Las cuentas (claras) de la Iglesia

Antonio Regalado. ABC Castilla-La Mancha (*)

                                                      

 

Esta semana celebramos el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Los oficiantes ruegan, una vez más, por la salud de nuestros gobernantes. Confesaba el presidente del Gobierno (en funciones) a «El Follonero», de La Sexta, que nunca rezaba antes de acostarse y asegura que «los votos en democracia son más importantes que las oraciones». Yo creo que no. Votar y rezar forman parte de la vida, son la misma cosa. Motivos para creer. Razones de fe. Y de esperanza.

Viene a cuento el preámbulo porque en el ecuador de la campaña electoral Zapatero advirtió a la Conferencia Episcopal (CEE) que al acabar la contienda pondría los puntos sobre las íes. El cambio en la cúpula eclesial y el triunfo indiscutido e indiscutible del presidente (en funciones) puede que retrase el desafío, pero no lo olvidará. La manifestación en el corazón de Madrid, convocada por el Foro de la Familia, -y apoyada por la cúpula del episcopado-, ha abierto una herida sin cicatrizar a pesar de la cena en la Nunciatura regada con vino francés.

La parte más laica (entiéndase, anticlerical) del PSOE propugna que se revise el Concordato con la Santa Sede. Que todo se negocie (incluido el 0,7 del IRPF) con la Iglesia española. De ahí, a aplicar el Estado de las Autonomías, solo hay un trecho; ello permitiría debilitar a la Conferencia Episcopal, reimplantar los reinos de taifas (conferencias vasca, gallega, catalana, etc.) y vaciar de contenido la Archidiócesis de Toledo como Primada de España. Divide y vencerás.

La Iglesia católica en España tiene tres flancos débiles: el primero, la posible ampliación de las causas del aborto. Una provocación premeditada tras conocer lo que ha sucedido en las clínicas del doctor Morín. El segundo, la COPE, en una línea informativa próxima al PP y muy beligerante (a veces, desmesurada) con el Ejecutivo, en especial, los dos comunicadores estrella que más ingresos generan a la cadena. Y la tercera, los colegios concertados (subvencionados) donde aún chirría la asignatura de Educación para la Ciudadanía. La negociación se presenta abierta. Y difícil. En el fondo, desplegar la laicidad en un estado constitucionalmente aconfesional. Un pulso Estado/iglesia que nos afecta a los creyentes y no creyentes.

La iglesia católica ha rendido y rinde inestimables servicios a la sociedad española. Callada y silenciosamente. En su mayor parte siempre al lado de los más pobres de los pobres. ¿Existe ejemplo de entrega más desinteresada a sus semejantes que la de madre Teresa? ¿Y la labor de los misioneros y misioneras? Los templos siempre están abiertos de par en par. Tan sólo con lo que ahorramos en psiquiatras por la confesión y analizando la labor humanitaria de Cáritas o Manos Unidas, la Iglesia es ya un elemento vertebrador de la sociedad.

Los amigos trinitarios con quienes estudié en Alcázar de San Juan y en la Virgen de la Cabeza, en Andújar (Jaén), me facilitan unas cifras que doy por ciertas. Helas aquí: La iglesia y las órdenes religiosas regentan 5.141 centros de enseñanza, facilitando la educación a 990.774 alumnos. Ahorran al estado, 3 millones de euros por centro al año. Dirigen 107 hospitales concertados. Ahorran 50 millones por hospital/año. Asisten otros 1004 centros con 51.312 camas: ambulatorios, dispensarios, asilos, centros de minusválidos, de transeúntes y de enfermos terminales del SIDA. Ahorran a las arcas públicas 4 millones por centro.

Los cristianos españoles aportan 155 millones que Cáritas distribuye dando cuenta de cada céntimo gastado. De los bolsillos de los fieles católicos salen asimismo los 4 millones de euros de Manos Unidas. El Domund recauda en cuestaciones voluntarias 21 millones anuales que destina a obras misionales.

Llegados a este punto tenemos que resaltar que la casi totalidad de voluntarios de Cáritas y Manos Unidas trabajan gratuitamente: sin sueldo, sin salario.

La Iglesia española mantiene abiertos, además, 365 centros de reeducación social para personas marginales (ex prostitutas, ex presidiarios, ex toxicómanos y emigrantes) dando calor, cobijo y formación a 53.140 seres humanos. Ahorran al Estado 3.687 millones por año.

Los 937 orfanatos gestionados por sacerdotes y religiosos dan cariño, cuidados y alimentos a 10.835 niños abandonados con un coste un 15 por 100 menor que los concertados con otras instituciones públicas o privadas. Y, por si esto no fuera suficiente, recordemos que la Iglesia asume el 80% del gasto de conservación y mantenimiento del Patrimonio histórico-artístico eclesiástico. Expertos en economía, como el profesor José Barea, han calculado que el ahorro anual de la Iglesia al estado supera los 30.000 millones de euros al año. ¿Hay quien dé más? Desobedezcamos al Señor y contemos en voz alta lo que hace nuestra mano derecha. Y que lo sepa la izquierda. Las cuentas de la Iglesia ajustan. Esperemos que el nuevo gobierno no ajuste las cuentas a las ONGs religiosas para seguir cumpliendo su labor pastoral y social. Puede que la macroeconomía tenga superávit pero la economía de los más humildes no va bien. Los católicos debemos sentirnos orgullosos de nuestra Iglesia. Y proclamarlo públicamente.

Puede que la macroeconomía y Hacienda tengan superávit pero la economía de los más humildes no va bien. Pedimos respeto y reconocimiento a la labor de la Iglesia católica -también para las otras confesiones- y no olvidemos poner una cruz en la casilla de la Declaración de la Renta (IRPF). Los más pobres de entre los pobres -«los que no tienen todo»- como gusta decir Zapatero, nos lo agradecerán.

(*) Antonio Regalado es periodista y antiguo alumno trinitario.