Homilía del Obispo de Jaén don Ramón del Hoyo

 

IV CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN DE LOS TRINITARIOS DESCALZOS DEL CONVENTO DE BAEZA (1606-2006) POR S. JUAN BAUTISTA DE LA CONCEPCIÓN

 

Catedral de Baeza, 17 de febrero de 2007

 

 

Saludos.

1. Mi agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento de Baeza y Orden de la Santísima Trinidad por su invitación para que también la Diócesis de Jaén y las Comunidades cristianas de Baeza, Cofradías, Asociaciones y fieles pudiéramos unirnos a las celebraciones del IV Centenario de la Fundación llevada a cabo por San Juan Bautista de la Concepción.

 Me agrada poder saludar a los Rvdmos. Padres General y Provincial de la Orden Trinitaria y demás padres de esta querida familia religiosa, que tantos servicios pastorales ha venido prestando en esta geografía y continuará haciéndolo con tanto acierto y eficacia.

 Mi saludo también al Ilmo. Sr. Alcalde y Corporación Municipal, sacerdotes, autoridades, miembros de asociaciones, cofrades y fieles todos.

 2. Quien un día pisó estas calles como joven estudiante en la Universidad de Baeza, aprobada la Reforma de la Orden Trinitaria, fundaría bien pronto un Convento de Trinitarios Descalzos hace cuatro siglos. Hoy le veneramos en el catálogo de los santos: San Juan Bautista de la Concepción.

 A él nos encomendamos de forma especial en estas celebraciones, al tiempo que se afianzará su memoria y devoción en Baeza y diócesis de Jaén por el generoso gesto de entregarnos la Orden Trinitaria una reliquia de su querido Fundador, para poder venerarla de ahora en adelante en la Iglesia parroquial de San Andrés, de esta ciudad. Muchas gracias en nombre de todos los diocesanos, de los fieles de Baeza, autoridades y vecinos de esta ciudad. Se redactará una crónica dando fe de ello para otras generaciones de cristianos, y se conservará en los archivos diocesano y parroquial de San Andrés.

3. En esta liturgia del VII domingo del tiempo litúrgico, en vísperas de una nueva Cuaresma que iniciaremos el próximo miércoles con la imposición de la ceniza, acabamos de escuchar en las lecturas proclamadas que la nueva humanidad, que brotó del costado de Cristo en su muerte, debe fundarse en cimientos de amor y de perdón, responder al mal con el bien. Quien actúa así es imagen del Dios uno y trino, discípulo de verdad y de altos quilates de quien dio su vida por amor a favor de toda la humanidad y perdonó incluso a quienes le condenaron a muerte y le crucificaron: Jesucristo.

 Mucho supo de esto a lo largo de su vida San Juan Bautista de la Concepción, a quien hemos invocado. Impresionan sus heroicas virtudes y su seria personalidad. Respondió al mal con bien, amó a todos y perdonó como Jesús.

 En atención a algunos fieles, voy a señalar brevemente algunos rasgos de su vida, los más sobresalientes.

 4. Nació en el seno de una familia numerosa en la ciudad de Almodóvar del Campo, Ciudad Real, el 10 de junio de 1561. Allí conoció, en junio de 1576, a Santa Teresa de Jesús, advirtiéndose luego su influencia en algunos de sus escritos. A los 19 años vistió, en Toledo, el hábito de la Orden Trinitaria, y emitió su profesión religiosa en la solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, 29 de junio de 1581. Contaba veinte años.

 Estudia en las Universidades de Baeza y Toledo y, ya profeso, en la de Alcalá de Henares hasta el año 1585, para sus estudios teológicos. Finalizados éstos, sus Superiores le encomiendan el oficio de la predicación.

 San Juan Bautista fue madurando una idea muy unido al Señor en su oración: la reforma de la Orden Trinitaria. ¡Cuántos desvelos, dificultades, persecuciones y hasta dudas! Para Dios así lo quiso y él fue su instrumento fiel. Por fin el Pontífice Clemente VIII, el 20 de agosto de 1599, erigió canónicamente la “Congregación de los hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Stma. Trinidad, de Redención de Cautivos”. Se distinguiría por su fiel observancia de la regla primitiva. Ese fue su propósito.

 Su fidelidad a Dios y a la Iglesia le acarreó críticas y vejaciones numerosas. Sólo abrazado a la Cruz de Cristo continuó una abundante sementera como instrumento dócil unido al Buen Pastor, Jesucristo, como he dicho.

 Murió en un 14 de febrero de 1613 en Córdoba, en un convento fundado por él. Allí se veneran sus restos. Fue beatificado por Cío VII el 26 de septiembre de 1819 y canonizado por Pablo VI el 25 de mayo de 1975.

