Exposición en favor de Madagascar en el Toboso

 

Desde hace más de trescientos años la comunidad de Monjas Trinitarias Recoletas no ha dejado de acompañar y ayudar a los vecinos de El Toboso, pequeña localidad manchega. Son mujeres que desde el silencio del claustro, dedicadas a la alabanza a la Trinidad, han sabido transmitir, día tras día, su mensaje por liberar a los cautivos. Junto a ellas, y compartiendo el mismo carisma, está  un grupo de mujeres laicas trinitarias que colaboran en proyectos promovidos por la familia Trinitaria. Así durante las últimas navidades se presentó al pueblo el proyecto de “Cárceles y orfanatos del infierno”, cuyo objetivo era recaudar fondos para liberar a los presos de las cárceles y ayudar a los huérfanos de Madagascar.

 

El día 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, a continuación de la  misa mayor, se celebró una reunión en el salón parroquial, había una cita importante, comenzaban los actos programados para el tiempo de Navidad con la inauguración de la exposición “Fotografías y objetos de Madagascar” y del “Mercadillo Solidario”. Estuvo presente en el acto el Alcalde de la localidad, miembros de la corporación, el cura párroco, el responsable de la exposición Miguel Ángel Chamorro, y las gentes del pueblo, sencillas, buenas, bondadosas, dispuestas siempre a colaborar por la causa de los más desfavorecidos, que han confiado en lo programado por este grupo de monjas y laicado trinitario, ilusionadas con el pueblo malgache.

 

Por la tarde el P. Antonio Jiménez, Provincial de  la Orden de España-Sur visitó la exposición quedándose admirado de la misma.

 

          

 

            En los trabajos allí expuestos podíamos observar las fotografías de los presos, de sus miserias y a la vez de su felicidad, que contrastaba con ellas. Se nos presentaba un mundo donde no hay necesidades, que contrasentido, basta una sonrisa para ser feliz. Había objetos diversos realizados por los presos, objetos sencillos quizás carentes de calidad artística pero con un gran valor existencial, con un alto contenido de la realidad más miserable de que es capaz el género humano. Cada objeto era el símbolo de una historia, una sencilla historia sin nombre, que a fin de cuentas a muy pocos interesa. Entre estos pocos se encuentra el artífice de esta exposición, Miguel Ángel Chamorro, funcionario de la cárcel de Málaga, miembro del laicado trinitario de España Sur, que dedica su vida a trabajar por liberar de las necesidades a los indigentes, a rescatar a los presos y a redimir a los esclavos de nuestro siglo XXI, en cualquier parte del mundo. En su tiempo de vacaciones, no busca el disfrute personal, se va a las cárceles de Madagascar para conocer y ayudar a los necesitados, de allí trajo toda una colección de miserias que son las que ha recogido en sus fotografías.

 

A esta sala de exposición podríamos llamarla lugar de encuentro, lugar de oración, el centro de la sala estaba presidida por una imagen de Jesucristo, y arriba una frase: “En Madagascar descubrí los ojos de Dios”; enfrente, justo enfrente, nuestra Caja de Redención: “Todos los bienes, de donde quieran que lícitamente provengan, se dividirán en tres partes iguales: ... En cambio, la tercera parte se reserve para la redención de los cautivos...” Y alrededor de la Caja a los que redime: ancianos, jóvenes, niños, pobreza, sufrimiento, quietud; esperando esas monedas, ese acto de amor de los que daban vueltas leyendo, uno tras otro  testimonio y observando admirados aquellos objetos que habían realizado con sus manos, para redimirse de los dolores de sus penas

 

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La sala era fría y húmeda, con pocas comodidades, pero algo especial tenía este lugar ya que era un placer sentirse arropados por tantas miradas, sobre todo por la mirada de Quien ocupaba el centro; miradas penetrantes, limpias, sin rencor ni orgullo, ojos encendidos, queriendo alumbrar nuestro camino, se acercaba la Navidad y como los pastores de Belén “... y vieron a un niño acostado en un pesebre” son los primeros, los elegidos en ver a nuestro Señor recién nacido.

