En su nuevo libro "El futuro del diálogo
interreligioso", Juan Pablo García Maestro aborda, desde la perspectiva
teológica, una problemática que desde los comienzos de la philosophia
perennis ha formado parte esencial de la búsqueda de la verdad, y
que no es otra que la relación entre el Yo y el Otro o los Otros. Aparte
de las respuestas (generalmente racionalistas) aportadas por la
sociología y las ideologías modernas, surge ya a partir de Ludwig
Feuerbach la necesidad de situar la categoría de intersubjetividad en el
centro de la reflexión filosófica, una tendencia epistemológica que
encontrará su primera gran expresión sistemática en la filosofía del
yo-tú de Martín Buber y que culminará, después de la II Guerra Mundial,
en Emmanuel Lévinas, especialmente en su obra "Totalité et infini".
Entre los autores que acabo de mencionar existen notables diferencias,
pero común a todos ellos es la afirmación del Otro como una categoría
tan o más legítima que el propio Yo. Dentro del pensamiento
intersubjetivo surge también la variante procesual y antiesencialista de
la "Diskursethik" de Jürgen Habermas y Karl-Otto Apel, cuyo objetivo es
el de elaborar una ética dialógica que permita el entendimiento (Verständigung)
entre interlocutores de la más diversa procedencia. Pero mezcla híbrida
de neokantiansimo, de pragmatismo estadounidense y de positivismo
lingüístico, elude las raíces de la misma problemática que se plantea,
abocando por ello a un mero funcionalismo convivencial no muy alejado
del pluralismo relativista hoy vigente en la sociedad occidental, sin
hablar ya de su intrincado aparato conceptual y terminológico, tan
contrario al logos comunicativo que todo verdadero diálogo requiere como
condición previa. García Maestro elige exactamente la línea opuesta, y
de ahí que la primera virtud de su libro sea quizá la transparencia
expositiva, argumentativa y terminológica.
Dentro
del ámbito estrictamente teológico, la figura internacionalmente más
conocida del diálogo interreligioso es Hans Küng, al que García Maestro
cita más de una vez, aunque sin dejar de calificar su obra, con plena
razón, como de "un tanto abstracta". Por lo demás, el teólogo helvético
no hace más que proseguir, dentro del contexto histórico actual, lo que
Ramón Llull intentó ya en el siglo XIV con mejor o peor fortuna: superar
las diferencias entre el cristianismo y el Islam a través del diálogo
intercultural entre ambas religiones. Con este propósito recomendó el
estudio de la lengua árabe como el medio más idóneo para entenderse con
sus interlocutores. Entre las muchas referencias bibliográficas y
testimonios citados por el autor, figuran, entre otros, Juan Bautista
Metz, Karl Rahner, José María Castillo, J. Lois, Jon Sobrino y, sobre
todo, Gustavo Gutiérrez. ¿Cuál es la posición del propio García Maestro?
Creo que en este contexto es significativo que reproduzca como pórtico
de su libro un pasaje del teólogo Dietrich Bonhoeffer, asesinado por los
nazis por haber participado en la resistencia activa contra ellos y
haber sido fiel, con todas las consecuencias y hasta el final, a su
conciencia cristiana: "Hemos aprendido a ver los grandes acontecimientos
de la historia del mundo desde abajo, desde la perspectiva de los
marginados, los sospechosos, los maltratados, los sin poder, los
oprimdos, los insulados, en suma, desde la perspectiva de los que
sufren". No otra es la perspectiva de nuestro profesor, teólogo y
escritor. ¿Para quién escribir sino para los que padecen hambre y sed de
justicia? Dentro del fundamento motivacional que acabo de señalar,
la obra de García Maestro pertenece a lo que su prologuista Antonio J.
Doménech llama "diálogo del corazón", un modo de razonar y argumentar
que procede en línea directa de las "raisons du coeur" que Pascal
esgrimía contra la filosofía more geometrico introducida por el
racionalismo reduccionista de Descartes, pero que Miguel Servet había
anticipado ya en su obra central Christianismi Restitutio al
señalar que "la ley del corazón es la única ley de la fe".
Ir al encuentro del Otro significa ponerse en su
lugar y atender a sus razones. Es el camino que elige el autor y que
Juan David García Bacca entendía como el paso del conocimiento al
reconocimiento (Invitación a filosofar). De ahí que después de
resumir lo que el cristianismo ha pensado a lo largo de los siglos sobre
su propia identidad, nos explique in extenso la naturaleza de
las demás religiones universales, desde el budismo al islamismo,
síntesis que completa con un análisis crítico de lo que representa el
New Age. Es el procedimiento dialógico (o dialéctico) que Sócrates,
Platón y Aristóteles proponían como el método más indicado para
acercarse a la verdad. En contra de una opinión muy extendida, ir al
encuentro del Otro no quiere decir en modo alguno dejar de ser lo que
uno es; implica, muy al contrario, como paso previo, descender al fondo
de nosotros mismos para buscar allí nuestro verdadero ser, en el sentido
anamnético que nos enseña Platón. Un Yo que pretenda comprender y
escuchar al Otro negándose a priori a sí mismo, es una contradicción en
los términos. A la estructura ontológica del hombre pertenece
intrínsecamente la categoría de alteridad. El Otro no es, pues, algo
exterior o añadido a nuestro propio Yo, sino que forma parte
constitutiva de nuestro Ser. En las profundidades y entrañas de nuestra
alma se halla no sólo nuestra propia esencia, sino también la de
nuestros semejantes. Y ello es así porque la vida humana es ab ovo
interpenetración, comunicación, compañía, comunión de almas, o dicho
negativamente: búsqueda de lo que no somos y nos falta. Yo no tenga que
buscar al Otro fuera de mí, sino que lo llevo ya en mi propio interior,
ese interior del que San Agustín nos dice que es la morada de la verdad.
