más fuertes para los cristianos de hoy. Podemos comprobar en
ellos que Cristo sigue presente entre nosotros en todas las épocas y
también en nuestros días.
Por eso seguimos con interés los procesos ya adelantados ante la
Congregación Romana de nuestro Obispo Basulto y compañeros mártires, y
de Josefa Segovia y Manuel Lozano, “Lolo”, por sus virtudes.
Sabemos bien, sin embargo, que son muchos los cristianos, entre
sacerdotes, consagrados y laicos, de todas las condiciones y edades, a
quienes se les privó de la vida por odio a su fe y fueron fuertes para
no renunciar a ser testigos de Cristo y de su Evangelio hasta la muerte.
También ellos forman ya parte de nuestro patrimonio espiritual, y no
podemos permitir que desaparezcan sus nombres en el anonimato del
tiempo.
Una comisión diocesana sigue con renovada ilusión estos trabajos.
V. CELEBREMOS JUNTOS ESTE ACONTECIMIENTO Y DÉMOSLO A CONOCER.
Antes de concluir estas Carta Pastoral, invito a los sacerdotes para que
en las Misas del Domingo, día 28 de este mes, hagan referencia a la
beatificación de estos mártires en Roma. Se les invita a que, en la
Oración de los Fieles, pidan ya por su intercesión a favor de la Iglesia
y sus necesidades. Pueden, asimismo, recitar la oración que aparece en
el Mensaje de los Obispos con motivo de esta beatificación y que se
adjunta a esta Carta.
También los catequistas, profesores de religión y demás colaboradores en
la pastoral diocesana procurarán dar esta noticia y acontecimiento
sirviéndose de esta Carta y otros materiales a su alcance, en Parroquias
y en el propio Obispado.
Invito igualmente a sacerdotes, consagrados y fieles diocesanos a
participar en la Santa Misa de Acción de Gracias que presidiré en la
Santa Iglesia Catedral de Jaén, el día 10 de noviembre próximo a las
7,30 horas de la tarde, para elevar nuestra gratitud a Dios por los
nuevos beatos.
Si Dios quiere, pienso estar presente en Roma en esta celebración y
desde allí uniré tan importante acontecimiento eclesial, no sólo con los
que se desplazarán desde Jaén, sino también con todos los fieles
diocesanos.
Bajo la mirada de María, Virgen del Rosario y Reina de los Mártires,
encomendémonos a los nuevos beatos para que por su intercesión crezcamos
en la vida cristiana, en fidelidad y amor a nuestro Señor Jesucristo.
Con todo afecto en el Señor.
RAMÓN DEL HOYO LÓPEZ
OBISPO DE JAÉN
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