 

            El Dios compasivo mira con-pasión, con amor a un pueblo, aquí se respira paz, sosiego... alguna que otra vez se escucha un sonido, es la humedad que parecía romper la quietud, la calma de la sala y poner todo en movimiento, una fotografía se había despegado: un grupo de presos haciendo oración en el patio de la cárcel. Nuestro Señor quería que sintiéramos su mirada en nuestras entrañas, esa mirada de amor que renueva y salva, que el mirar es actuar y que se puede mirar con bondad y cariño; es algo misterioso, grande, dulce, gozoso, sentirse refugiados en la mirada de tantas personas que no es otra cosa que sentir la mirada protectora de Dios- Trinidad “Y se le abrieron  los ojos y le reconocieron” (Lc 24,31).

 

           

 

La exposición ha estado instalada hasta el 6 de enero, por ella han pasado numerosos toboseños que han dejado muestras de su generosidad y afecto, pues han ido adquiriendo algunos objetos que allí se vendían, como pulseras, adornos, tarjetas etc., y echando algún que otro sobre o moneda en la Caja de Redención con la finalidad de ayudar al pueblo de Madagascar.

 

Se suceden los actos y el día 15 de diciembre se celebró una conferencia en el centro Domus Artis, dependencia de labranza que perteneció al convento Trinitario hasta la desamortización de Mendizábal, a cargo del médico-cirujano, filósofo y teólogo, José Antonio Ramírez Nuño, sobre el tema “El rescate de Cervantes” en la que puso de manifiesto la importancia del P. Juan Gil, trinitario, en la vida de Cervantes, gracias a su empeño, a sus esfuerzos, no exentos de penalidades y de fracasos, pudo liberar a Cervantes. Su conferencia sirvió para unir en el tiempo y en el espacio la labor desinteresada de los trinitarios, el sufrimiento de las cárceles de hace 400 años en Argel, con las penalidades de hoy en las cárceles de Madagascar. El tiempo ha pasado pero la labor de los trinitarios sigue siendo la misma, rescatar a las personas que sufren esclavitud.

 

Al día siguiente, 16 de diciembre, Miguel Ángel Chamorro, en el centro parroquial, expuso sus vivencias de su estancia en Madagascar, dio testimonio de cómo se vive hoy día en continuo contraste entre nuestro mundo globalizado y nuestra civilización consumista con la otra cara de la miseria, la opresión, la esclavitud de las cárceles en aquel lugar del mundo.

 

Los actos de solidaridad con el pueblo malgache siguieron su curso y así el 22 de diciembre se celebró, en el centro cultural, un festival de villancicos, cuya recaudación sería para paliar las necesidades de aquellas gentes. El pueblo de El Toboso se volcó  con este acto, su generosidad se manifestó en gran medida. Por un lado, diversos grupos locales dejando atrás ciertos prejuicios subieron al escenario para cantar unos sencillos villancicos, que el público que llenaba la sala supo valorar y sentirse movido a participar con sus aplausos y su entrada solidaria por la causa.

 

 

No podía faltar en el escenario la cruz trinitaria adornada con dos lambas que representaban el cariño y la acogida que el pueblo malgache siente hacia la familia trinitaria, al otro lado un lienzo representando la fragilidad de un Niño recién nacido en la máxima pobreza, esperanza para todos los hombres y todos los pueblos.

 

Durante la presentación del acto, en los primeros minutos, fue muy emotivo el hecho de que se contactó a través del teléfono móvil con el Padre Felipe Bustiza situado a miles de kilómetros de distancia, pero que con sus palabras de agradecimiento por el acto, movió la sensibilidad del público presente y llenó el ambiente de un sentimiento de entrañable solidaridad y de colaboración hacia su misión trinitaria en Madagascar.

 

La realización de todos los actos ha sido muy positiva para el pueblo de El Toboso, tanto en cuanto al cariño manifestado como en cuanto a los fondos recaudados, estando muy próximos a los seis mil euros.

 

No cabe duda de que si el ser humano encauzara sus tendencias hacia esos sentimientos que todos tenemos enquistados en nuestro interior y rompiera la cápsula de la envidia, la intolerancia, el afán de poder, el ansia de dinero y se  volviera hacia la colaboración, la solidaridad, el servicio a los demás, la igualdad entre las personas, buscara compartir sus bienes, seguro que el mundo brillaría con una luz más clara, la luz de Jesucristo.