Y si no me apercato de ello es porque vivo en estado de alienación o
aturdimiento, que es justamente la situación en que se encuentra el
individuo medio de la sociedad de consumo, también con respecto a la
problemática religiosa e interreligiosa. O para decirlo con las palabras
del propio autor: "Vivimos en un momento de la historia donde de manera
especial en muchos países del continente europeo se trata de marginar
la religión, diría más bien a Dios, considerándolo como una hipótesis
inútil. Nuestra sociedad es nihilista, hedonista y sobre todo
utilitarista". No es por azar que en este contexto García Maestro
recuerde el "Dios ha muerto" de Nietzsche, el mismo Nietzsche por cierto
que anunció la llegada del nihilismo. El libro de García Maestro no es
sino el intento de salir al paso de esta aporía y encontrar la manera de
superarla.
Buscar al Otro dentro de nosotros mismos incluye,
como momento irrenunciable, apartar de sí la tentación siempre latente
de la voluntad de poder, del dogmatismo, del narcisismo, de la soberbia
y otras manifestaciones inherentes a toda actitud solipsista y
autocéntrica. Es lo que hace García Maestro al distanciarse de
determinadas posiciones de la Iglesia y de la teología y señalar las que
pueden fomentar el fecundo diálogo interreligioso anhelado por él. En la
dimensión autocrítica de su libro no es difícil percibir la huella de la
Teoría Crítica de Francfort, con la diferencia clave de que el teólogo
castellano está muy lejos del pesimismo de Adorno y del Horkheimer
tardío y parece atenerse más bien al "principio esperanza" de Ernst
Bloch.
La obra que estamos comentando rebasa el marco de
la problemática interreligiosa y aporta, sin quizá proponérselo, una
visión integral y macroscópica de la situación actual del hombre y el
mundo. El autor no quiere sólo que los creyentes aprendan a dialogar
entre sí, sino que extiende este desidératum a la humanidad entera. Y lo
primero que en este contexto hace es denunciar sin paliativos y con
rotundos datos en la mano, las abismales diferencias materiales
existentes entre los sectores privilegiados del planeta y los parias que
Frantz Fanon denominó en su día "les damnés de la terre". Su crítica a
la desigualdad social es, a la vez, un llamamiento al sentido de
responsabilidad y credibilidad de las respectivas religiones: "La única
salida que le queda ya sea a la teología cristiana, como a la musulmana
(y al resto de las religiones), si no quieren caer en el cinismo y si
desean dar concreción histórica a sus temas fundamentales, es tomar como
punto de partida la situación de dominio y dependencia de dos tercios de
la humanidad, con sus cuarenta millones de muertos anuales por hambre y
desnutrición". Refiriéndose a la problemática cristiano-musulmana y a
los atentados del 11 de marzo y 11 de septiembre, tiene el valor de
afirmar: "La cuestión religiosa es secundaria y, aunque a través de ella
se intentó instrumentalizar la reacción, el origen del conflicto no
creemos que sea Dios, sino la injusticia planetaria". La condena sin
paliativos de los atentados perpetrados por fanáticos descarriados no le
impide subrayar que "la gran mayoría de los musulmanes rechazan y
denuncian la violencia", y que es falso demonizar el Islam "como una
amenaza para la civilización moderna".
Para salir en defensa de los pobres, García Maestro
se apoya en la dimensión social de las Sagradas Escrituras, de las que
cita varios textos representativos. Pero no menos o incluso más
elocuentes son otros testimonios doctrinales, entre ellos los de
nuestros grandes humanistas y teólogos de los siglos XVI y XVII, desde
Juan Vives a Las Casas y Mariana, sin mencionar a otros menos conocidos.
Todos ellos se ocuparon a fondo de la problemática social, denunciaron
la riqueza, escribieron indignados sobre el pauperismo y predicaron la
igualdad, anticiparse con ello, desde la perspectiva cristiana, a las
doctrinas sociales que surgirían en el siglo XIX fuera del ámbito
religioso, corrientes de pensamiento de las que en el curso de las
últimas décadas surgiría la Teología de la Liberación y su "opción por
los pobres", que es la opción que preside el espíritu de su libro.
Nos hallamos ante una aportación teórica que no
sólo informa y esclarece, sino que incita a la reflexión y al examen
crítico de los valores occidentales y su inveterada proclividad a la
autoglorficación, actitud unida por lo común al desinterés, el
desconocimiento y el menosprecio de las cosmovisiones y credos
religiosos de las demás regiones, culturas y civilizaciones del globo,
de las que el autor resalta sobre todo sus aspectos positivos. Ya por
este solo hecho, el libro del profesor García Maestro merece ser leído y
utilizado como guía fundamental por todos aquellos que buscan
orientación para sí mismos y para la humanidad en su conjunto.