SAN JUAN BAUTISTA DE LA CONCEPCIÓN: UN MÍSTICO ACTUAL

  

      Creo que entre muchos aspectos que se puede destacar de esta figura insigne del Siglo de Oro español, existe uno que hoy está cobrando mucha importancia: la mística. Hoy estamos viviendo un renacimiento de la mística. La mística como tema de estudio y como experiencia religiosa radical.

            Por eso san Juan Bautista de la Concepción no es extraño para las mujeres y hombres de nuestro tiempo. Del Reformador podemos decir: “que sólo siendo contemporáneo de su tiempo puede una persona o un autor ser actual para los hombres que viven en otro”.

            ¿Qué mística vivió el Reformador y porqué fue un místico?

            Antes de dar una respuesta a este interrogante quisiera hacer esta puntualización: “Por desgracia la mística ha sido presentada como un fenómeno antiintelectual y antiracional, que se mueve en la esfera puramente emocional. Y no es así, los estudios actuales lo desmienten. Y la mística vivida por el Reformador también. Porque en  la mística se ve esa relación entre experiencia y reflexión, la facultad de pensar y la de amar.

            A la mística se la ha acusado de huir de la realidad y de recluirse en la soledad y la pasividad de contemplación por miedo a mancharse las manos en la acción.

            Y porque el místico es un hombre que ha tenido una experiencia de Dios, no es conformista, goza de una gran libertad y gran espíritu crítico. De ahí que la mayoría de las veces resultan incómodos para el poder (como le pasó a Jesús, que es el místico por antonomasia, para todo cristiano).

            No olvidemos que nuestro P. San Juan Bautista resultó incómodo para la propia Orden, aquí en España. Por nombrar también a otros como a un San Juan de la Cruz, que fue encarcelado por los enemigos de la reforma carmelitana, o del maestro Eckart, sometido a permanente vigilancia en vida y cuyas doctrinas fueron condenadas después de su muerte.

            ¿La mística del Reformador fue extraña al compromiso?

            Él es un místico porque vivió una experiencia real de Dios. De sus escritos se desprende aquella frase de san Bernardo: “Creed al experimentado”. No nos ha dejado una doctrina de altos vuelos teóricos, sino ha escrito lo que ha vivido. “Mi intento –dirá el Reformador- no es escribir libros, sino avisar a mis hermanos”.

            Es un místico porque fue un hombre de oración. Y sabemos que la oración es el hábito que nutre la mística. San Juan Bautista dirá: “La oración es el principal oficio de la Religión”. Y es manantial, clima, compromiso de todos y cada uno de sus religiosos, sea cual fuere el oficio o situación en que se hallen”.

            Incluso hay un concepto que atraviesa toda su obra literaria: el de “la presencia de Dios”, que hay que entenderla como la vivencia de una íntima relación comunional con la Trinidad que habita en el centro del alma, y la atención interior dirigida a Dios.

            Así pues, oración y presencia de Dios son una única realidad. Son continuas porque continua ha de ser la unión con Dios.

            La oración que ha de ser además acompañada con el valor del recogimiento y el silencio. Dirigiéndose a los religiosos escribe: “En la celda está el religioso solo para tratar a solas con Dios”. El silencio, que el santo manchego defiende a rajatabla: en la Iglesia, en el refectorio y en el dormitorio.

            Pero si nos quedáramos en esto no sería una verdadera mística. Por eso hay que resaltar con fuerza que la mística de San Juan Bautista va enderezada a redimir cautivos, curar pobres, de estrecha pobreza y sumo rigor en la penitencia.

            Dirigiéndose a sus estudiantes decía: “Digamos primero que lo que más importa y les ruego por el crucificado Jesucristo que seamos humildes y escojamos ser abatidos y desechados ante los ojos del mundo. ¡Sea nuestra corona la humildad, sea nuestro adorno la pobreza, sea nuestro bien la caridad¡.

            Una mística pues que hunde sus raíces en la humildad. En la muerte del “yo”, de los apegos a la buena fama y a conversiones de medias tintas. “Si el grano de trigo no muere no puede dar fruto”. Por eso introdujo el cuarto voto de no ambicionar cargos.

            ¿Vivieron los Trinitarios descalzos de la Reforma más como monjes que como frailes de vida activa? No. Aunque en sus escritos se puede ver que en los conventos de la Reforma se vivía una vida monacal. Pero hay una razón: “la vida religiosa de la Reforma está focalizada por la aspiración a “sólo Dios”. Se impone, por tanto, que a las actividades externas preceda un tiempo providencial de soledad, oración y recogimiento.

            Por eso dirá: “Por vocación, los Trinitarios se comprometen a contemplar en Dios al pobre y en el pobre a Dios, con ansias de realizar una “trinidad perfecta”, “una comunidad y unión perfecta, entre sí mismos, Dios y el pobre”.

            El Reformador –y con esto concluyo- con su vida y escritos nos ha dejado este mensaje a todos nosotros: “El trinitario del futuro o será místico o no será. Y a esto habría que añadir: “El trinitario de hoy y de mañana o hace una opción por las víctimas, por los nuevos cautivos o no será”. Aquí radica la mística de San Juan Bautista.

Juan Pablo García Maestro