 La Regla definitiva de la Orden para los descalzos se aprobaba por el Papa Urbano VIII el 25 de septiembre de 1631. Este mismo Pontífice concede por un Breve, “Ex quo regimen”, cinco años más tarde, la plena independencia de la orden para los descalzos, de la orden de los Trinitarios calzados, con Superior General propio. Estos últimos se extinguieron en 1894 y ha quedado la orden de los descalzos, como únicos depositarios del carisma de San Juan de Mata, procedentes de la reforma llevada a cabo por San Juan Bautista de la Concepción.

5. Hombre de carácter fuerte, pero a la vez comunicativo y dialogante, escriben sus biógrafos, con un corazón de oro que vibraba ante los problemas humanos, tenía como lema “servir a los demás aunque haya que dejar el pellejo”. Había centrado su vida desde niño en Cristo y en sus hermanos. Supo encontrar en el Evangelio los principios para una renovación y adaptación de la vida cristiana y religiosa en la Orden de los Trinitarios, en base a los siguientes supuestos para él fundamentales: la configuración con Cristo crucificado; relación profunda con el misterio de la Santísima Trinidad; en la vida de oración, caridad fraterna y redentora, plasmada y dirigida a la redención de cautivos y curación de los pobres.

 Sus abundantes y profundos escritos constituyen una simbiosis perfecta del teólogo especulativo y del predicador popular, del reformador y director de almas, del ascético y místico. Alcanzó los niveles más altos de la intimidad con Dios, como alma contemplativa.

 En el elenco de Fundaciones realizadas por San Juan de la Concepción, figura la de Baeza el año 1607.

 Es casi incomprensible que en siete años fuera capaz de fundar diecisiete monasterios y otro de descalzas en Madrid. Su fortaleza nacía de su profundo y pleno amor a Cristo y a los hombres. Su ideal, escribe él mismo, no fue otro que “En la descalcez se dará mucha gloria a Dios y se santificarán muchas almas. Esto me basta. Todo lo demás, aunque sea dejar en ella girones de mi vida, no me importa, lo considero como ganancia.” Y así fue, murió a los 52 años.

6. Muy queridos hermanos sacerdotes y fieles:

 Para los cristianos, Jesucristo y su Evangelio son el camino, verdad y vida que conducen nuestras vidas. Nuestra vocación se diferencia de los paganos en que, por encima de todo y a pesar de su barro, con la ayuda del Señor podemos y debemos aspirar a vivir la sabiduría del amor, ser buenos con todos como lo es nuestro Padre del Cielo, ser santos como lo es nuestro Padre, pasar por la vida haciendo el bien, como dijo Pedro de Jesús en su primer sermón, el día de Pentecostés.

 Nos dice el Señor a cada uno en el Evangelio de San Lucas: “Lo que no quieras para ti, no lo quieras para los otros” “tratad a los demás como queréis que ellos os traten.” “A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.” “Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada.”

 “Así tendréis un gran premio, dice el Señor, y seréis hijos del Altísimo.”

No se trata de un amor simétrico: si me amas, yo amaré, sino totalmente asimétrico: amaré aunque no me amen. Es la novedad del Evangelio de Jesús. “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.”

 7. Mucho sabe la Orden Trinitaria de caridad y redención de cautivos. Muy claro lo tenía su Fundador, San Juan Bautista de la Concepción, al regresar a la primitiva Regla de la Orden. Ustedes, que tienen la caridad evangélica como carisma propio y distintivo, vayan por delante animándonos y enseñándonos a los demás. Den a conocer, como nadie, ese rostro vivo de Cristo reflejado en los hermanos más necesitados. No cesen en su empeño. Su Fundador intercede y les invita también en esta tarde a ello, desde este lugar que él pisó algún día.

 “En esto conocerán que sois mis discípulos, nos dice a todos Jesucristo como en la Última Cena, en que os amáis los unos a los otros.” Somos unos mentirosos, nos diría también el Apóstol Juan, si decimos que amamos al Dios que no vemos, y no amamos al hermano necesitado que vemos.

 8. Jesucristo unió el lavatorio de los pies a sus discípulos con la institución de la Eucaristía y su banquete sagrado en el primer Jueves Santo. Amor de Dios al hombre y amor del hombre al hermano desde Dios.

Es nuestro compromiso, con ocasión de esta celebración histórica. Es continuar el carisma y vida de cristiano ejemplar de S. Juan Bautista de la Concepción. Que también la Virgen María, nuestra Madre, de quien también él fue tan devoto, nos ayude y prepare para el inicio de la Cuaresma, que llama a nuestra puerta.

 Gracias. Que así sea.

Mons. D. Ramón del Hoyo López

Obispo de Jaén

VOLVER A NOTICIAS