Saludos.
1.
Mi agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento de Baeza y Orden de la
Santísima Trinidad por su invitación para que también la Diócesis de
Jaén y las Comunidades cristianas de Baeza, Cofradías, Asociaciones
y fieles pudiéramos unirnos a las celebraciones del IV Centenario de
la Fundación llevada a cabo por San Juan Bautista de la Concepción.
Me
agrada poder saludar a los Rvdmos. Padres General y Provincial de la
Orden Trinitaria y demás padres de esta querida familia religiosa,
que tantos servicios pastorales ha venido prestando en esta
geografía y continuará haciéndolo con tanto acierto y eficacia.
Mi
saludo también al Ilmo. Sr. Alcalde y Corporación Municipal,
sacerdotes, autoridades, miembros de asociaciones, cofrades y fieles
todos.
2.
Quien un día pisó estas calles como joven estudiante en la
Universidad de Baeza, aprobada la Reforma de la Orden Trinitaria,
fundaría bien pronto un Convento de Trinitarios Descalzos hace
cuatro siglos. Hoy le veneramos en el catálogo de los santos:
San Juan Bautista de la Concepción.
A
él nos encomendamos de forma especial en estas celebraciones, al
tiempo que se afianzará su memoria y devoción en Baeza y diócesis de
Jaén por el generoso gesto de entregarnos la Orden Trinitaria una
reliquia de su querido Fundador, para poder venerarla de ahora en
adelante en la Iglesia parroquial de San Andrés, de esta ciudad.
Muchas gracias en nombre de todos los diocesanos, de los fieles de
Baeza, autoridades y vecinos de esta ciudad. Se redactará una
crónica dando fe de ello para otras generaciones de cristianos, y se
conservará en los archivos diocesano y parroquial de San Andrés.
3.
En esta liturgia del VII domingo del tiempo litúrgico, en vísperas
de una nueva Cuaresma que iniciaremos el próximo miércoles con la
imposición de la ceniza, acabamos de escuchar en las lecturas
proclamadas que la nueva humanidad, que brotó del costado de Cristo
en su muerte, debe fundarse en cimientos de amor y de perdón,
responder al mal con el bien. Quien actúa así es imagen del Dios uno
y trino, discípulo de verdad y de altos quilates de quien dio su
vida por amor a favor de toda la humanidad y perdonó incluso a
quienes le condenaron a muerte y le crucificaron: Jesucristo.
Mucho supo de esto a lo largo de su vida San Juan Bautista de la
Concepción, a quien hemos invocado. Impresionan sus heroicas
virtudes y su seria personalidad. Respondió al mal con bien, amó a
todos y perdonó como Jesús.
En
atención a algunos fieles, voy a señalar brevemente algunos rasgos
de su vida, los más sobresalientes.
4.
Nació en el seno de una familia numerosa en la ciudad de Almodóvar
del Campo, Ciudad Real, el 10 de junio de 1561. Allí conoció, en
junio de 1576, a Santa Teresa de Jesús, advirtiéndose luego su
influencia en algunos de sus escritos. A los 19 años vistió, en
Toledo, el hábito de la Orden Trinitaria, y emitió su profesión
religiosa en la solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo,
29 de junio de 1581. Contaba veinte años.
Estudia en las Universidades de Baeza y Toledo y, ya profeso, en la
de Alcalá de Henares hasta el año 1585, para sus estudios
teológicos. Finalizados éstos, sus Superiores le encomiendan el
oficio de la predicación.
San
Juan Bautista fue madurando una idea muy unido al Señor en su
oración: la reforma de la Orden Trinitaria. ¡Cuántos desvelos,
dificultades, persecuciones y hasta dudas! Para Dios así lo quiso y
él fue su instrumento fiel. Por fin el Pontífice Clemente VIII, el
20 de agosto de 1599, erigió canónicamente la “Congregación de los
hermanos reformados y descalzos de la Orden de la Stma. Trinidad, de
Redención de Cautivos”. Se distinguiría por su fiel observancia de
la regla primitiva. Ese fue su propósito.
Su
fidelidad a Dios y a la Iglesia le acarreó críticas y vejaciones
numerosas. Sólo abrazado a la Cruz de Cristo continuó una abundante
sementera como instrumento dócil unido al Buen Pastor, Jesucristo,
como he dicho.
Murió en un 14 de febrero de 1613 en Córdoba, en un convento
fundado por él. Allí se veneran sus restos. Fue beatificado por Cío
VII el 26 de septiembre de 1819 y canonizado por Pablo VI el 25 de
mayo de 1975.
