MI EXPERIENCIA EN LA III ASAMBLEA
ECUMÉNICA EUROPEA
Juan Pablo García Maestro, OSST
En los días del 4
al 9 de septiembre de 2007 se ha celebrado en la ciudad de Sibiu (Rumanía)
la III Asamblea Ecuménica Europea, con la participación de 2500 delegados
católicos, ortodoxos y protestantes en torno al tema: “La luz de Cristo
ilumina a todos”.
La
reciente Asamblea se ha basado en las precedentes de Basilea (1989) y Graz
(1997), y en la “Charta Oecumenica” de Estrasburgo (firmada en 2001
por la CEC y el CCEE), la cual busca promover la colaboración entre las
Iglesias y confesiones cristianas de Europa en el anuncio del único
Evangelio, así como dar un alma a la nueva Europa y promover las relaciones
con el resto de los creyentes y con los no creyentes.
De
esta III Asamblea Ecuménica Europea, en la que he tenido la gracia de
participar, deseo destacar algunos puntos que más me han impactado:
1.- Si nos empeñamos
en afirmar por activa y por pasiva que Europa hunde sus raíces en el
cristianismo y que no podemos olvidar el influjo de éste en nuestro
Continente, entonces no podremos permitir que los emigrantes y los que
piden asilo político sean tratados como criminales. Esta es una
tarea común para mujeres y hombres de todas las religiones e ideologías
que viven en Europa.
2.-
Creo que el primer obstáculo para el ecumenismo es
la ignorancia del cristianismo y la superficialidad de la vida
cristiana. Creer en Cristo significa querer la unidad. Y dos son los
elementos que tienen que guiar nuestros esfuerzos: el diálogo de la
verdad y el encuentro como signo de la fraternidad. Estos son
necesarios como fundamento del ecumenismo espiritual. La conversión
del corazón y la santidad de vida, junto con las oraciones privadas
y públicas para la unidad de los cristianos, se tienen que considerar
como el alma de todo el movimiento ecuménico.
3.- A causa de
nuestras divisiones hemos oscurecido la luz de Cristo a muchas
personas y hemos hecho a Cristo poco creíble. Nuestras divisiones –la
historia lo demuestra- son corresponsables de las divisiones en Europa y
de la secularización de este continente. Además, nuestras escisiones,
son corresponsables de las dudas que tienen en relación con la Iglesia,
e incluso la ponen en cuestión. Esta realidad nos debería hacer tomar en
serio el ecumenismo.
4.- No podemos
permanecer indiferentes frente a nuestros hermanos de África. Las
heridas de África han conmovido el corazón de nuestra Asamblea. Una
Europa que no viva para sí misma – nos recordaba Andrea Riccardi - no
puede olvidar África. Hoy nos inquietan los 30 millones de enfermos de
sida, que no pueden ser adecuadamente tratados por el precio tan alto de
las medicinas, mientras que aquí es ya una enfermedad crónica no letal
Esto supone un vergonzoso distanciamiento de Europa, que banquetea
lujosamente mientras Lázaro muere a sus puertas.
África ha recibido de
Europa el don más grande: el del Evangelio, que nos habla de Jesús, de
su Resurrección, que ha vencido la muerte. Y África tiene una profunda
necesidad de resucitar. El Evangelio nos puede unir, nos puede hacer
vivir en comunión a europeos y africanos.
5.-
En Sibiu se ha puesto en práctica lo que ha dicho Benedicto XVI sobre el
diálogo: “Un diálogo auténtico
nace sólo donde no hay únicamente la palabra, sino también escucha, y a
través de la escucha se realiza el encuentro, en el encuentro nace la
realización y en la realización se realiza la comprensión entendida como
profundización y transformación de nuestro ser cristianos. Incluso hace
que el mismo Señor habla en medio de nosotros”.
6.- En estos momentos
somos conscientes que no se puede alcanzar la unidad de forma duradera
sin unos valores comunes. Por eso se insiste mucho sobre el valor
del matrimonio y de la familia; sobre la opción prioritaria por los
pobres, sobre la disponibilidad al perdón y en todo caso sobre la
misericordia.
Hay que evitar toda
forma de eurocentrismo y reforzar la responsabilidad de Europa en
relación con toda la humanidad, en particular hacia los más pobres de
todo el mundo.
7.-
El testimonio que dio una madre de familia decía
que el ecumenismo no es sólo intelectual, teológico, magisterial,
espiritual o político. El ecumenismo es como un niño que ha nacido de la
relación transparente entre el padre y la madre que se quieren y se
aman. Que el fruto más grande que emane de esta III Asamblea sea el don
de la verdadera unidad, fruto de la transparencia de nuestras
relaciones. Sin ella no hay verdadero ecumenismo.
8.-
Recomendamos la institución por parte de las Iglesias europeas de una
Jornada Ecuménica de oración por el cuidado y la protección de lo
creado. Por eso, el periodo entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre
sería deseable se dedique a orar por la protección de la creación y a la
promoción de estilos de vida sostenibles para contribuir a invertir la
tendencia del cambio climático.
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