|
Esta semana
celebramos el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Los
oficiantes ruegan, una vez más, por la salud de nuestros gobernantes.
Confesaba el presidente del Gobierno (en funciones) a «El Follonero», de La
Sexta, que nunca rezaba antes de acostarse y asegura que «los votos en
democracia son más importantes que las oraciones». Yo creo que no. Votar y
rezar forman parte de la vida, son la misma cosa. Motivos para creer.
Razones de fe. Y de esperanza.
Viene a cuento el
preámbulo porque en el ecuador de la campaña electoral Zapatero advirtió a
la Conferencia Episcopal (CEE) que al acabar la contienda pondría los puntos
sobre las íes. El cambio en la cúpula eclesial y el triunfo indiscutido e
indiscutible del presidente (en funciones) puede que retrase el desafío,
pero no lo olvidará. La manifestación en el corazón de Madrid, convocada por
el Foro de la Familia, -y apoyada por la cúpula del episcopado-, ha abierto
una herida sin cicatrizar a pesar de la cena en la Nunciatura regada con
vino francés.
La parte más laica
(entiéndase, anticlerical) del PSOE propugna que se revise el Concordato con
la Santa Sede. Que todo se negocie (incluido el 0,7 del IRPF) con la Iglesia
española. De ahí, a aplicar el Estado de las Autonomías, solo hay un trecho;
ello permitiría debilitar a la Conferencia Episcopal, reimplantar los reinos
de taifas (conferencias vasca, gallega, catalana, etc.) y vaciar de
contenido la Archidiócesis de Toledo como Primada de España. Divide y
vencerás.
La Iglesia católica
en España tiene tres flancos débiles: el primero, la posible ampliación de
las causas del aborto. Una provocación premeditada tras conocer lo que ha
sucedido en las clínicas del doctor Morín. El segundo, la COPE, en una línea
informativa próxima al PP y muy beligerante (a veces, desmesurada) con el
Ejecutivo, en especial, los dos comunicadores estrella que más ingresos
generan a la cadena. Y la tercera, los colegios concertados (subvencionados)
donde aún chirría la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La
negociación se presenta abierta. Y difícil. En el fondo, desplegar la
laicidad en un estado constitucionalmente aconfesional. Un pulso
Estado/iglesia que nos afecta a los creyentes y no creyentes.
La iglesia católica
ha rendido y rinde inestimables servicios a la sociedad española. Callada y
silenciosamente. En su mayor parte siempre al lado de los más pobres de los
pobres. ¿Existe ejemplo de entrega más desinteresada a sus semejantes que la
de madre Teresa? ¿Y la labor de los misioneros y misioneras? Los templos
siempre están abiertos de par en par. Tan sólo con lo que ahorramos en
psiquiatras por la confesión y analizando la labor humanitaria de Cáritas o
Manos Unidas, la Iglesia es ya un elemento vertebrador de la sociedad.
Los amigos
trinitarios con quienes estudié en Alcázar de San Juan y en la Virgen de la
Cabeza, en Andújar (Jaén), me facilitan unas cifras que doy por ciertas.
Helas aquí: La iglesia y las órdenes religiosas regentan 5.141 centros de
enseñanza, facilitando la educación a 990.774 alumnos. Ahorran al estado, 3
millones de euros por centro al año. Dirigen 107 hospitales concertados.
Ahorran 50 millones por hospital/año. Asisten otros 1004 centros con 51.312
camas: ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de
transeúntes y de enfermos terminales del SIDA. Ahorran a las arcas públicas
4 millones por centro.
Los cristianos
españoles aportan 155 millones que Cáritas distribuye dando cuenta de cada
céntimo gastado. De los bolsillos de los fieles católicos salen asimismo los
4 millones de euros de Manos Unidas. El Domund recauda en cuestaciones
voluntarias 21 millones anuales que destina a obras misionales.
Llegados a este
punto tenemos que resaltar que la casi totalidad de voluntarios de Cáritas y
Manos Unidas trabajan gratuitamente: sin sueldo, sin salario.
La Iglesia española
mantiene abiertos, además, 365 centros de reeducación social para personas
marginales (ex prostitutas, ex presidiarios, ex toxicómanos y emigrantes)
dando calor, cobijo y formación a 53.140 seres humanos. Ahorran al Estado
3.687 millones por año.
Los 937 orfanatos
gestionados por sacerdotes y religiosos dan cariño, cuidados y alimentos a
10.835 niños abandonados con un coste un 15 por 100 menor que los
concertados con otras instituciones públicas o privadas. Y, por si esto no
fuera suficiente, recordemos que la Iglesia asume el 80% del gasto de
conservación y mantenimiento del Patrimonio histórico-artístico
eclesiástico. Expertos en economía, como el profesor José Barea, han
calculado que el ahorro anual de la Iglesia al estado supera los 30.000
millones de euros al año. ¿Hay quien dé más? Desobedezcamos al Señor y
contemos en voz alta lo que hace nuestra mano derecha. Y que lo sepa la
izquierda. Las cuentas de la Iglesia ajustan. Esperemos que el nuevo
gobierno no ajuste las cuentas a las ONGs religiosas para seguir cumpliendo
su labor pastoral y social. Puede que la macroeconomía tenga superávit pero
la economía de los más humildes no va bien. Los católicos debemos sentirnos
orgullosos de nuestra Iglesia. Y proclamarlo públicamente.
Puede que la
macroeconomía y Hacienda tengan superávit pero la economía de los más
humildes no va bien. Pedimos respeto y reconocimiento a la labor de la
Iglesia católica -también para las otras confesiones- y no olvidemos poner
una cruz en la casilla de la Declaración de la Renta (IRPF). Los más pobres
de entre los pobres -«los que no tienen todo»- como gusta decir Zapatero,
nos lo agradecerán.
(*) Antonio Regalado es periodista y antiguo alumno trinitario.
|