Reconocimiento a una vida dedicada “a la defensa y testimonio de los valores cristianos y evangélicos”

Las religiosas trinitarias Antonia García y Emiliana Gómez  reciben el premio “Luz de Córdoba”

“Los transeúntes son para nosotras el camino de Jesús, el camino que él nos señala en nuestra misión redentora como religiosas trinitarias”, afirma Antonia

     

Las religiosas trinitarias Antonia García Méndez (Antonia), y Emiliana Gómez Gómez (Asun), reciben el premio “Luz de Córdoba”, que otorga la asociación cordobesa “Presencia Cristiana”, en reconocimiento a una vida dedicada “a la defensa y testimonio de los valores cristianos y evangélicos”. Las dos religiosas, pertenecientes al Instituto de la Santísima Trinidad (Trinitarias de Valencia) son fundadoras del comedor social para transeúntes que los Trinitarios tienen en la Ronda del Marrubial. El acto oficial de entrega del premio y agradecimiento de la ciudad tendrá lugar hoy, 25 de abril, a las 21,30h., en el Círculo de la Amistad de la capital cordobesa.

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Las hermanas, Antonia, nacida en Jabalquinto (Jaén), y Emiliana, más conocida como Asun (sobrenombre cariñoso que le puso el padre Lázaro al llegar a Córdoba), natural de Casas Ibáñez (Cuenca), son cofundadoras del comedor social para transeúntes que, fundado por el padre Lázaro Castro, los Trinitarios tienen en Córdoba desde hace 18 años. Más de un centenar de transeúntes, hombres y mujeres de la calle, de muy variadas nacionalidades, en su mayoría españoles y de procedencia árabe, reciben diariamente en este comedor un almuerzo y un bocadillo para la merienda, atención higiénica de ducha y baño, ropa y calzado, asesoría en papeles oficiales y ayuda familiar. Junto al padre Evelio Díaz Rivera, Antonia y Asun son “los ángeles” del comedor San Juan Bautista de la Concepción. “Tenemos la colaboración diaria de un gran grupo de voluntarios, que eso…, eso es una gloria; son con nosotros una familia”, subraya Antonia.

Confiadas en la divina Providencia


En dieciocho años de existencia, este comedor ha pasado por situaciones muy diversas. En los primeros años no contaba más que con los propios recursos y donativos de la gente de la parroquia; después llegarían las ayudas del Ayuntamiento, de la Obra Social de CajaSur y de la Fundación Prolibertas. “A veces, al principio, -nos explica Antonia- apenas si teníamos lo más mínimo para dar de comer a aquel grupo que venía. Nosotras, entonces éramos tres, nos poníamos muy nerviosas, pero el padre Lázaro siempre nos decía: tranquilas, confiemos en la Providencia. Y nunca nos faltaron alimentos y ropa para los pobres”.


Antonia y Asun han vivido experiencias de todo tipo: pequeñas reyertas, momentos de tensión entre los transeúntes, expulsión de los violentos o borrachos, “en una ocasión –cuenta Asun- un vaso voló sobre la cabeza de Antonia, pero no pasó nada, se fue a estrellar contra la pared”. Sin embargo, ellas recuerdan lo positivo: el respeto que les tienen, el agradecimiento e incluso el cariño. “Antes hablábamos mucho con ellos, -recuerda Antonia-. Por las tardes, nos íbamos a acompañarles a los lugares por donde pasaban la noche. Un grupo que vivía en la calle, junto a la iglesia de san Francisco, y una familia que vivía en el molino del río; les llevábamos algo y charlábamos horas con ellos y lo agradecían de corazón. Momentos inolvidables en los que aprendimos mucho”.

La sencillez, hecha vocación y premio


“Nosotras estamos muy agradecidas a las personas que hayan promovido este premio, -nos explica Asun-, porque nunca nos han dado un premio y ellas sabrán qué han visto en nosotras. Lo nuestro es trabajar, callando y callando, haciendo nuestra tarea y trabajos lo mejor que sabemos. No se nos había ocurrido que nos dieran un premio por hacer lo que hacemos como religiosas trinitarias”. Antonia, por su parte, desde su más profunda sinceridad, pone la guinda cariñosa cuando dice: “Siempre que se habla del comedor, se habla del comedor de los trinitarios, ¿es que las trinitarias no contamos?” Y continúa: “Yo no sé de hablar y de escribir y estas cosas de premios no me gustan, pero sí estamos muy agradecidas a quienes nos lo han concedido, si es para bien del comedor. Aquí en Córdoba, los transeúntes son para nosotras el camino de Jesús, el camino que él nos señala en nuestra misión redentora como religiosas trinitarias, y ese es nuestro mejor premio. Si a la vez nos lo reconocen, damos las gracias a la Santísima Trinidad”.

 

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