La
Regla definitiva de la Orden para los descalzos se aprobaba por el
Papa Urbano VIII el 25 de septiembre de 1631. Este mismo Pontífice
concede por un Breve, “Ex quo regimen”, cinco años más tarde,
la plena independencia de la orden para los descalzos, de la orden
de los Trinitarios calzados, con Superior General propio. Estos
últimos se extinguieron en 1894 y ha quedado la orden de los
descalzos, como únicos depositarios del carisma de San Juan de Mata,
procedentes de la reforma llevada a cabo por San Juan Bautista de la
Concepción.
5.
Hombre de carácter fuerte, pero a la vez comunicativo y dialogante,
escriben sus biógrafos, con un corazón de oro que vibraba ante los
problemas humanos, tenía como lema “servir a los demás aunque haya
que dejar el pellejo”. Había centrado su vida desde niño en Cristo y
en sus hermanos. Supo encontrar en el Evangelio los principios para
una renovación y adaptación de la vida cristiana y religiosa en la
Orden de los Trinitarios, en base a los siguientes supuestos para él
fundamentales: la configuración con Cristo crucificado; relación
profunda con el misterio de la Santísima Trinidad; en la vida de
oración, caridad fraterna y redentora, plasmada y dirigida a la
redención de cautivos y curación de los pobres.
Sus
abundantes y profundos escritos constituyen una simbiosis perfecta
del teólogo especulativo y del predicador popular, del reformador y
director de almas, del ascético y místico. Alcanzó los niveles más
altos de la intimidad con Dios, como alma contemplativa.
En
el elenco de Fundaciones realizadas por San Juan de la Concepción,
figura la de Baeza el año 1607.
Es
casi incomprensible que en siete años fuera capaz de fundar
diecisiete monasterios y otro de descalzas en Madrid. Su fortaleza
nacía de su profundo y pleno amor a Cristo y a los hombres. Su
ideal, escribe él mismo, no fue otro que “En la descalcez se dará
mucha gloria a Dios y se santificarán muchas almas. Esto me basta.
Todo lo demás, aunque sea dejar en ella girones de mi vida, no me
importa, lo considero como ganancia.” Y así fue, murió a los 52
años.
6.
Muy queridos hermanos sacerdotes y fieles:
Para los cristianos, Jesucristo y su Evangelio son el camino,
verdad y vida que conducen nuestras vidas. Nuestra vocación se
diferencia de los paganos en que, por encima de todo y a pesar de su
barro, con la ayuda del Señor podemos y debemos aspirar a vivir la
sabiduría del amor, ser buenos con todos como lo es nuestro Padre
del Cielo, ser santos como lo es nuestro Padre, pasar por la vida
haciendo el bien, como dijo Pedro de Jesús en su primer sermón, el
día de Pentecostés.
Nos
dice el Señor a cada uno en el Evangelio de San Lucas: “Lo que no
quieras para ti, no lo quieras para los otros” “tratad a los demás
como queréis que ellos os traten.” “A quien te pide, dale; al
que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.”
“Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad
sin esperar nada.”
“Así
tendréis un gran premio,
dice el Señor, y seréis hijos del
Altísimo.”
No se trata de un amor simétrico: si me amas, yo
amaré, sino totalmente asimétrico: amaré aunque no me amen. Es la
novedad del Evangelio de Jesús. “Sed
compasivos como vuestro Padre es compasivo.”
7.
Mucho sabe la Orden Trinitaria de caridad y redención de cautivos.
Muy claro lo tenía su Fundador, San Juan Bautista de la Concepción,
al regresar a la primitiva Regla de la Orden. Ustedes, que tienen la
caridad evangélica como carisma propio y distintivo, vayan por
delante animándonos y enseñándonos a los demás. Den a conocer, como
nadie, ese rostro vivo de Cristo reflejado en los hermanos más
necesitados. No cesen en su empeño. Su Fundador intercede y les
invita también en esta tarde a ello, desde este lugar que él pisó
algún día.
“En
esto conocerán que sois mis discípulos,
nos dice a todos Jesucristo como en la Última Cena, en que os
amáis los unos a los otros.” Somos unos mentirosos, nos diría
también el Apóstol Juan, si decimos que amamos al Dios que no vemos,
y no amamos al hermano necesitado que vemos.
8.
Jesucristo unió el lavatorio de los pies a sus discípulos con la
institución de la Eucaristía y su banquete sagrado en el primer
Jueves Santo. Amor de Dios al hombre y amor del hombre al hermano
desde Dios.
Es
nuestro compromiso, con ocasión de esta celebración histórica. Es
continuar el carisma y vida de cristiano ejemplar de S. Juan
Bautista de la Concepción. Que también la Virgen María, nuestra
Madre, de quien también él fue tan devoto, nos ayude y prepare para
el inicio de la Cuaresma, que llama a nuestra puerta.
Gracias. Que así sea.
Mons. D. Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén