EL FUTURO DEL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO

Del diálogo al encuentro entre religiones

 

                                                                                    

 Juan Pablo García Maestro

      Prólogo

 “El cielo es eterno. La tierra permanece. La razón por la que son eternos y permanentes es que no viven para sí mismos.

 Por lo tanto, el sabio se coloca último y se encuentra siempre primero. No pensando en sí mismo se mantiene. No buscando su bien, lo realiza.”

Tao Te King, VII. Lao Tsé

 

     Vivimos en un momento de la historia de la humanidad donde el diálogo y el encuentro no son simplemente un camino posible, una opción, sino una vía imprescindible para la supervivencia, la permanencia, de los humanos y de nuestra tierra. Ya el Tao Te King nos lo decía hace 2500 años, la eternidad del Cielo y la permanencia de la tierra residen en que no viven para sí mismos, no viven encerrados en sí mismos sino dando, abriéndose al Otro.

      Esta actitud de apertura y de encuentro es sin duda el hilo conductor de este libro del profesor Juan Pablo García Maestro. El autor de un modo muy claro y práctico nos da numerosas pistas de por donde se puede caminar para promover el diálogo y encuentro entre las diferentes tradiciones religiosas. Esto lo hace partiendo de una base filosófica, histórica y teológica muy sólida, aclarando numerosas interrogantes sobre temas candentes con los que nos encontramos todos aquellos que estamos trabajando en el campo del diálogo interreligioso. Trata temas tan importantes como el de la salvación, la reencarnación, la New Age, el pluralismo religioso, el encuentro con las grandes religiones orientales y sobre todo con el Islam, al que dedica especial atención por su actualidad y la urgencia de entablar un diálogo serio y sin prejuicios con éste.

      El autor en el apartado dedicado al Análisis teológico del documento “Diálogo y Anuncio” nos presenta las cuatro formas que dicho documento propone para llevar a cabo el diálogo interreligioso: el diálogo de la vida, el diálogo de las obras,  el diálogo de los intercambios teológicos y el diálogo de la experiencia religiosa. A mi me gustaría, después de bastantes años de experiencias de encuentro y diálogo con diferentes tradiciones religiosa,  añadir una quinta forma de diálogo, el diálogo del corazón.

      Esta forma de diálogo creo que está muy presente a lo largo de todo el libro. El autor insiste en numerosas ocasiones sobre la necesidad de ir más allá del conocimiento teórico e intelectual del Otro. Es necesario entrar en contacto y percibir al Otro con “el tercer ojo del espíritu y del corazón”. Tenemos que saltar los muros y las barreras que nos hacen permanecer encerrados en nosotros mismo y perpetuar los prejuicios. Y esto sólo se puede hacer entrando en las vidas de los otros y dejando que ellos entren en las nuestras.

      Durante los últimos 15 años he tenido la fortuna de poder conocer y encontrarme con numerosas personas de otras religiones en contextos culturales muy diferentes, África, Asia y Europa, y también participar en encuentros específicamente organizados para promover el diálogo interreligioso. Y si tuviera que elegir una sola palabra para decir lo que he sentido después de dichos encuentros es: “Corazón”. Cuando uno inicia un diálogo siempre siente miedos sobre las dificultades, problemas, malentendidos que piensa pueden surgir debido a las diferencias y los desconocimientos que existen entre los miembros de las diferentes tradiciones religiosas. También a la dificultad de expresar nuestras ideas en un lenguaje que pueda ser entendido debidamente por los otros, ya que cada una de nuestras tradiciones tiene su propio lenguaje en el que expresa sus creencias y que difiere mucho del de los demás. Pero cuando este diálogo se realiza con sinceridad y apertura es posible superar las barreras materiales del lenguaje y de las ideas para dar un salto y comunicarnos a un nivel mucho más profundo que las simples palabras, a nivel del corazón. A este nivel la vida, los sentimientos, las emociones, el respeto, las ideas…se funden para crear una nueva relación llena de esperanza y posibles frutos. Sólo será posible un auténtico diálogo si somos capaces de abrir nuestro corazón y dejar que el otro entre en él.

      Otro elemento muy presente en este libro y que está muy relacionado con este diálogo del corazón, es la constante llamada a la solidaridad y la justicia. Una solidaridad y una justicia que se compromete con las victimas, los pobres,  los que más sufren de nuestro planeta. El diálogo se tiene que transformar en acción comprometida por los últimos de este mundo. Y es así como la solidaridad y la justicia se convierten también en lugar de encuentro y diálogo entre las religiones. Es necesario que los miembros de las diferentes religiones colaboremos codo con codo en las acciones para mitigar el sufrimiento de nuestra tierra. Este es un lugar común en el que coinciden todas las doctrinas de las grandes religiones y que ha quedado claramente plasmado en sus Sagradas Escrituras.

     Quisiera concluir con una oración del Arzobispo sudafricano Desmond M. Tutu que me ha venido a la mente mientras escribía esta breve reflexión. Y quisiera compartirla con todos aquellos miembros de las diferentes tradiciones espirituales que por todo el mundo están trabajando silenciosa y humildemente por la paz y la reconciliación.

     “Dios nuestro, el todo santo, Tu eres nuestra Madre y nuestro Padre y nosotros somos tus hijos e hijas.  Abre nuestros ojos y corazones de modo que podamos discernir tu trabajo en el universo. Y que seamos capaces de ver Tu imagen en cada uno de tus hijos e hijas. Que podamos aprender que existen muchas partes pero todas nos guían a Ti. Ayúdanos a reconocer que tú nos has creado para la familia, para vivir juntos, para la paz, para la delicadeza, para la compasión, para querer, para compartir.

     Que lleguemos a reconocer que Tú quieres que nos preocupemos los unos por los otros como quienes se reconocen como hermanos y hermanas, miembros de una misma familia, Tu familia, la familia humana. Ayúdanos a hacer de las espadas podaderas y de las lanzas arados, para ser capaces de vivir en paz y armonía, secando las lágrimas de los ojos de aquellos que son menos afortunados que nosotros. Y que no volvamos a caer en la tentación de la guerra, sino que nos esforcemos por ser aquello que tú quieres que seamos: Tus Hijos e Hijas. Amen”

     El diálogo y el encuentro interreligioso, tal vez, sea un trabajo en el que aún estemos implicados una minoría pero sin duda es una luz en el horizonte que va a resplandecer cada vez más y más fuerte si somos capaces de abrir nuestros corazones al otro y hacer de este diálogo del corazón la herramienta para construir la nueva civilización de este siglo XXI.

 Antonio J. Doménech

Centro Malaika. Diálogo Intercultural e Interreligioso

Málaga, 24 de septiembre de 2005